La Laguna con filtro: autoridad que sobrereacciona y prevención que se desvanece

La Laguna vuelve al mismo problema incómodo: estalla la violencia, alguien graba, se viraliza y, como por arte de magia, se olvida… hasta la próxima pelea. Este domingo, Torreón y Gómez Palacio fueron tendencia, pero no por buenas prácticas, sino por riñas que exhiben una cultura del exceso, una prevención débil y una autoridad caminando sobre la cuerda floja entre el orden y el abuso, polarizando a la ciudadanía y alimentando la desconfianza.

No es novedad. Durante el primer trienio del actual gobierno en Torreón se registró una constante de riñas en antros y bares: videos de golpes, peleas campales y, en algunos casos, exfuncionarios participando en plena bronca. La noche dejó de ser ocio para convertirse en ring. Hoy, el cóctel trae ingredientes más delicados: presencia de menores y operativos mal ejecutados.

El reciente cateo por peleas clandestinas de gallos en la colonia Luis Donaldo Colosio terminó con ocho detenidos, incluidos dos menores. Las imágenes mostraron a elementos femeninos respondiendo con la misma intensidad que las involucradas —también menores— y la polémica incendió las redes de inmediato. La postura oficial fue firme. El comisario y jefe policiaco ALFREDO FLORES tuvo que dejar su hora de “spa institucional” para salir a justificar la actuación de sus elementos, señalando que las detenciones eran necesarias y que el informe ya fue presentado.

Pero el mensaje no fue solo operativo: fue políticamente defensivo. Funcionó como blindaje ante la presión pública, trasladando la narrativa del posible exceso policial hacia la “culpa ciudadana” y normalizando el uso de la fuerza como principal vía de control. La estrategia fue clara: aquí no hay policías cuestionables, hay ciudadanos problemáticos. Sin embargo, también hay límites. Y cuando el discurso suena más a justificación que a transparencia, la credibilidad paga la factura.

Se intentó desplazar el foco: el protagonismo recae en las menores como agresoras y las policías como simples defensoras. Convertir un problema institucional en uno social. Recuperar control, sí; pero también legitimidad política. El riesgo es evidente: en tiempos de cámaras y redes, la versión oficial ya no impone… compite. Y cuando se niega el matiz, paradójicamente se aviva más la llama que el cerillo. Porque imponer orden es gobernar, pero escuchar también es liderazgo. Un cuerpo policial altamente capacitado no puede convertirse en amenaza.

El alcalde ROMÁN ALBERTO CEPEDA también cerró filas, respaldando el actuar de su corporación. El discurso apela a la legalidad, pero deja vacíos: se defiende la intervención, pero no se transparenta la contención. La forma también comunica… y aquí el mensaje llegó áspero, con jalones de cabello incluidos.

Sí, la ley respalda combatir lo clandestino. Pero cuando hay menores, el estándar se eleva: trato diferenciado, resguardo por PRONIF, proporcionalidad y respeto al interés superior de la niñez. La duda persiste: ¿contención o sobrerreacción? En seguridad pública no gana quien detiene más, sino quien controla mejor.

Del lado duranguense, la violencia también escaló. Un partido de fútbol en el ejido Noé terminó en batalla campal, con botellas volando, armas blancas y un vehículo intentando atropellar. Más tarde, en el barrio Trincheras, la festividad de Cristo Rey se convirtió en pedradas y pánico, con intervención tardía de la autoridad. Mismo patrón, distinto escenario: prevención ausente y alcohol desbordado. El jefe policial LUIS ALBERTO DUARTE VÁZQUEZ atribuyó el descontrol al consumo de bebidas y anunció seguimiento en la Vicefiscalía. Mensaje claro: sin corresponsabilidad social, no hay patrulla que alcance.

El ABC de la actuación policial no admite improvisaciones. Con menores, el listón sube aún más. La autoridad no está para coleccionar likes; está para construir confianza. Confundir firmeza con espectáculo es error de manual.

¿Y la prevención? Esa que debería funcionar… pero casi no se ve. La que no posa para la cámara porque su éxito se mide en silencio. Inspecciones reales, control de venta de alcohol, presencia disuasiva, trabajo comunitario, educación cívica y cultura de paz. Sin embargo, en Torreón la prevención parece huérfana.

Se comenta que podría ser el propio ALFREDO FLORES quien decida el perfil de la Dirección de Prevención Social, e incluso no sería extraño que el Ayuntamiento la incorpore a la DSPM, como se pretende hacer con Tránsito armado. Ojalá no termine siendo una cuota política quien encabece esta área, pues todo indica que podría recaer en una nutrióloga que ya posa en redes con figuras de mando, perfil más decorativo que técnico. Esa dirección no está para aprender: está para actuar. Porque cuando el encargo se convierte en premio, la calle paga.

Sí, habrá quien pida “mano dura”. De acuerdo. Pero que sea firme, justa y con protocolo. Porque la paz no se impone a empujones: se construye con reglas claras, derechos respetados y comunidad presente.

Y ojalá, esta vez, el único que pierda seguidores sea el caos… no la sensatez.

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