La visita de Manolo Jiménez a Torreón y las señales de la transición municipal

En política, hay fotografías que valen más que un discurso y presencias que dicen más que un comunicado. La visita de Manolo Jiménez Salinas este lunes a las instalaciones de la Dirección de Seguridad Pública Municipal de Torreón fue precisamente una de esas imágenes. Un mensaje personal para algunos y un mensaje político para muchos más.

Las reuniones semanales de seguridad en Torreón no nacieron en el escritorio de un gobernador. Quienes conocen la historia reciente de La Laguna recuerdan que fue Miguel Ángel Riquelme Solís, siendo alcalde de Torreón, quien dio forma al modelo de reuniones semanales de indicadores de seguridad en las instalaciones de la Policía Municipal, donde cada domingo, a las siete de la mañana, se revisaban cifras, incidencias y estrategias junto con mandos de los tres órdenes de gobierno.

Quien entendió rápidamente el valor político e institucional de estas mesas fue el entonces gobernador Rubén Moreira Valdez, quien las convirtió en una prioridad de Estado y comenzó a acudir con frecuencia a Torreón para encabezarlas. La imagen del gobernador sentado en la mesa de seguridad se volvió habitual y terminó convirtiendo esas reuniones en uno de los símbolos de la coordinación en materia de seguridad.

Con el paso de los años, el esquema sobrevivió a los cambios políticos. Ya como gobernador, Miguel Ángel Riquelme no acudió a las reuniones semanales de seguridad durante las administraciones de Jorge Zermeño Infante y de Román Alberto Cepeda González.

Por eso, la presencia de Manolo Jiménez este lunes en la reunión de seguridad de la Policía de Torreón llamó la atención de los oficiosos. Más allá de la agenda institucional, la imagen evocó una tradición de gobierno que en Coahuila ha tenido un denominador común: la seguridad como prioridad y la presencia directa del gobernador en la mesa de decisiones.

Ahí estuvieron algunos de los principales actores de la transición municipal. Entre ellos, Luis Jorge Cuerda Serna, en su carácter de encargado del despacho ante la ausencia definitiva del alcalde. Dicen que Manolo prácticamente le transmitió un mensaje de continuidad: «Síguele; hacia finales de mes veremos». Eso, en los hechos, le da alrededor de 15 días más a quien hasta hace poco era el primer regidor y hoy debe demostrar si quiere ser alcalde interino.

Otro de los convocados fue Eduardo Olmos Castro, secretario del Ayuntamiento, a quien algunos también mencionan como perfil para el interinato o, en su caso, como una de las principales piezas de apoyo institucional para Cuerda. De hecho, previo a la reunión de seguridad, Manolo dio un mensaje de certidumbre, pese a que hubo pocos actores municipales convocados, lo que despertó toda clase de especulaciones.

Posteriormente, y ante las condiciones del clima, el Centro de Convenciones sirvió de escenario para un encuentro empresarial. Ahí el joven gobernador parecía un papa rodeado de sus obispos. Los cuatro diputados electos de Torreón permanecieron un buen rato conversando con él, atentos a sus comentarios, en un ambiente relajado, propio de quienes celebran una victoria política, pero que también entienden que, después de las elecciones, llega la etapa de las definiciones y las responsabilidades.

Llamó particularmente la atención la ubicación de Hugo Dávila. Fue sentado en las sillas centrales, frente a la vista del gobernador y al lado de los diputados federales Guillermo Anaya Llamas y Marcelo Torres Cofiño, dos huérfanos del panismo lagunero. Del otro lado se encontraban Verónica Martínez, Felipe González y Ximena Villarreal. Incluso, trascendió que Verónica intentó conseguir un mejor lugar y se lo pidió a Silvia Garza, pero no pudo hacer nada. Los lugares, dicen quienes estuvieron presentes, fueron definidos desde Palacio Rosa.

También se observó la presencia de Xavier Herrera, quien tuvo espacio para intercambiar opiniones con el gobernador sobre el proceso electoral y el escenario político que viene para Torreón.

Las palabras del mandatario también parecieron cuidadosamente elegidas. Habló de respeto, evitó cerrar la puerta a cualquier aspiración política y dejó en claro cuáles son las prioridades de Torreón: seguridad, agua y transporte. Pero fue enfático en un punto: «Que no se suelte el tema de seguridad».

En política, las formas importan. Los lugares importan. Y los momentos también. Acudir personalmente a la Policía de Torreón, en medio de una transición inédita y con la ausencia de algunos personajes que formaban parte del anterior círculo de poder municipal, inevitablemente alimentó interpretaciones.

A ello se sumó otro mensaje, esta vez personal y público. El pasado viernes, en su cumpleaños número 42, el joven gobernador recibió muchas felicitaciones de los laguneros, pero decidió pasar este lunes en Torreón. No hubo pastel, ni velas, ni celebración pública. Dicen que si hubiera soplado las velas de un pastel en la ciudad, quizá habría pedido como deseo un buen alcalde interino.

Y precisamente sobre ello dejó otra definición que difícilmente pasó desapercibida: el futuro alcalde interino, dijo, debe ser un servidor público comprometido, que conozca bien el municipio y que tenga conocimientos en materia de seguridad pública.

También llamó a la calma a quienes creen tener posibilidades de ser considerados para el cargo. En otras palabras: nadie se adelante, porque la decisión todavía no está tomada.

Porque las reuniones de seguridad en Torreón nunca han sido solo reuniones de seguridad. También han sido escenarios desde donde se envían señales de coordinación, respaldo institucional y, en ocasiones, mensajes de poder. La presencia de un gobernador en una reunión de seguridad de Torreón ha significado algo más que un acto protocolario.

Y quizá ahí esté el verdadero mensaje: los discursos se escuchan, pero las señales se observan. Y cuando un gobernador, apenas unos días después de su cumpleaños, decide hacer agenda en Torreón, se sienta personalmente en la mesa de seguridad, conversa con los actores políticos de la región y después habla de experiencia, compromiso y seguridad como requisitos para el próximo alcalde interino, la fotografía deja de ser una simple imagen y se convierte en un mensaje.

Un mensaje personal para algunos. Y un mensaje político para todos. Porque, al final, en política las palabras orientan, pero las fotografías terminan revelando quién está en la conversación… y quién podría estar en la decisión, mientras dejan a muchos otros en el terreno de las especulaciones.


PREGUNTAS OFICIOSAS

¿Primero las fotos que la graduación?

Más de mil personas, entre estudiantes, docentes y familias, esperaron cerca de treinta minutos el inicio de la graduación del Colegio de Bachilleres debido a la ausencia de la representante del gobernador en el evento. Finalmente, el director estatal del COBAC decidió comenzar la ceremonia por respeto a los militares presentes y, sobre todo, por consideración a las familias que aguardaban uno de los momentos más importantes en la vida de sus hijos.

Lo que más llamó la atención fue que, de acuerdo con asistentes, la funcionaria Flor Rentería se encontraba en el Centro de Convenciones participando en otro evento relacionado con la visita del gobernador y tomándose fotografías con los presentes. En política, las ausencias también envían mensajes, y la percepción que quedó entre muchos fue tan simple como contundente: se prefirió estar en la foto antes que en la graduación.

¿Prudencia política o boicot?

En medio del luto por la muerte del alcalde Román Cepeda y apenas unos días después de la elección, el Ayuntamiento de Torreón estuvo a punto de abrir un nuevo frente de confrontación con la ciudadanía mediante la aplicación de las llamadas «arañas» para inmovilizar vehículos con placas ocultas. La medida ya estaba anunciada y lista para entrar en vigor, pero alguien decidió poner el freno. El tesorero Javier Lechuga sostuvo que la medida se había «socializado», aunque era evidente que no había generado resultados positivos. Sin embargo, en los pasillos de la Presidencia Municipal comenzó a tomar fuerza otra interpretación: que alguien buscaba que el encargado del despacho, Luis Jorge Cuerda Serna, se estrenara con un conflicto ciudadano en uno de los momentos más sensibles para el gobierno municipal.

En el centro de la polémica quedó el director de Garantías, Infracciones y Parquímetros, José Alfredo Serna Rodríguez, a quien algunos señalan como cercano a Cuerda y quien aparecía como el rostro operativo de la medida. En la ecuación también figura el jefe de Comunicación Social, Yohan Uribe, conocido en la grilla local como #LordFragmentado, cuyas viejas diferencias con Cuerda y el malestar de diversos medios por la retención de pagos, atribuida a decisiones de Comunicación Social y Tesorería, han alimentado las especulaciones. En política, los golpes más efectivos suelen venir desde dentro y, a veces, el fuego amigo resulta más peligroso que la oposición.

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