
La Ola Naranja: 550 en nómina… ¿y la basura sigue en Torreón?

En política, hay frases que no envejecen… solo cambian de personajes. “¿Qué hora es? La que usted diga, señor presidente” sigue vigente, pero ahora tiene versión remasterizada en Torreón. Mientras el alcalde Román Alberto Cepeda, junto con su cercano colaborador y director de Servicios Públicos, Fernando Villarreal, replican esa lógica, esta ya no es metáfora… es anécdota. Como la de este lunes, cuando ante una pregunta del alcalde sobre el tiempo para tener listas las cien plazas, la respuesta fue difusa en fondo. Basta escuchar cómo se manejan los tiempos: en tono nervioso y servil se responde: “en un mes… o en veinte días… no me acuerdo bien”, pero con la instrucción firme de que deben quedar terminadas. Al ciudadano no le importa si son veinte o treinta días; lo relevante es que se cumpla lo que se dijo desde arriba. Así, la planeación queda en segundo plano frente a la orden, y alrededor no hay cuestionamientos… solo risas. Porque en ese esquema, lo importante no es si es viable, sino si suena bien. Y si además se aplaude, mejor.
El caso del programa “Otras 100 plazas al 100”, prometido en tiempo récord y con una inversión cercana a 500 millones de pesos, no es un hecho aislado: es síntoma. En papel suena ambicioso, pero en territorio la percepción es otra. Vecinos lo dicen sin rodeos: “¿Quinientos millones para eso? Para solo cuatro bancas, dos aparatos para hacer ejercicio y una pintura chiclosa.” La frase sintetiza lo que muchos observan: la inversión no se refleja en proporción a lo anunciado. Cuando los números crecen más rápido que la obra visible, la duda deja de ser política… y se vuelve sentido común.
Y aquí surgen las denuncias ciudadanas. El reporte no vino de lejos: se ubica sobre la avenida Matamoros con Valdez Carrillo, a unas cuadras de la Presidencia Municipal. Bolsas acumuladas, rutas que no pasan, animales muertos y puntos donde la basura permanece como si no hubiera responsable. No es percepción, es evidencia. Y cuando el problema aparece en el primer cuadro de la ciudad, la explicación ya no puede ser la lluvia… es la administración.
Pero este escenario deja ver más datos. El propio Fernando Villarreal confirmó que durante el Viacrucis el operativo de limpieza se realizó con alrededor de 50 trabajadores de “La Ola Naranja”. Tras la tromba del sábado, el despliegue aumentó y requirió la intervención de Protección Civil, Policía Municipal y Tránsito, logrando retirar más de 65 toneladas de escombro. Es decir, el sistema funcionó… pero con apoyo externo. Además, se reconoció que siguen en uso al menos 15 camiones recolectores antiguos, debido a que las nuevas unidades aún no operan al 100 por ciento.
Y aquí es donde la narrativa empieza a romperse. Porque la misma administración ha sostenido que “La Ola” cuenta con más de 550 trabajadores activos. Entonces la pregunta es directa: ¿dónde estaban los otros 500 cuando la ciudad los necesitaba? En los eventos visibles, la proporción no coincide. No hay padrón público claro ni nómina desglosada accesible que permita conocer con precisión quién integra realmente esa estructura. Existe en el discurso… pero no se refleja en las calles.
En esa estructura aparece el llamado “nepobaby” de Demetrio Zúñiga Sordo, identificado en nómina municipal como mando operativo en limpieza. Su registro confirma que la estructura existe en papel, pero también exhibe el problema: los cargos clave no están claramente definidos ni visibles para el ciudadano. Se conoce quién coordina en campo, pero no cómo está conformado el aparato completo.
Y luego viene el dato que pesa. Mantener una plantilla superior a 550 trabajadores implica un costo estimado de entre 9.9 y 11.5 millones de pesos mensuales, es decir, más de 100 millones de pesos al año, sin contar estructura administrativa ni operación indirecta. A esto se suma la concesión de limpieza vigente. Es decir, Torreón paga por más de un sistema… pero no logra un resultado uniforme.
Entonces la escena es difícil de justificar: brigada numerosa, dirección operativa, mando identificado, apoyo institucional y, aun así, basura a unas cuadras de la Presidencia. Incluso con la llegada del nuevo servicio, el propio municipio reconoce que seguirá utilizando camiones antiguos mientras se completa la flotilla. Cuando la crisis llega, el sistema depende de refuerzos externos para cumplir su función básica.
Hoy Torreón no solo enfrenta basura en sus calles. Enfrenta una pregunta que no se barre fácil: ¿cuántos trabajadores existen realmente… y cuántos solo existen en papel? Porque cuando la lluvia exhibe lo que el discurso oculta, el problema deja de ser operativo… y se convierte en algo más profundo, estructural y político.
Si el municipio operara con una cuadrilla de 50 trabajadores, el costo bajaría a poco más de 1 millón mensual. La diferencia supera los 100 millones de pesos anuales. A eso se suma la nueva concesión: doble sistema, doble costo… resultados irregulares.
