
Riquelme: las mesas, las ausencias y el nuevo mapa del poder en Torreón

Hay cafés donde el aroma importa menos que la conversación. En política ocurre exactamente lo mismo. La toma de protesta de Miguel Ángel Riquelme Solís, nuevamente como presidente municipal de Torreón, tuvo un protocolo casi impecable, aunque hubo detalles imposibles de ignorar: el olor a pintura fresca por la «manita de gato» de última hora, un salón que por momentos pareció rebasado por la cantidad de invitados y una logística de Relaciones Públicas que terminó siendo insuficiente para acomodar a todos… y también a los colados. Sin embargo, las conversaciones más interesantes comenzaron antes del primer discurso y continuaron mucho después del último aplauso. Porque en el café de la política no todas las mesas tienen el mismo valor: unas están reservadas para quienes toman decisiones; otras, para quienes esperan turno; y algunas simplemente sirven para recordar que sus ocupantes siguen presentes.
La mesa principal estuvo perfectamente definida. Ahí se departieron el gobernador Manolo Jiménez y Miguel Ángel Riquelme, flanqueados por quienes sostuvieron la operación institucional durante las semanas de incertidumbre que siguieron al fallecimiento de Román Alberto Cepeda González: el primer regidor y encargado del despacho, Luis Jorge Cuerda Serna, y el secretario del Ayuntamiento, Eduardo Olmos Castro, además de los regidores que cobran solo por levantar la mano. En primera fila también estuvieron Selina Bremer y su hijo Ernesto Cepeda, quienes recibieron constantes muestras de afecto. Su presencia reflejó su fortaleza y que el llamado «cepedismo» se mantiene dentro del priismo lagunero. Por cierto, Ernesto es una luz de esperanza y muchos creen que el nuevo alcalde debería de consolidarlo como un nuevo cuadro político. Si bien trae la escuela de su padre, tiene su propio sello. A ellos se sumaron mandos de las Fuerzas Armadas, representantes de la iniciativa privada y uno de los colaboradores más cercanos de Riquelme, Xavier Herrera. Desde esa mesa quedó claro el mensaje institucional: Estado y Municipio caminarán en la misma dirección.
En otra mesa también hubo conversación de alto nivel político. Ahí aparecieron los diputados locales electos Verónica Martínez, Hugo Dávila y Ximena Villarreal. La ausencia que generó conversación fue la del diputado Felipe González, por regresar a sus vacaciones familiares, por lo que vino este domingo a disculparse con su nuevo jefe y se regresó a ver el Mundial. También estuvieron el recién incorporado senador Gabriel Elizondo y el fiscal general del Estado, Federico Fernández Montañez. También asistió el diputado de Morena Antonio Attolini, uno de los principales críticos de la administración saliente, quien incluso quedó ubicado al lado de Verónica Martínez, a unas semanas de haber competido contra ella por el Distrito 09. Las fotografías, a veces, cuentan historias que los discursos prefieren omitir. Los adversarios de campaña terminan compartiendo el mismo salón cuando la institucionalidad obliga y la política madura. O, al menos, hace el intento. También estuvo el dirigente estatal del PRI, Carlos Robles; la alcaldesa de Lerdo, Susy Torrecillas, quien acudió hasta con su marido, Homero Martínez. Otros alcaldes fueron el de Matamoros, Miguel Ángel Ramírez, y el alcalde de Monclova, Carlos Villarreal Pérez. No llegó el de Saltillo, Javier Díaz; su relevancia la contaremos después.
Como ocurre en cualquier buen café, las miradas terminaron dirigiéndose hacia las mesas donde aparentemente no sucedía nada. Ahí coincidieron varios personajes identificados históricamente con el riquelmismo, el llamado Grupo Torreón y posibles nuevos relevos, entre ellos David Fernández, Víctor Rodríguez, José Luis Flores Méndez, Juan Pérez y Miguel Sáenz. No hubo anuncios ni discursos. Bastó compartir la misma mesa para recordar que las relaciones políticas no desaparecen cuando concluye una administración. Los gobiernos cambian; las agendas, los teléfonos y los cafés permanecen. Algunos prenden veladoras para que si estos personajes ocupan algún puesto de importancia, no caigan en viejas prácticas.
Entre los todavía funcionarios municipales que alcanzaron lugar, solo once fueron convocados. Aunque algunos parecían haber llegado con la precisión de quien observa desde gayola con binoculares esperando un espacio libre, estuvieron Marcelo Valdés, Eduardo Terrazas, Luis Morales, Héctor Estrada, «Memo» Pinabete, Juan Adolfo Von Bertrab, Marlene Martínez, Luis Guillermo Hernández, Antonio Méndez Vigatta y Fernando Villarreal. De este último, llevaba bajo el brazo un oficio dirigido al nuevo jefe relacionado con una factura cercana a los 2.7 millones de pesos, fechada desde abril. En contraste, no asistieron Víctor Navarro, Gustavo Muñoz, Yohan Uribe, por andar triturando pruebas, pues dicen tienen cita con el nuevo 01 para revisar convenios; tampoco asistió el contralor Óscar Luján ni la jefa de Tránsito, Martha Faz, pese a la cercanía con algunos personajes de Saltillo, no todos encontraran espacio. Quien sí logró un lugar visible fue el comisario Alfredo Flores. En política, no asistir también comunica, aunque cada ausencia tenga su propia explicación. A veces una silla vacía genera más preguntas que una fila completa de discursos.
Las ausencias también tuvieron lectura política. La que más comentarios generó fue la del magistrado presidente del Poder Judicial de Coahuila, Miguel Mery Ayup. Su inasistencia llamó la atención por el peso institucional de la ceremonia y porque prácticamente todos los actores relevantes de la vida política estatal estuvieron presentes.
Uno de los momentos más aplaudidos llegó durante el mensaje de Miguel Ángel Riquelme. Dirigiéndose al gobernador, fijó una de las líneas centrales de su administración: «Gobernador, le garantizamos que Torreón no será la puerta de entrada de grupos criminales, ni mucho menos aval de extorsionadores que fingen ser organizaciones gremiales que afectan a nuestra producción y a nuestra sociedad. Como bien dice, gobernador, aquí se toparán con pared». La frase provocó uno de los aplausos más prolongados de la ceremonia y fue interpretada como una reafirmación de la estrategia de seguridad y coordinación institucional que distingue a Coahuila. Entre los asistentes no faltó quien interpretara el mensaje como una referencia a organizaciones sindicales de reciente aparición, particularmente la CATEM, cuyo crecimiento ha estado acompañado de detenciones en la región Laguna de Durango.
Mientras tanto, quien sí ocupó un lugar visible fue la dirigente sindical municipal Rosalva Rodríguez, cuya presencia fue comentada por llegar bien arropada con integrantes del grupo que inicia esta nueva etapa. Los boletines oficiales hablaban de continuidad; los pasillos, de cambios. Como suele ocurrir, la política escribe una versión y los cafés redactan otra.
La sobremesa dejó un último comentario. Algunos aseguraban que el olor a pintura fresca era la mejor metáfora de la jornada: bastaba una mano de gato para dar la impresión de que todo era nuevo, aunque muchos de los protagonistas llevaran años sentados en las mismas mesas. Así funciona el poder: cambia el acomodo de las sillas, pero los meseros ya conocen a los clientes de siempre. En política, las remodelaciones suelen ser más rápidas que las mudanzas.
