
«Estamos listos»: la señal que anticipa el regreso de Riquelme a Torreón

«Estamos listos.» No hubo conferencia de prensa. No apareció un comunicado . Bastaron dos palabras para que los distintos grupos políticos de La Laguna entendieran que algo importante había ocurrido. Mientras unos seguían elaborando escenarios, otros ya habían concluido el proceso. Mientras varios perfiles continuaban figurando en las apuestas sucesorias, algunos comenzaban discretamente a archivar aspiraciones. Así suele operar el poder: cuando una versión alcanza los titulares, el desenlace normalmente recorrió antes pasillos, oficinas y mesas donde las decisiones se toman lejos de los reflectores. Tras difundirse la información, integrantes del círculo cercano al senador Miguel Ángel Riquelme Solís y actores con interlocución en Saltillo comenzaron a transmitir el mismo mensaje en conversaciones privadas: el rumbo estaba definido y lo pendiente era únicamente cumplir las etapas institucionales.
La publicación exclusiva de El Siglo de Torreón, bajo la firma de su directora editorial Cory Muñiz, no cayó como una sorpresa. Cayó como una confirmación. Y la confirmación es sencilla: todo apunta a que Miguel Ángel Riquelme Solís regresará al séptimo piso de la Presidencia Municipal de Torreón. Si el Congreso ratifica la designación el próximo 30 de junio, la ciudad presenciará un hecho inédito: un exalcalde, exgobernador y actual senador regresando al despacho donde comenzó a construir uno de los grupos políticos más influyentes de La Laguna: el Grupo Torreón.
Lo interesante no es solamente quién llega. Lo verdaderamente importante es quién tendrá en sus manos la construcción de la sucesión rumbo a 2027. Porque cuando el arquitecto vuelve al edificio, nadie está pensando en el mantenimiento. Todos están pensando en quién heredará las llaves del poder. Y ahí es donde la historia deja de ser una sustitución administrativa para convertirse en una operación política de largo alcance.
La notificación oficial de la ausencia definitiva de Román Alberto Cepeda González llegó al Congreso del Estado el pasado 22 de junio mediante el oficio firmado por Eduardo Olmos Castro. El procedimiento legal ya está en marcha y, si nada se mueve en el tablero político estatal, será el próximo 30 de junio cuando el Congreso vote la designación. Jurídicamente aún no existe alcalde sustituto. Políticamente, la percepción es otra. En los cafés políticos, en los grupos de WhatsApp y en las oficinas gubernamentales, la conversación parece haber tomado una sola dirección.
La eventual llegada de Miguel Ángel Riquelme Solís tiene una enorme carga simbólica. La historia política reciente de Torreón no puede entenderse sin los nombres de Miguel Riquelme y Román Cepeda. Durante años compartieron proyecto político, gobiernos, campañas y estructura. Román Cepeda fue uno de los cuadros más importantes surgidos del grupo político que Riquelme ayudó a consolidar desde la Presidencia Municipal, la Secretaría de Gobierno y posteriormente desde Palacio Rosa. Por eso, para muchos, el regreso del senador representa una forma de continuidad institucional en medio de una circunstancia extraordinaria.
Pero sería injusto ignorar a quienes aparecieron legítimamente en la conversación sucesoria. Luis Jorge Cuerda Serna asumió la responsabilidad más complicada de todas: mantener funcionando el Ayuntamiento tras el fallecimiento del alcalde. Lo hizo con perfil institucional y evitando sobresaltos. Su actuación le permitió ganar respeto político en un momento donde cualquier error habría tenido consecuencias mayores.
Hugo Dávila Prado fue otro de los nombres que sonó con fuerza. Su reciente triunfo electoral y su crecimiento dentro de la estructura política lo colocaron naturalmente en la conversación. Muchos lo veían como una apuesta de renovación generacional. No es casualidad que cuando comenzó a circular la versión de Riquelme, su respuesta fuera breve y cuidadosa: «Es lo que dicen». En política, una frase corta puede valer más que un discurso completo.
Eduardo Olmos Castro tampoco podía quedar fuera de las especulaciones. Su experiencia administrativa, su conocimiento del Ayuntamiento y su capacidad operativa lo convertían en uno de los perfiles más sólidos para garantizar gobernabilidad. Del mismo modo apareció Miguel Felipe Mery Ayup, presidente del Poder Judicial de Coahuila, cuyo prestigio institucional y capacidad de construcción de acuerdos le dieron espacio dentro de las quinielas. Ninguno de ellos sale debilitado. Al contrario. Todos demostraron que forman parte de la siguiente generación de decisiones importantes.
Sin embargo, la política tiene una lógica distinta a la de los deseos. Cuando hay estabilidad, los sistemas promueven relevos. Cuando aparece la incertidumbre, buscan experiencia. Y eso parece explicar por qué el nombre de Miguel Riquelme terminó imponiéndose sobre cualquier otro escenario. No se trata solamente de quién puede gobernar. Se trata de quién puede ordenar la transición, contener grupos y mantener cohesionado al Grupo Torreón.
Y ahí aparece la verdadera historia. Porque el alcalde sustituto no solamente administrará los próximos meses de gobierno. También administrará la construcción política rumbo a 2027. Quien ocupe el séptimo piso tendrá influencia en candidaturas, alianzas, liderazgos y decisiones estratégicas. Mientras muchos observan la sucesión de 2026, los operadores políticos ya están pensando en la sucesión de 2027.
Existe incluso una dosis de humor negro político en todo esto. Durante semanas, la política lagunera pareció convertirse en un torneo de pronósticos. Había candidatos en cada mesa de café, favoritos en cada grupo de WhatsApp y expertos improvisados en cada oficina pública. Todos tenían información exclusiva. Todos conocían a alguien que había estado en la reunión definitiva. Todos sabían quién sería el próximo alcalde. Y al final, si las versiones se confirman, el ganador terminará siendo alguien que ni siquiera participaba públicamente en la competencia.
Como si después de semanas organizando un casting, el productor decidiera traer de vuelta al protagonista original de la serie.
Por eso la frase sigue apareciendo una y otra vez en los teléfonos de la clase política lagunera:
«Estamos listos.»
Porque cuando el sistema deja de discutir quién puede llegar y comienza a discutir qué hará cuando llegue, normalmente la decisión ya fue tomada. Y si nada cambia de aquí al 30 de junio, Torreón no solamente tendrá alcalde sustituto. Tendrá de regreso a Miguel Ángel Riquelme Solís, el hombre que diseñó buena parte del tablero político que hoy sigue moviendo las piezas de la ciudad. La verdadera pregunta ya no es quién ocupará el séptimo piso. La verdadera pregunta es quién saldrá fortalecido rumbo a 2027 cuando el arquitecto vuelva a tomar asiento en su antigua oficina. Porque las sucesiones terminan, pero el poder político siempre encuentra la manera de reorganizarse.
