
El retorno de los muertos azules
El Partido Acción Nacional anda en lo suyo: se relanza, promete independencia, pero cada semana pierde un pedazo de sí mismo.
Mientras el Comité Directivo de Coahuiila dpresume renovación y unidad, sus cuadros más viejos se desmoronan o regresan convertidos en fantasmas políticos.
El caso “Lumba”: el regreso del zombi azul
El caso más reciente es el de José Armando González Murillo, “Lumba”: exregidor de Torreón, exdirigente municipal y panista de vieja guardia.
Después de 20 años de militancia, aseguró haber renunciado en abril con un discurso que, aunque sonó a cliché, retrata el momento que vive Acción Nacional:
“El partido dejó de ser útil para el país; su andamiaje institucional está tambaleante.”
Pero este domingo, como buen personaje del folclor político lagunero, “Lumba” revivió cual zombi azul.
Volvió a escena como consejero estatal del PAN, promovido —ironías del destino— por el municipio de General Cepeda, que probablemente ni él mismo conoce.
Pocos entendieron el movimiento. Sin embargo, “Lumba” peleó su registro ante el Tribunal Electoral… y ganó.
Esa resolución le permitió conservar su lugar dentro del Consejo Estatal del PAN, el órgano más poderoso del blanquiazul a nivel local.
Ser consejero estatal no es un cargo decorativo:
es estar en el cerebro político del partido.
Ahí se decide quién será candidato a diputaciones, alcaldías o senadurías; qué alianzas se firmarán; qué campañas se impulsarán; y, sobre todo, quién se queda dentro… y quién queda fuera del juego.
En resumen: ser consejero es tener voto en el futuro del PAN.
Por eso la historia de “Lumba” duele tanto dentro del panismo:
renunció públicamente, llamó al partido obsoleto, pero hoy sigue teniendo voz y voto en la mesa donde se definirá la ruta electoral de 2026.
“Lumba” lo dice sin decirlo: se fue del PAN por culpa de Guillermo Anaya.
Quiso ser secretario general estatal, no le dieron espacio, y prefirió romper antes que seguir siendo parte del club de los leales sin premio.
La vieja guardia se siente relegada, y Anaya sigue siendo el eje de esa frustración: poderoso, sí, pero con cada vez menos soldados.
Una paradoja perfecta: los que ya se fueron siguen teniendo más poder que los que se quedaron.
🔹 El patriarca y su nostalgia de poder
El nombre de Guillermo Anaya Llamas volvió a resonar la semana pasada, tras lanzar un cerillo mediático:
dijo que le gustaría competir contra su excompañero de partido y vecino en Las Villas, Luis Fernando Salazar, hoy morenista, rumbo a la alcaldía de Torreón en 2027.
Anaya —el eterno patriarca del panismo coahuilense— fue el hombre fuerte durante la era Calderón: exsenador, exalcalde, excompadre presidencial y, durante años, el que decidía quién tenía futuro dentro del PAN.
Pero si realmente llegara a lanzarse como candidato, no sería por convicción ni por victoria posible, sino por estrategia:
para dividir el voto, restarle fuerza al PRI y, en el fondo, abrirle camino a Morena.
Una especie de venganza o acuerdo silencioso, disfrazado de nostalgia azul, que beneficiaría justo a quienes antes combatía.
Si realmente quiere revivir, primero tendrá que darle la vuelta al grupo Sergio Lara – Jorge Zermeño – Gerardo Aguado, operadores que también buscan oxígeno dentro de un partido cada vez más chico.
🔹 Del liderazgo al decorado político
En las elecciones de 2023, el PAN presumió “triunfo” dentro de la alianza PRI–PAN–PRD que llevó a Manolo Jiménez Salinas al poder.
Pero los datos del Instituto Electoral de Coahuila (IEC) muestran otra realidad:
la alianza totalizó 780 mil votos, de los cuales menos del 10% correspondieron al PAN como fuerza pura.
En 2017, cuando Anaya fue candidato a gobernador, el PAN obtuvo más de 450 mil votos por sí solo.
Seis años después, su presencia cayó a poco más de 60 mil sufragios propios: una caída libre del 85%.
Como premio de consolación, el PAN terminó reducido a la “chiquillada” del Congreso, con curules decorativas y una sola posición en el gabinete estatal: la Secretaría de Cultura, encabezada por Esther Quintana, una dependencia olvidada y sin presupuesto.
🔹 Entre la fe y el precipicio político
Aun así, el PAN nacional insiste en “competir solo” rumbo a la elección local de 2026.
Una jugada que suena valiente… pero que, en el terreno político estatal, equivale a saltar sin paracaídas.
Gerardo Aguado, actual diputado local y vocero institucional del PAN, afirma que el partido “se está adaptando a las circunstancias del México actual”.
Traducción: no quiere contradecir la nueva filosofía nacional mientras busca reelegirse y seguir viviendo del presupuesto.
Asegura que “simpatizan con las alianzas”, pero que todavía “evaluarán los tiempos”.
La verdad es otra: el PAN no sabe si puede sobrevivir sin el PRI, pero tampoco soporta seguir arrodillado ante él.
En Torreón, Saltillo y Monclova, las bases están divididas: unos exigen independencia, otros suplican coalición.
Mientras tanto, Morena y el PT ya arman sus acuerdos internos, y el PRI hace números: cuántos votos puede “prestarle” al PAN antes de que se le desangre por completo.





