
“Prohibido usar «coyotes»… excepto los de casa”

El comunicado del Ayuntamiento advierte sobre los “intermediarios”, es decir, los coyotes.
Pero aquí el humor negro se escribe solo:según testimonios de gestores y ciudadanos, los coyotes ya no esperan afuera —ahora cobran quincena y firman con sello oficial.
En los pasillos de Urbanismo se comenta que algunos funcionarios “hacen cansado” el trámite para que aflojen, y otros exigen la presencia física del solicitante, aunque el sistema ya lo marque como aprobado.
Y después de eso, claro, envían un oficio pidiendo “no usar intermediarios”.
La cueva del coyote está dentro del corral.
El boletín, tan apresurado que ni Google Maps lo entiende, afirma que los trámites se realizan “en el quinto piso de la Presidencia Municipal”. Pero en realidad, los procesos se hacen directamente en las oficinas de los funcionarios, tanto en la Presidencia como en el Antiguo Banco de México, donde opera la Dirección de Desarrollo Económico y Ordenamiento Territorial. Y si no dominan la geografía del municipio… imagine cómo andan con la cartografía urbana.
El boletín, sin querer, embarra al alcalde Román Alberto Cepeda González, quien supuestamente instruyó “facilitar los trámites”.
Lástima que la práctica diga lo contrario: procesos lentos, discrecionalidad y funcionarios que parecen más doctores patito que servidores públicos, curándose en salud antes de que los contagie la verdad.
Y es curioso: cada vez que el gobierno pronuncia la palabra “transparencia”, la ciudadanía termina viendo más humo que claridad.
Y eso que el jefe de Gabinete presume un municipio casi “100 % transparente”.
Quizá se refiera al aire… no a la gestión.
El juego de las sillas… sin música ni orden

Mientras el Municipio intenta ponerle cubrebocas a la crítica, el virus de la burocracia sigue propagándose.
Empresarios y constructores confiesan que temen realizar trámites, porque a cambio les piden moches, participaciones en proyectos o favores políticos.
Incluso se habla de “ventas” de calles y excedentes de banqueta, como si fueran propiedad privada.
Y lo peor: hasta dentro del gabinete hay quejas. Mismos compañeros acusan que Gustavo Muñoz ni apoya en trámites de familiares —y no precisamente por ética, sino por el poder que da repartir favores a conveniencia.
Si alguien necesitaba una metáfora visual del caos político en Torreón, bastaba con asomarse este viernes a la Plaza Mayor, durante el evento del alcalde junto al “vendedor de pinturas” Víctor Navarro —espérese a El Bastón del Mando del próximo lunes—.
Aquello parecía el juego de las sillas, pero sin música ni gracia: regidores de pie, asistentes amontonados y una logística digna de tianguis en liquidación. Todo bajo la batuta del área de Relaciones Públicas, que una vez más demostró que no ha aprendido a controlar ni a los invitados… ni al ego de sus propios funcionarios.
Cada quien se sienta donde quiere… o donde puede.
“Parece establo”, soltó alguien entre la multitud. Y no exageraba: ni sillas, ni orden, ni respeto.
Tal vez ahora les salga más caro rentarlas; podrían copiarlas del modelo de la Plaza de Armas, donde se alquilan a 30 pesos la hora… por si algún funcionario quiere garantizar su asiento.
