
¿Y se marchó? Del neón al vacío: la retirada de la CATEM en Gómez Palacio

“Y se marchó… y a su barco le llamó libertad”. La canción de José Luis Perales habla de un velero que se aleja buscando nuevos horizontes, dejando atrás el ruido del puerto. Es una metáfora de escape, de huida elegante, de desaparición sin despedidas. En Gómez Palacio, la escena es parecida, pero menos poética. La CATEM no zarpó. Le bajaron la vela.
Hoy, quien camine por el centro de Gómez Palacio, sobre la calle 20 de Noviembre, notará un detalle que dice más que cualquier comunicado oficial: las oficinas ya no tienen el logo de la CATEM. Esa agrupación sindical que durante meses se promovió con un diseño llamativo, con luces tipo neón —que algunos comparaban más con antros o moteles de paso que con una central obrera— hoy simplemente desapareció de la fachada. No hay rótulos, no hay banderas, no hay siglas. Solo paredes desnudas… y las manchas donde alguna vez estuvo la identidad.
Este gesto, aparentemente estético, es político y estratégico. No es un rediseño corporativo ni un cambio de imagen. Es desmarque puro y duro. El símbolo se fue, pero el problema no. En la canción, el velero parte por decisión propia; aquí no. La salida ocurrió cuando la FGR colocó sellos federales y convirtió el inmueble en evidencia dentro de una carpeta de investigación. Desde entonces, la CATEM optó por desaparecer visualmente, como si quitar el nombre borrara el contexto.
No se trata de imagen, sino de contención de daños reputacionales en un escándalo que ya rebasó lo local y tocó fibras nacionales. Y mientras el logo se esfuma, su coordinador regional, Nassanael Armando Cobián Duarte, tampoco ha vuelto a aparecer públicamente desde aquella posada ostentosa que —irónicamente— terminó por acelerar la caída simbólica del sindicato, entre arrestos, señalamientos y debates incómodos, incluso dentro de la Cuarta Transformación.
En Coahuila, el gobernador Manolo Jiménez Salinas ha sido frontal: sostiene que Édgar “El Limones” utilizó a la CATEM como plataforma para extorsionar a empresarios y ganaderos de La Laguna. Para él, el problema no es solo penal, sino estructural, porque exhibe cómo una central obrera pudo ser usada como fachada para actividades ilegales. En Durango, el gobernador Esteban Villegas Villarreal elevó el tono al afirmar que “nadie puede decir que no era parte de la CATEM”, señalando la presencia pública del detenido con insignias del sindicato, e incluso relató una conversación directa con el dirigente nacional en la que fue claro: así, no podían entrar. Para los laguneros, las prioridades quedaron a la vista.
En Gómez Palacio era un secreto a voces que “El Limones” operaba con protección política local, sin importar colores. En los señalamientos que circulan —sin desmentidos contundentes— aparece el nombre de la alcaldesa Betzabé Martínez, hoy uno de los rostros más visibles de Morena en Durango. Fotografías mantienen el tema vivo, aunque nadie lo asuma oficialmente. En el plano federal, Omar García Harfuch ha sido preciso: hasta el momento no, la CATEM como organización no está formalmente bajo investigación; el proceso judicial se centra en personas específicas y delitos concretos. El dato es clave, pero políticamente insuficiente.
Porque no estar investigado no equivale a estar a salvo. El retiro del logo, el silencio de los operadores regionales y la urgencia del deslinde revelan a una organización que sabe que está bajo observación, aunque aún no figure como imputada. Por más que Pedro Haces, dirigente nacional de la CATEM, intente negar vínculos y presentarse como víctima de un caso aislado, los nombramientos, las fotografías, las posadas ostentosas, los regalos caros y la exposición pública pesan más que cualquier comunicado.
En política, como en el puerto de la canción, cuando alguien se va sin despedirse, no es libertad: es huida. La CATEM en Gómez Palacio no fue clausurada en papel. Las extorsiones a ganaderos de Durango persisten pese a la captura de “El Limones”, con cobros de hasta mil pesos por cabeza de ganado vendida. Pero en los hechos, ya se marchó. Aunque solo… del muro.
