El tablero político arde: Torreón entre blindajes y reciclajes

En Torreón, los cambios en el gabinete municipal ya no se cuentan con una mano, ni con seis dedos imaginarios: fueron siete los primeros movimientos que cimbran la administración de Román Cepeda. El alcalde insiste —con voz nerviosa y ceño apretado— que “no fueron errores”, pero la realidad es que el tablero político se está reacomodando a la velocidad de las cuotas y los pactos.

La Dirección de Tránsito y Vialidad pasa a manos de Marta Alicia Faz Dávila, funcionaria que aterriza desde Saltillo con la bendición de Manolo Jiménez. La describen como una mujer de carácter firme. En los hechos, Luis Morales se quedará en Movilidad porque Tránsito regresa a Seguridad Pública. Faz Dávila releva a Mario Alberto Campos, quien deja la dirección de Tránsito.

Marta llegó con un discurso de puertas abiertas, asegurando que ella “mandaría” en la dependencia, prometiendo acabar con las cuotas diarias a los agentes, aumentar las capacitaciones y no temblarle la mano ante los malos elementos. Toda una “directora de hierro”. Su tono encendió incomodidades y su repentino nombramiento huele más a blindaje que a premio.

El nuevo chef político será Guillermo “Memo” Martínez Ávila, empresario restaurantero propietario de El Pinabete, con negocios que se expanden a Parras y Matamoros, además de haber sido presidente de la CANIRAC. Con este movimiento, Natalia Hoyos queda fuera de la jugada, como adelantamos en El Bastón de Mando.

“Memo” completa la nómina familiar en el Ayuntamiento: sus hijas Yazmina (en Comunicación) y Valeria Martínez Servín (en Medio Ambiente) ya cobran en el municipio, una más que otra. De ellas se habla bien por su trabajo, no así de su yerno —esposo de Valeria— señalado de cobrar sin trabajar en el SIMAS. Memo, dicen, es amigo de todos. Por eso, entre bromas se comenta: ¿también le hará “descuento” al municipio en las ruedas de prensa en El Pinabete, como lo hace con los morenistas que encabeza Shamir Fernández?

En Desarrollo Económico también hubo cambio: llegará Marcelo Valdés Quintanilla —aún presidente de la Cámara Agrícola y Ganadera—, en sustitución de Toñito “el Judás” Hernández, que se va a Saltillo, quizá a terminar la carrera en Derecho en la Ibero. Ojalá que con su salida regrese el presupuesto a la dependencia, castigada tras el juego doble del exfuncionario.

Pero el golpe mayor es doble: regresa Eduardo Olmos Castro como secretario del Ayuntamiento y Javier Lechuga Jiménez aterriza en la Tesorería Municipal. Ambos requieren aval del Cabildo, aunque nadie duda que lo obtendrán. La verdadera pregunta es otra: ¿cuánto poder se está trasladando desde Saltillo hasta la presidencia municipal de Torreón?

Su confirmación sería este viernes, cuando Cepeda buscaría que todos los nombramientos salgan juntos en Cabildo, incluido el del contralor municipal, silla vacía tras la salida de Eduardo Terrazas. Todo indica que es mero trámite para colocar al ex tesorero Óscar Luján, quien sigue entre papeles triturados y despedidas inconclusas.

En política, cuando alguien repite tres veces “no me equivoqué”, suele ser porque ya empezó a dudarlo.

La oposición, aunque débil, huele sangre. El regidor morenista Gabriel Francisco lanzó en redes:
“Nos vamos a pronunciar de manera crítica y contundente: Torreón no merece reciclajes de políticos con antecedentes cuestionables. La ciudad necesita perfiles nuevos, preparados y honestos, no las mismas caras de siempre”.

El discurso suena firme, aunque vacío si no cuestiona a su propio maestro, Shamir Fernández, aferrado en volver a la presidencia municipal.

Y así, entre nervios, enojo y discursos reciclados, lo cierto es que esta es apenas la primera tanda de cambios…

En Torreón las sillas ya no son de poder: son sillas eléctricas, y este viernes más de uno puede terminar chamuscado.

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