
Saltillo decidirá: La silla vacía y los acelerados

La columna de ayer, «Sucesión en Torreón: Hugo Dávila ¿continuidad o nuevo liderazgo?», movió el avispero político tanto en Torreón como en Saltillo. Bastó mencionar la posibilidad de que Hugo Dávila pudiera convertirse en alcalde sustituto para que comenzaran las llamadas, los mensajes y las operaciones discretas. Lo interesante no fue quién reaccionó públicamente. Lo verdaderamente revelador fue quién reaccionó en privado.
Y antes de continuar, vale la pena hacer una precisión. En Al Café Político escuchamos a todas las fuentes, pero no publicamos lo que las fuentes quieren que publiquemos. Quienes participan en la vida pública naturalmente intentan influir, posicionar nombres o descartar adversarios. Es parte de la política. Nuestro trabajo consiste en escuchar, contrastar, verificar y analizar. Porque una fuente informa. Pero también opina, apuesta y muchas veces intenta decidir. Por eso conviene tomar con cautela cualquier versión que hoy pretenda presentar a un ganador anticipado.
Porque apenas comenzó a hablarse de la sucesión municipal aparecieron los acelerados. Los que ya se sienten alcaldes, los que ya se sienten secretarios del Ayuntamiento, los que ya reparten direcciones y coordinaciones, los que mandan señales a la iniciativa privada, los que buscan respaldo en Saltillo y los que creen que una entrevista, una comida o una columna bastan para cambiar una decisión que, en realidad, se tomará lejos de Torreón.
Pero también conviene recordar algo que a veces se pierde entre la especulación política. Torreón no está discutiendo una vacante cualquiera. Está procesando la ausencia de Román Alberto Cepeda González, un alcalde que dedicó tres décadas a construir una carrera política que tuvo como objetivo llegar precisamente a la Presidencia Municipal. Hace apenas unos días, personas cercanas a Román compartían una frase que resume buena parte de su historia política: «Nunca se rajó». Más allá de simpatías o diferencias ,. Román pasó años recorriendo dependencias, campañas, responsabilidades administrativas y cargos públicos antes de alcanzar la alcaldía. Llegó después de insistir durante años. Llegó después de perder y volver a intentarlo. Llegó después de demostrar paciencia en un oficio donde muchos se desesperan demasiado pronto.
Por eso la discusión sucesoria tiene una carga distinta. No se trata únicamente de quién ocupará una oficina. Se trata de quién administrará una etapa que quedó inconclusa y de qué manera se preservará la estabilidad institucional y política que dejó construida.
Durante los primeros días los nombres más mencionados fueron los de Miguel Ángel Riquelme, Miguel Felipe Mery y Eduardo Olmos. No era casualidad. Son perfiles con experiencia, estructura política y conocimiento del funcionamiento del poder estatal. Después comenzó a aparecer otro nombre que poco a poco fue ganando espacio en las conversaciones: Luis Jorge Cuerda. Su posición actual le da ventajas evidentes. Como primer regidor ocupa provisionalmente el despacho y mantiene una buena relación con sectores empresariales que ven con simpatía un perfil administrativo y conciliador. Además, existen voces dentro de la iniciativa privada que han comenzado a hacer llamadas en su favor y a presentar su nombre como una opción viable para encabezar la transición.
Pero una cosa es tener apoyos y otra muy distinta es tener los votos políticos necesarios para convertirse en la opción elegida. Además, su suplencia en Cabildo no es bien vista por Saltillo. Porque el problema para varios de los aspirantes es que siguen pensando como si la decisión fuera a tomarse en Torreón. Y no. La decisión se tomará en Saltillo.
¿La razón? Es sencilla. Jurídicamente, el Código Municipal establece que, ante la falta absoluta del alcalde, corresponde al Congreso del Estado designar al sustituto que concluirá el periodo constitucional. Mientras eso ocurre, el Ayuntamiento mantiene un encargado provisional del despacho para garantizar la continuidad administrativa. Por ello, aunque la discusión política se desarrolla en Torreón, la definición institucional se encuentra en manos del Congreso y de los acuerdos políticos que lo acompañan.
Eso significa que todavía existen tiempos legales por agotarse. Deben formalizarse los procedimientos correspondientes, analizarse los perfiles y construirse los consensos necesarios antes de que el Congreso tome una determinación definitiva. Todo indica que la definición podría darse durante los próximos días, pero hasta entonces cualquier escenario sigue siendo exactamente eso: un escenario.
De hecho, algunas voces dentro del propio priismo consideran que parte de la operación que se observa alrededor de ciertos perfiles responde más a campañas de posicionamiento que a realidades políticas consolidadas. En términos prácticos, lo que está en juego es una sustitución institucional para concluir el periodo municipal, no una candidatura para 2027. Y ahí aparece un factor que pocos mencionan públicamente. Algunos operadores consideran que determinados movimientos podrían provocar reacomodos internos que desde Saltillo no necesariamente verían con buenos ojos. Porque en política nunca se analiza únicamente quién llega. También se analiza quién gana espacios, quién recupera influencia y quién podría regresar al tablero.
Por eso hay quienes sostienen que la discusión no gira alrededor de quién tiene más simpatías o quién aparece más en las conversaciones. La pregunta es otra: ¿qué efectos políticos generaría cada decisión dentro del equilibrio construido entre Torreón y Saltillo?
Mientras tanto, Hugo Dávila sigue apareciendo en las conversaciones. Su triunfo reciente, la estructura territorial construida durante la campaña y el respaldo político que logró reunir lo mantienen dentro de la discusión. Lo mismo ocurre con perfiles como Felipe González, quien después de la elección ha mantenido un perfil ausente, y Verónica Martínez, que también puede presumir resultados electorales importantes y una estructura política consolidada.
Sin embargo, quienes conocen la lógica con la que normalmente opera el sistema político coahuilense coinciden en algo: el próximo alcalde deberá ser alguien capaz de garantizar estabilidad, coordinación institucional y ausencia de conflictos rumbo a 2027. No se busca un candidato. No se busca un heredero político. No se busca un proyecto personal. Se busca gobernabilidad.
Por eso algunos nombres crecen y otros se desinflan. Por eso algunos hacen campaña y otros esperan. Y por eso, mientras en Torreón varios levantan la mano, reparten posiciones imaginarias y comienzan a construir gobiernos que todavía no existen, en Saltillo siguen observando quién suma, quién divide y quién puede convertirse en un problema.

PREGUNTAS OFICIOSAS
¿Reuniones discretas, reapariciones públicas y mensajes para el futuro?
Este miércoles, una reunión realizada en el segundo piso de un conocido restaurante de espadas argentinas en Galerías Laguna llamó la atención de varios observadores. Oficialmente, se trató de un encuentro para agradecer apoyos y cerrar actividades de campaña por parte de Karla Centeno, suplente de Hugo Dávila en el Distrito 11. Lo llamativo es que, según versiones de asistentes, el propio Hugo Dávila no figuraba entre los invitados. En cambio, estuvieron presentes Carlos Centeno, padre de la organizadora y anfitrión del restaurante; así como el rector de la UTT; y Jorge Omar Rojas Zapata, exdirector de la Facultad de Derecho, excolaborador cercano de la familia Centeno y hoy coordinador de la UAdeC Unidad Torreón. La reunión pudo haber pasado desapercibida de no ser porque la convocatoria circuló previamente en el grupo oficial del PRI en Torreón y posteriormente fue eliminada cuando varios invitados ya habían confirmado su asistencia.
Horas más tarde, la narrativa pareció recomponerse cuando Hugo Dávila y Karla Centeno aparecieron nuevamente juntos durante la entrega de la constancia de mayoría del Distrito 11. Ahí reiteró que continuará trabajando en equipo con el gobernador Manolo Jiménez. Pero no fue el único que reapareció. Quien también volvió a dejarse ver fue el diputado electo Felipe González, acompañado de funcionarios municipales, entre ellos Víctor Navarro, quien incluso bromeó con que ahora sí lo tomaran en cuenta para las fotografías de redes sociales, pues —según dijo— rara vez aparece en ellas. La anécdota provocó sonrisas, aunque algunos recuerdan que tampoco suele protestar cuando sus pinturas son tomadas en cuenta para remozar infraestructura vial. Entre reuniones discretas, fotografías públicas y mensajes entre líneas, la política lagunera sigue enviando señales que vale la pena observar.
¿Cambio de dirigencia… o pase de factura en Morena?
La derrota de Morena en Coahuila ya comenzó a cobrar facturas internas. Mientras el exdirigente Eleazar Villarreal cuestionó duramente a Diego del Bosque por hablar de democracia cuando, según afirma, su propia diputación plurinominal es resultado de la falta de democracia interna, ahora el diputado federal Francisco Javier Borrego Adame levantó la mano para dirigir al partido en el estado. El movimiento ocurre apenas días después de una elección en la que Morena perdió los 16 distritos locales y en medio de los reclamos por la integración de las listas plurinominales y las decisiones tomadas por la actual dirigencia.
La coincidencia política resulta difícil de ignorar. Tras semanas de tensiones por las candidaturas y versiones sobre inconformidades internas, Borrego plantea una dirigencia que sume grupos y reconstruya al partido rumbo a 2027. La pregunta es si Morena está frente a una auténtica renovación o simplemente ante el inicio de una disputa por el control del partido. Porque cuando se pierde todo en las urnas, los liderazgos dejan de discutirse en privado y comienzan a disputarse en público.
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