Reel del fiscal y Alfredo Flores provoca albures y polémica en redes

El problema nunca fue el lonche. Tampoco que el fiscal de Coahuila, Federico Fernández Montañez, y el jefe policiaco Alfredo Flores aparecieran comiendo en un negocio popular. El verdadero problema fue creer que un reel improvisado no iba a terminar convertido en festival nacional del albur lagunero.

Porque internet podrá perdonar errores políticos… pero jamás una toma en primer plano abriendo demasiado la boca frente a una torta gigante.

Y eso fue exactamente lo que ocurrió.

Lo que pretendía vender cercanía terminó desatando comentarios entre lo político, lo burlón y lo peligrosamente creativo:
“Qué rico se la come, comisario”.
“¿Sí pagaron o fue de gorra?”
“Tan guapo el comisario”.
“Ya se llenaron de influencers las dependencias”.

La caja de comentarios acabó pareciendo más mesa de cantina que publicación institucional.

Y ahí está la lección moderna para cualquier autoridad: cuando mezclas política con lenguaje de redes sociales, el algoritmo no distingue entre propaganda, comedia o doble sentido. Todo termina en el mismo molino digital… y ahí la raza no perdona.

Porque en La Laguna el humor popular tiene doctorado en albures finos. Basta una mordida mal grabada para que el ciudadano convierta un lonche en “pieza de análisis táctico”. Que si “se la comió con ganas”, que si “qué bien agarró el lonche”, que si “el de adobada entra mejor”. Humor de banqueta, sí… pero también síntoma de algo más profundo: la pérdida del control narrativo.

Antes los gobiernos cuidaban ruedas de prensa. Hoy deberían cuidar reels verticales.

Y mientras algunos estrategas de comunicación creen que humanizar al funcionario es subirlo a TikTok tragando lonches, la ciudadanía sigue esperando algo más complejo: resultados. Porque el ciudadano podrá reírse del video… pero también recuerda el agua que no llega, los baches que siguen ahí y la inseguridad que no se arregla con salsa verde.

Lo irónico es que el video sí logró algo: acercar a las autoridades a la gente. El problema es que fue vía memes, albures y comentarios de Facebook dignos de patrimonio cultural del norte.

Porque en política hay algo más peligroso que la oposición: un celular con cámara frontal y un community manager demasiado emocionado.

Y en Coahuila quedó demostrado que un simple lonche puede terminar más manoseado en redes… que cualquier debate legislativo.

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