
Autodestrucción en la 4T: caos en el arranque electoral en Coahuila

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La política en Coahuila tiene algo admirable: siempre encuentra nuevas maneras de tropezar con la misma piedra, darle un abrazo, pedirle perdón… y volver a tropezar. Y si hay una fuerza que perfeccionó ese arte, es la 4T. Mientras el IEC hablaba de equidad, fiscalización y orden —como si hablara de un país nórdico y no de Coahuila— Morena y el PT inauguraban la temporada con una pelea interna que ni el mejor consultor de imagen podría maquillar. A estas alturas, la autodestrucción ya no es un accidente: es su deporte extremo favorito.
Morena llegó al arranque con precandidatos disfrazados de “coordinadores”, designados desde el 22 de noviembre. Una maniobra quirúrgica que, en teoría, evitaría rupturas. En la práctica, abrió la herida: militantes de base comenzaron a reclamar que “no reconocemos a esos perfiles”, y el clima electoral se tensó desde el primer minuto.
En ese contexto, Ricardo “El Tigre Acapulqueño” Mejía Berdeja decidió encender la fogata. Declaró que la coalición Morena–PT sí irá en los 16 distritos y pidió “no descalificar el proyecto”, apuntando a quien fuera su aliado: Gerardo Calvillo. El efecto fue inmediato: Calvillo respondió con un video donde desmanteló cada afirmación y soltó la primera bomba: “Ricardo miente. No forma parte de ninguna comisión ejecutiva de las que presume”. Luego recordó lo que muchos en la 4T preferían olvidar: “Su candidatura nos llevó al barranco. Él rompió la coalición”. Una vez más, la 4T hizo lo que mejor hace: convertir una fractura interna en espectáculo de horario estelar.
Según Calvillo, Mejía impulsa como candidato a su “pupilo e interés”, el regidor Luis Ortiz, quien “no rebasó ni el 1%” en una encuesta interna. Nada de pleitos improvisados: era un expediente completo esperando turno. Entonces llegó la guerra de fotos. Mejía subió una imagen con Diego del Bosque, dirigente estatal de Morena, buscando proyectar “unidad”. En redes, la reacción fue más fría que institucional: “Es difícil confiar en quien negoció con PRI, PAN y Morena al mismo tiempo”.
Calvillo respondió con sus propias fotos, acompañado de figuras veletas: Cuco Sandoval del PVEM y Abundio Ramírez, especialista en causas convenientes. Su mensaje fue claro: “si de mostrar respaldos se trata, también sé jugar”.
El verdadero golpe vino este miércoles, cuando Calvillo anunció su renuncia pública al PT, partido al que dijo haber dedicado y vivido por cinco años. No se guardó nada: “El PT está secuestrado. Subastan los espacios al mejor postor” y el verdadero interés: “Un millón de pesos al mes en prerrogativas… gastado en lujos innecesarios”. Luego explicó los hilos internos: “En Torreón, Víctor Ortiz, suplente de Mejía y padre del regidor, maneja el dinero. En Saltillo, Israel Pita. No suena: es nepotismo”. También aseguró que la dirigencia nacional, encabezada por Alberto Anaya, fue avisada desde hace meses, pero prefirió ignorar todo. La ruptura, pues, no fue un arranque: fue una bomba armada con paciencia.
Calvillo no se va solo. Lo acompañan integrantes del Grupo Democrático de la Sección 35, entre ellos Juan Ramos y Blanca Olivia; operadores como Carlos Muñoz; la histórica militante “Tere”; y varios comités de base. “Esto no es una salida. Es un desgarro”, dijo, y anticipó que el PT perderá más de 5 mil votos. También lanzó un golpe directo a la credibilidad de Mejía: “Ricardo no vive en Coahuila. Viene dos veces al mes. Desde allá confronta y nosotros pagamos el costo”; es “coahuilense y lagunero por conveniencia”.
Mientras tanto, el silencio más elocuente fue el de Shamir Fernández, quien llegó a la 4T desde el PRI, apadrinado por Mejía. En vez de pronunciarse sobre la ruptura, publicó un video de tono electoral afirmando que le “robaron la elección” ante Román Cepeda. Al estilo Luis Fernando Salazar, que vive en gira permanente hablando del Ayuntamiento.
Ese silencio, de paso, abre otro frente: Shamir buscará nuevamente la alcaldía de Torreón —¿por el PT?— mientras Salazar prepara lo propio por Morena, que tampoco vive días de tranquilidad. La reelección automática de diputaciones, la llegada de perfiles ajenos como Delia Hernández (del PAN directo a un curul exprés) y la operación para imponer a Fernando Hernández en el Distrito 11 —aunque quedó en último lugar con 8%—.
Este Hernández, originario del centro del país y esposo de Cintia Cuevas, ahora es paseado por Torreón “para que la conozca”. Incluso —dicen— ya le dieron un mapa.
La salida de Calvillo no solo golpea al PT; abre un boquete en la 4T, que llega al proceso 2026 con fracturas, recelos y disputas internas que nadie puede esconder. Cada semana aparece nueva evidencia de que el enemigo real de la 4T en Coahuila no es el PRI ni el PAN, sino ellos mismos. Como dijo un operador federal: “El enemigo somos nosotros mismos”. No sorprende que Luisa María Alcalde y la misma presidenta Claudia Sheinbaum nunca vieran con buenos ojos esta alianza.
El PRI, por su parte, observa en silencio, entretenido, mientras define a sus candidatos. El PAN no sabe si lanzarse al vacío o esperar rescate. Morena intenta recomponer piezas. Y el PT trata de apagar un incendio que ellos mismos iniciaron.
Coahuila arrancó formalmente su proceso electoral. Lo que no arranca —y quién sabe si arranque— es la unidad entre quienes aseguran querer transformar el estado.
En esta elección no solo se disputan curules: se disputan egos, legitimidades y agravios viejos que nunca sanaron.
