Autos incendiados y jóvenes atropellados: la noche que dejó de ser riña en Torreón

Lo ocurrido la madrugada del 2 de enero en la colonia Braulio Fernández no fue una anécdota ni un “incidente aislado”. Fue una señal de alerta en mayúsculas para Torreón, una de esas advertencias que llegan cuando el margen de control empieza a encogerse y la costumbre de mirar hacia otro lado deja de ser opción.

La colonia Braulio Fernández no es un punto perdido en el mapa ni un rincón olvidado. Está ubicada al norponiente de la ciudad, colindante con sectores populares de alta densidad, vialidades de flujo constante y zonas donde la ausencia de espacios públicos activos pesa más que cualquier patrullaje esporádico. Es territorio urbano vivo, con dinámicas propias, con jóvenes, familias y tensiones acumuladas. Y hoy, claramente, es territorio en disputa.

Los hechos recientes —riñas multitudinarias, personas atropelladas y un vehículo incendiado— confirman que no se trató de una pelea aislada ni de un arranque momentáneo. Lo que se vio esa madrugada es violencia civil en incubación, protagonizada en su mayoría por jóvenes que crecieron después de los años más duros del narcotráfico, pero sin las barreras comunitarias que entonces se construyeron para evitar que el barrio se fracturara del todo. No heredaron el miedo de aquella época, pero tampoco heredaron los contenedores sociales que mantenían a raya el caos.

Poco después de las 2:50 de la mañana, una pelea entre al menos 20 jóvenes, presuntamente bajo los efectos del alcohol, estalló en plena vía pública. El desorden escaló rápido: un vehículo subió a la banqueta y atropelló a dos personas; un menor de 17 años perdió parte de su pie derecho. Minutos después, ese mismo automóvil fue incendiado por quienes participaban en el enfrentamiento. Sirenas, fuego, lesionados y miedo. No fue escena de película ni exageración de redes: fue barrio, fue calle, fue realidad.

Este episodio no nació de la nada. Confirmó lo que vecinos vienen advirtiendo desde hace meses: confrontaciones constantes entre grupos juveniles, uso de armas blancas, control informal de calles y una ausencia evidente de prevención real. La violencia que suele minimizarse como “pleito entre muchachos” cruzó una línea peligrosa. Cuando hay heridos graves y destrucción deliberada, el lenguaje cambia y la responsabilidad también.

Cuando una riña termina en atropellados y autos calcinados, ya no es riña. Es violencia urbana organizada de baja intensidad. Y esa categoría exige algo más que comunicados templados o recorridos reactivos. Exige estrategia, presencia permanente y trabajo previo, no sólo intervención cuando el incendio ya está declarado.

La lectura socio-política es directa y poco cómoda. La policía llegó después. Los protocolos se activaron cuando el fuego ya estaba encendido. Y las áreas de Prevención del Delito brillaron por su ausencia, como si su trabajo —otra vez— comenzara cuando hay funerales y no cuando hay señales claras de deterioro social. Llegar tarde no es mala suerte: es falla estructural.

Torreón ya vivió esta espiral en los años más duros del narcotráfico. Entonces se entendió que recuperar el tiempo era clave y se apostó por espacios comunitarios como Línea Verde y La Jabonera, no por romanticismo urbano, sino por una lógica básica: sacar a los jóvenes de la calle antes de que la calle los absorbiera. La prevención funcionó cuando se tomó en serio y se sostuvo.

Hoy, con el predial 2026 entrando a caja, la pregunta no es técnica ni electoral, es política y ética: ¿se va a invertir para prevenir o se va a gastar para reaccionar tarde? Porque lo ocurrido la madrugada del 2 de enero dejó algo claro: Braulio Fernández ya no está pidiendo discursos ni promesas recicladas. Está pidiendo intervención inmediata, presencia institucional real y decisiones que se sostengan más allá del siguiente boletín.

Cada noche sin atenderse, el costo social sube y el margen de control baja. Mientras algunos funcionarios siguen de vacaciones —físicas o mentales— la violencia no descansa. Y en seguridad, como en política, llegar tarde nunca es opción.

Sobre los hechos, Alfredo Flores Originales, titular de la Dirección de Seguridad Pública Municipal, confirmó que se trató de una riña que se salió de control, por lo que se dio aviso a la Fiscalíadel Estado para el seguimiento legal correspondiente. Detalló que, aunque no hay personas detenidas, ya están identificados los probables responsables y se trabaja para proceder conforme a derecho.. Desde el interior de la corporación munocipal no se puede distraer a mandos en tareas ajenas a la seguridad, y a Lumba, nuevo titular de Prevención del Delito tiene una obligación inmediata: mostrar credenciales, actuar y entregar resultados reales en una de las dependencias más sensibles del municipio. Porque cuando la calle se incendia, la improvisación ya no alcanza.

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