¿Quién le dio el pastelazo a #LordFragmentado?

En política hay preguntas que no buscan cadáver, sino responsable. Cuando se dice “¿quién lo mató?”, no se habla de un asesinato literal, sino de una escena de novela política: ¿quién empujó la crisis?, ¿quién encendió la mecha?, ¿quién sembró los vientos que hoy regresan convertidos en tempestades?

Y en Torreón, este martes, la novela habría llegado hasta el estacionamiento de la Presidencia Municipal, en el cajón del director de Comunicación Social.

Según versiones internas, por la mañana se reportó un supuesto incidente relacionado con Yohan Uribe, #LordFragmentado, el aún jefe de Comunicación. La escena, contada por voces de pasillo y estacionamiento, parece escrita por un guionista con hambre de sátira: alguien le arrojó un pastel o le dio un pastelazo al funcionario; el policía en recepción lo apoyó, pero el chisme corrió rápido. Llamadas para saber si “el director” estaba bien, ya no subió a su oficina y, como detalle de temporada, la versión de que alguien lo habría visto caminando hacia su camioneta embarrado de pastel.

Hasta ahí, lo responsable es decirlo claro: no hay reporte oficial público, no hay fotografía difundida y no hay versión institucional confirmada. Pero en política, cuando el pastel aparece antes que el boletín, la lectura no se queda en la repostería: se vuelve síntoma.

Porque el pastelazo, real, pega donde más duele: no en la camisa, sino en el ego. Y cuando un funcionario de comunicación termina convertido en tema de conversación interna, algo falló en el manual básico del oficio: comunicar no es fragmentar, controlar no es informar y operar medios no es coleccionar silencios.

A este oscuro personaje una expresión lo resume: quien siembra vientos, cosecha tempestades. Y cuando desde una oficina se administra la información con cerrazón, filtros, preferencias, desplantes o soberbia, tarde o temprano el ambiente se enrarece. No siempre explota en crisis formal; a veces explota en burla, en pasillo, en meme… o en pastel.

Con los enemigos que Yohan Uribe ha ido coleccionando —porque en política hay quienes coleccionan libros, otros contactos y algunos resentimientos— llama la atención que el supuesto incidente se haya dado al interior de la Presidencia Municipal. Y ahí empieza la novela de misterio: ¿quién fue? ¿Un subordinado cansado? ¿Un director con cuentas pendientes? ¿Un proveedor condicionado? ¿Un reportero bateado? ¿O algún gomezpalatino enojado?

Y como en toda novela de misterio, también aparece el cuerpo de “investigación”: los policías de la Presidencia, del jefe influencer-policiaco, Alfredo Flores, dejaron de buscar a la niña fantasma de Galerías para encontrar al criminal del chantilly.

Otra persona que se integró a la investigación —no, no fue la Fiscalía, sino su excompañera #LadyFugas—, quien dejó de indagar en Simas viendo fantasmas del pasado para investigar quién le dio el pastelazo a su amigo, aunque ella misma dice que fue un lío de faldas.

La pregunta no es menor, porque ahora —según dicen en los pasillos— buscarían al responsable con las mismas cámaras que supuestamente habrían servido para ubicar a quienes, no hace mucho, desde la misma oficina de Uribe, se llevaron algunos “objetos prestados”.

Y si lo encuentran, queda otra duda: ¿lo van a reprender por desperdiciar el pastel… o lo van a felicitar por interpretar el sentir de medio edificio?

Claro, no se trata de justificar agresiones ni de convertir la humillación en deporte público. Eso sería irresponsable. Pero tampoco se puede tapar el sol con merengue. En política, los símbolos hablan, y cuando el símbolo llega en forma de pastel, el mensaje es brutal: algo se descompuso, alguien no está leyendo el ambiente y la oficina que debería apagar incendios parece estar horneando sus propios problemas.

Pregunta Oficiosa | ¿A Harfuch se le perdió Durango en el GPS… o nunca estuvo en la ruta?

Mientras la alcaldesa morenista de Gómez Palacio, Betzabé Martínez, presumió que fue otra vez a CDMX a tomarse la foto del recuerdo con el superpolicía Omar García Harfuch, en el Gobierno de Durango siguen esperando que el secretario de Seguridad federal atienda la invitación del gobernador Esteban Villegas. Hace dos semanas, Villegas dijo públicamente que lo invitaría a la entrega de patrullas y equipamiento para disipar versiones de un supuesto distanciamiento político; sin embargo, el evento se realizó sin el funcionario federal. Hubo patrullas, discurso, inversión, aplausos y foto oficial… pero faltó el santo de la estampita.

La pregunta oficiosa es inevitable: ¿Harfuch no vino por agenda, por estrategia o porque en Durango la señal federal llega más lenta que patrulla sin gasolina? Villegas insiste en que la relación es buena, y eso habrá que tomarlo como dicho institucional; pero en política las ausencias no solo hablan, a veces levantan acta de defunción del mensaje que se quería presumir. Porque una cosa es entregar 335 patrullas y otra muy distinta es conseguir la bendición fotográfica del funcionario federal más visible en seguridad. Y sin esa foto, el operativo quedó como funeral elegante: mucha corona, mucho protocolo… pero faltó el difunto principal.

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