La Laguna con el agua hasta en… los discursos: drenaje colapsado y omisiones

Dicen que las palabras se las lleva el viento… pero en La Laguna no. Aquí se estancan. Igual que el agua. Y esta vez, con la tromba del sábado, no solo se estancó la lluvia… también volvió a atorarse la discusión más incómoda: ¿de quién es realmente la responsabilidad del drenaje pluvial en Torreón y la crisis sanitaria en toda la región? Porque en Torreón, Gómez Palacio y Lerdo, el problema ya no es diagnóstico… es decisión. Aquí, el agua no solo corre por las calles… también se estanca en los discursos.

Y no, no es culpa de una “lluvia atípica”. En Torreón, la escena se repite: sectores inundados, bulevares rebasados, viviendas y comercios afectados. El drenaje sanitario absorbiendo lo que no le corresponde porque el sistema pluvial simplemente no existe de forma integral. El proyecto está ahí, con avances técnicos y un costo estimado de hasta 1,800 millones de pesos, pero sigue detenido entre trámites, validaciones y deslindes. El alcalde Román Alberto Cepeda ha insistido en que no es facultad municipal ejecutarlo, respaldándose en la lectura del artículo 115 constitucional, que asigna a los municipios el drenaje, pero cuya interpretación se ha vuelto conveniente: el sanitario sí, el pluvial no. Así, la responsabilidad se diluye entre instancias estatales y federales.

En medio del desorden en Torreón, ese mismo sábado por la mañana el alcalde compartió en redes una escena muy distinta: su estancia en su rancho de descanso, en el municipio de General Cepeda, entre sembradíos de olivo y cabalgando sus caballos. No eran imágenes de archivo, eran del momento. Y no eran tampoco las mulas que prometió adoptar de los carromateros que aún circulan en las calles; la narrativa oficial mostraba otra postal.

En esas imágenes —como han señalado detractores y conocedores— aparecen al menos tres caballos de alto valor, presumiblemente de la raza Cuarto de Milla. Su precio puede variar desde los 35 mil pesos en ejemplares básicos, entre 85 mil y 300 mil pesos en caballos registrados o entrenados, y superar el medio millón de pesos —incluso alcanzar cifras millonarias— en ejemplares de élite con linaje destacado. La cifra exacta puede variar, pero el contraste no. No es solo estética, es proporción: si hay para el whisky, hay para los hielos. Porque en política las prioridades se exhiben, y mientras unos explican competencias y trámites, otros observan estilos de vida. Al final, la ausencia también comunica… y, como el agua, termina acumulándose.

En Gómez Palacio, el problema no es solo pluvial… es sanitario. Y aquí hay que decirlo claro: Betzabé Martínez no es una novata. Fue diputada federal y formó parte del aparato municipal en etapas previas, que hoy cobra por lo que conocía —o debía conocer— la condición del sistema que hoy reconoce como crítico. Hoy advierte que el drenaje podría colapsar y que no es un problema que el gobierno pueda resolver solo. El diagnóstico es contundente: el Emisor Central y el colector San Ignacio presentan deterioro severo, con tramos colapsados tras décadas de rezago. El costo de solución ronda entre 400 y 700 millones de pesos, pero lo que se ejecuta son medidas de contención. Durante la tromba, el sistema volvió a saturarse. Y en medio de la crisis, el mensaje institucional apunta también al ciudadano: basura en alcantarillas, malos hábitos, corresponsabilidad.

Y hay un antecedente que no puede ignorarse, sobre todo en contexto político reciente: la Fiscalía Anticorrupción de Durango ha documentado detenciones de exfuncionarios vinculados al SIDEAPA durante la administración 2019–2022. Entre los casos señalados destacan Jesús “N”, José Julián “N”, Mauricio Alejandro “N”, Karol “N” y Cuauhtémoc “N”, además de un exsubdirector jurídico acusado de cohecho. Los señalamientos incluyen cobros indebidos, eliminación de multas mediante pagos y contratos sin atribuciones legales. Este patrón no solo revela posibles actos de corrupción, sino una estructura que debilitó el sistema desde dentro.

Y el impacto ya no se queda en las calles. Alcanzó también a servicios esenciales. El ISSSTE de Gómez Palacio registró afectaciones durante las lluvias: pacientes y áreas médicas enfrentaron filtraciones, escurrimientos y condiciones que evidencian que el problema del drenaje no solo es urbano… es institucional.

En Lerdo, la historia es más discreta… pero no más eficiente. Sin drenaje pluvial estructurado, el municipio depende de su geografía. Las zonas bajas acumulan el agua y la respuesta sigue siendo reactiva. Las inversiones —entre 100 y 300 millones de pesos— no han cambiado el fondo del problema. Durante la contingencia, la única de los tres alcaldes que salió a dar la cara al momento fue la alcaldesa Susy Torrecillas. Sin grandes soluciones, pero con presencia.

Cuando los tres municipios fallan al mismo tiempo, el problema deja de ser local… y se vuelve regional.

👉 Torreón: hasta 1,800 millones de pesos
👉 Gómez Palacio: entre 400 y 700 millones
👉 Lerdo: entre 100 y 300 millones de pesos

Total estimado en La Laguna: más de 2,500 a 2,800 millones de pesos

¿Es mucho? Sí.
¿Es imposible? No.
¿Se ha hecho? Tampoco.

Y como si la infraestructura hidráulica no fuera suficiente, la tromba también exhibió otra fragilidad: la energía. Las lluvias provocaron fallas en el suministro eléctrico que rebasaron la capacidad de atención de la Comisión Federal de Electricidad, afectando bombeo y operación hidráulica. Sin luz, no hay presión. Sin presión, no hay desalojo.

Al final, el drenaje en La Laguna no está detenido por falta de diagnóstico… sino por exceso de justificaciones. Porque entre leyes, discursos, llamados a la ciudadanía y deslindes institucionales, todos explican el problema… pero nadie lo resuelve.

Y así, entre lluvia y narrativa, la región confirma su propia ironía: aquí el agua siempre encuentra dónde quedarse… hasta en los discursos.

Porque al final, el drenaje no es solo infraestructura.
Es voluntad.

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