
El modelo millonario de Servicios Públicos: Torreón repite la fórmula en 2026

Con el año ya en marcha y apenas recuperándonos de la resaca decembrina, los reflectores regresan a la aprobación de última hora del Presupuesto de Egresos 2026 por el Cabildo de Torreón, que confirma lo evidente: aquí no se vino a transformar la ciudad; se vino a mantenerla peinada para la foto mientras pasa el temporal político.
La prioridad vuelve a ser Servicios Públicos, la dependencia que desde hace cuatro años opera Fernando Villarreal y que domina el noble arte de la administración de la percepción: basura recogida, focos prendidos, pasto recortado y ciudadanos lo suficientemente tranquilos como para no hacer preguntas incómodas. No es planeación urbana; es gestión emocional colectiva. En año preelectoral, por el Ayuntamiento 2027, eso se paga caro… y se presume barato.
La decisión no es nueva ni mucho menos inocente. Arrastra un recuerdo incómodo del primer periodo de Román Alberto Cepeda González, cuando su administración destinó 5 millones de pesos a “basura”, “justificados” como bolsas de plástico —y ni siquiera biodegradables— pese a la Ley de Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente de Coahuila.
No hubo modernización ni infraestructura, ni tecnología. Hubo bolsas. Y muchas. Eso sí: tuvo contrato, monto y folio.
En marzo de 2024, el a través de la Dirección General de Servicios Administrativos —entonces encabezada por Víctor Navarro, hoy reciclado como “tapabaches”— lanzó la Licitación Pública Nacional LP/DSA/018/2024 para la “Adquisición de bolsa negra para basura”.
No fue un gasto menor ni improvisado: fue planeado, licitado y firmado. El episodio fue denunciado en su momento por el neomorenista Shamir Fernández,y dejó una lección que hoy reaparece intacta en el Presupuesto 2026: mucho dinero en lo que se ve, poquísima claridad en lo que no. La defensa del alcalde fue tan simple como funcional: “Torreón limpio”. No explica nada, pero sirve para cerrar conversaciones. Política de bolsa negra: se amarra, se saca… y se sigue caminando.
Desde el ángulo financiero, la apuesta por Servicios Públicos es la más cómoda del catálogo: gasto recurrente, contratos constantes, nómina amplia y riesgo técnico casi nulo. No hay obras complejas que se detengan, ni licitaciones grandes que prendan alertas, ni plazos largos que crucen administraciones. Es dinero que se gasta y se nota.
Y cuando el presupuesto se diseña para no fallar —no para trascender—, esta dependencia siempre termina ganando el premio a la prudencia… y al conformismo.
Pero el verdadero elefante no está en la basura, sino en el origen del dinero. Mientras el Ayuntamiento presume fortaleza presupuestal, desde el propio Cabildo alguien arruinó la ahora spi habló y con datos. El regidor Gabriel Francisco, discípulo de Shamir, puso los números sobre la mesa: en 2025, más del 56% de los recursos con los que operó Torreón provinieron del Gobierno Federal, no de la recaudación local. Los números no mienten, aunque incomoden: 1,872 millones de pesos de ingresos propios frente a 2,400 millones de pesos federales. Torreón gasta como ciudad poderosa, pero cobra como ciudad dependiente.
Aquí está la trampa narrativa. Se presume un presupuesto robusto, pero no se dice quién lo está pagando. Este dato explica todo el tono del Presupuesto 2026: gasto corriente alto, obra pública con freno de mano, seguridad en modo “que no explote” y un documento “flexible” que puede ajustarse conforme avance el año… o la presión.
Cuando más de la mitad de tus recursos dependen de la Federación, no te pones creativo: administras, corriges sobre la marcha y evitas errores visibles. El presupuesto no está escrito para innovar; está escrito para sobrevivir.
Así entra el municipio a 2026: con un presupuesto grande, una ambición chica y una prioridad clarísima. Que la ciudad se vea limpia, que la caja no truene y que nadie pregunte demasiado de dónde viene el dinero… y, sobre todo, ni a dónde va exactamente.
