¿Promoción o rumor? La versión que convierte al ‘Judas municipal’ en funcionario estatal sin cédula

Como balde de agua fría cayó entre sus excompañeros el anuncio anticipado —y convenientemente filtrado desde Saltillo— de que Antonio “Toñito” Hernández asumiría el cargo de Director General de Promoción de la Secretaría de Economía estatal. Hasta septiembre pasado fue titular de la Dirección de Desarrollo Económico de Torreón, pero los ajustes administrativos le pasaron factura y, con el evidente enojo de Román Cepeda, fue sustituido por Marcelo Valdés. Lo curioso no fue el relevo, sino la forma: su baja llegó por celular, sin ceremonia, sin apretón de manos y sin el último café de cortesía en el séptimo piso. Cuando el protagonismo se evapora por WhatsApp, algo huele a burocracia añeja… y a café recalentado.

En los pasillos municipales, donde la rumorología corre más rápido que la transparencia, su salida fue celebrada con sonrisas discretas y palmaditas que nunca saldrán en la foto. Lo tachaban de “traidor del municipio”, el mensajero silencioso que presuntamente filtraba información sensible hacia Palacio Rosa. En corto, lo bautizaron “El Judas”. Porque aquí no se crucifican rumores; se administran.

Pero viene lo fino: el expediente oficial no respalda el presunto ascenso estatal. En el directorio vigente, el único referente claro en promoción económica es Pro Coahuila, encabezado por Luis Olivares . No aparece Toñito con ese título ni con otro semejante en esta dependencia. Todavía n o existe constancia, ni papel membretado, ni nombramiento que lo siente en esa silla; mucho menos un post institucional que le haga el favor. La estructura está ahí —Promoción e Inversión, Proyectos Estratégicos y Logística, Nearshoring y Clúster—, pero con otros titulares.

Conviene ajustar el enfoque con bisturí y memoria fría: Antonio Hernández inició políticamente como asistente del entonces alcalde interino —hoy morenista— Jorge Luis Morán, y luego pasó a la órbita de Román Cepeda en su primera temporada con el mismo puesto. Su gestión duró tres años y un mes. Intentó quedarse en Comunicación Social, con un equipo que ya no existe y que, cuentan, terminó por traicionarlo; finalmente cayó en Fomento Económico… por solo ocho meses.

Hoy, mientras unos celebran su salida y otros ya le cuelgan la medalla del “nuevo cargo”, surge la etiqueta más ácida que el espresso: funcionario “patito”. ¿La razón? No existe, en registros públicos consultados, una identificación concluyente de su cédula profesional, pese a que lo presentan como Licenciado en Economía por la Ibero Torreón. Entre la homonimia y el silencio administrativo, la credencial queda en el limbo… y el limbo, aquí, se cotiza caro.

Para rematar, los malquerientes dicen que, de existir ese “ascenso”, sería premio de consolación tras quedarse sin candidatura a diputación local. Un dulce consuelo que muchos quisieran, bendición incluida. Otros apuntan que su rescate confirmaría un pago por lealtades, mientras el Ayuntamiento sigue poniendo curitas a las presuntas filtraciones y la nómina se acomoda como rompecabezas mal armado, cobrando facturas con despidos discretos, sobre todo en Comunicación Social..

Y en medio del ruido, también salpican nombres. Uno de ellos: Ariel “El Detergente” Martínez, jefe de gabinete. Hace no mucho lo acusaban de ser el traidor del Ayuntamiento; el tiempo le dio la razón. Ahora dicen que deberían aprovechar el Black Friday para que estrene su moto Italika —o que le pregunte al chopper mayor, el director de Movilidad Luis Morales, dónde rentar una mamalona—, ahora que, según aseguran, tras la cancelación de facturas por parte de Tesorería a ciertos proveedores, hace labores de gestor entre constructores y empresarios para la Dirección de Urbanismo.

En esta tierra, los ascensos milagrosos existen, sí. Pero primero nacen en el chisme… y luego —con suerte— en el documento oficial.

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