
Suplentes, poder y simulación: el Cabildo que no cambia en Torreón

En Torreón, el Cabildo no cambia… se recalibra. Las salidas no rompen, acomodan; y las entradas no sorprenden, confirman lo que ya estaba escrito desde la planilla. Unos se van a pedir el voto, otros llegan a cuidar la silla… Porque aquí el relevo no es transición, es continuidad disfrazada.
Y hay un detalle que casi nadie explica: si el suplente no entra, tampoco pasa nada… el sistema se ajusta. Se recurre al siguiente nombre o se reconfigura la representación sin hacer ruido. Es decir, las sillas nunca quedan vacías; solo cambian de dueño.
Por eso, lo verdaderamente interesante no es quién se va… sino quién ya estaba listo para entrar —y bajo qué acuerdos— desde antes de que alguien pidiera licencia.
Dentro del bloque mayoritario en la segunda temporada de Román Cepeda, los movimientos evidencian más de lo que resuelven. Seamos claros: ediles de baja exposición, con escasa participación real, más cercanos a la escenografía que a la toma de decisiones. Ejemplo de ello son las recientes salidas de perfiles señalados como “nepobabies”, que llegaron más por apellido que por trayectoria.
Del PRI, Ximena Villarreal Blake, regidora cuarta, pidió licencia para brincar al terreno electoral; su lugar debería ocuparlo Flor de María Cardona Ibarra, su suplente registrada. Lo mismo ocurre con Karla Liliana Centeno Félix, regidora octava, quien deja la silla y abre paso a Rosa María Díaz Venegas. Sin sorpresas: todo estaba previsto desde el registro.
Otro caso, pero desde la oposición, es el de Luis Alberto Ortiz Zorrilla. No pertenece al bloque mayoritario; llegó por representación proporcional del PT, impulsado por la estructura de Morena y el padrinazgo político de Ricardo Mejía Berdeja. Su salida activa un relevo distinto: Víctor Manuel Nájera López, quien asumiría la décimo tercera regiduría. Aquí no hay continuidad de grupo, sino ajustes de equilibrio. No es lo mismo sustituir dentro del poder… que entrar desde la periferia.
Y aquí entra el punto fino ¿Qué pasa si el suplente no asume? La regla es clara: si no puede, no quiere o está impedido, se recurre al siguiente en la lista de la misma planilla o partido. Si no hay quien asuma, el Cabildo puede declarar la vacante y dar vista al Congreso del Estado para designar sustituto. La silla no queda vacía… pero tampoco necesariamente la ocupa quien la ciudadanía tenía en mente. La representación se ajusta. Y ahí, sin reflectores, opera la política real.
Y ahí está el fondo: tres movimientos, tres suplencias… pero no el mismo peso. Mientras unos salen a buscar votos, otros entran —o deberían entrar— a sostener la operación. El Cabildo sigue funcionando, sí… pero no necesariamente representando lo que la ciudadanía votó.
Las suplencias no son un tema menor. Ya se vio desde el arranque de este segundo episodio cepedista. En enero de 2025, Raúl Garza, el “comodín” del alcsalde dejó la Dirección de Atención Ciudadana para colocarse como regidor suplente tras la caída política del profe Mario Cepeda, vinculado a proceso. El mensaje fue claro: los suplentes no casi siempre son relleno… son reserva estratégica.
En la lista priista aparecen otros nombres con peso. Pepé Ganem, exsecretario del Ayuntamiento, como fórmula del primer regidor Luis Cuerda, listo para cualquier eventualidad. Y también Angelina García, la “todopoderosa”, sobrina del alcalde y jefa de despacho, registrada como suplente de la síndica Natalia Fernández. Porque en política, los relevos no se improvisan… se diseñan.
Y los relevos no llegan solos: llegan con estructura. Flor de María Cardona Ibarra está vinculada a la operación territorial de Lety Castaños; mientras que Rosa María Díaz Venegas tiene presencia en Nueva Laguna Norte. No son espacios vacíos… son posiciones con músculo político. Esto ya no es relevo administrativo: es reacomodo de fuerza. Y sí, la pregunta flota: ¿todos sabían que eran suplentes… o apenas se están enterando?
Del otro lado, la oposición existe… pero fragmentada. Morena, con Gabriel Francisco , Zazil Pacheco , Ariana Cervantes y María Fernanda González , puede incomodar y marcar agenda, aunque no siempre actúa en bloque. En medio, Luis Ortiz operaba como bisagra. Y desde el PAN, Sergio Lara Galván representa una oposición técnica: conoce el aparato, pero no rompe la inercia.
En números, el escenario es claro: 6 regidores de oposición frente a 8 del PRI. El PRI mantiene la mayoría… pero ya no el margen cómodo. Y en política, perder margen es empezar a negociar lo que antes se imponía.
Ahora, el dato atrsctivo : un regidor en Torreón percibe alrededor de 64,281 pesos mensuales. No es menor para un cargo que, en varios casos, pasa más desapercibido que activo. Porque el problema no es cuánto ganan… sino qué tanto pesan.
La oposición no puede frenar decisiones por sí sola… pero sí puede incidir. Puede exhibir, presionar y capitalizar errores. Puede marcar el clima político. Y ahí está el verdadero riesgo: no perder votaciones… sino perder la narrativa.
Porque en Torreón, el poder no siempre cambia de manos… pero sí puede empezar a moverse de lugar.
Y mientras tanto, la duda queda:
¿cuándo se ocuparán formalmente esas regidurías… y si realmente hacen falta tantas sillas para simplemente levantar la mano?
