Por qué se va Alejandro Gertz Manero: las razones detrás de su salida de la FGR

Ciudad de México.- La renuncia de Alejandro Gertz Manero a la Fiscalía General de la República (FGR) detonó una discusión nacional sobre los verdaderos motivos detrás de su salida. Aunque el Gobierno Federal confirmó que el exfiscal será propuesto como embajador en un “país amigo”, el trasfondo del movimiento es más amplio. Su salida responde a factores políticos, institucionales y operativos acumulados durante meses.

Desde el arranque del nuevo gobierno, la presidenta Claudia Sheinbaum dejó claro que su administración reorientaría la estrategia de seguridad y justicia. Sobre la renuncia, la mandataria afirmó que “es tiempo de abrir una nueva etapa en la Fiscalía”, agradeció a Gertz por su labor y subrayó que el relevo permitirá “fortalecer la coordinación institucional y acelerar los resultados que el país demanda”. Con ese mensaje, dio luz verde a una transición calculada.

La permanencia de Gertz significaba arrastrar polémicas que la nueva administración no estaba dispuesta a cargar. Su gestión quedó marcada por el caso de su cuñada Alejandra Cuevas, filtraciones telefónicas y señalamientos de uso político de la institución. A esto se sumaron expedientes inconclusos como Ayotzinapa, Lozoya y Odebrecht. Este desgaste redujo su legitimidad frente a la ciudadanía, la academia y el propio Senado. Dentro de Morena se asumía, en privado, que era cada vez más difícil sostenerlo públicamente.

El movimiento también fue un acuerdo político. La salida no se interpreta como castigo, sino como una operación que evita rupturas: Gertz deja la Fiscalía sin conflicto legal, el Gobierno evita una confrontación institucional y él recibe un nombramiento diplomático que lo mantiene dentro del servicio público. Este tipo de reacomodos —conocidos como soft landing diplomático— se han aplicado históricamente para facilitar transiciones sin admitir desgaste político.

La necesidad urgente de renovar la FGR también pesó en la decisión. La institución arrastraba baja productividad, falta de resultados en investigaciones emblemáticas y tensiones con el Poder Judicial. Además, existían vacíos en la coordinación con áreas de seguridad del Gobierno Federal. Para el nuevo gabinete, era indispensable colocar un perfil funcional, menos desgastado y con mayor capacidad operativa para encabezar un nuevo ciclo institucional.

Desde el Senado también se enviaron señales claras. Líderes parlamentarios adelantaron que se revisarían perfiles en áreas estratégicas, incluida la Fiscalía. Ricardo Monreal y otros legisladores reconocieron públicamente el rezago de la FGR y la necesidad de realizar cambios profundos. Para analistas legislativos, la renuncia de Gertz era solo cuestión de tiempo.

Con la salida, comenzaron a sonar posibles perfiles para encabezar la FGR. El nombre con mayor fuerza es el de Ernestina Godoy, exfiscal de la Ciudad de México, cercana a Morena y con trayectoria en reformas judiciales. En segundo plano se mencionan perfiles técnicos como Harold Dutton, con experiencia legislativa y conocimiento del sistema penal. También se ha mencionado como “referente” a Bernardo Bátiz, aunque su edad complica una designación. Se evalúa además un perfil menos mediático y más técnico para enviar un mensaje de profesionalización y autonomía.

En resumen, la salida de Alejandro Gertz Manero combina desgaste político, necesidad institucional y un cálculo estratégico del Gobierno Federal. El exfiscal ya no era sostenible en el cargo, y la administración de Sheinbaum buscó ejecutar una transición sin escándalo. Su nuevo encargo diplomático confirma que no se trata de una expulsión, sino de un reacomodo en el tablero político nacional para abrir paso a una etapa distinta en la FGR.

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