El Periodismo No Se Jubila: Se Transforma

Felicidades a El Siglo de Torreón por sus 104 años de historia. Más que un aniversario, es la celebración de una escuela periodística que marcó generaciones y formó carácter. Felicidades también a lo aprendido y a lo forjado en poco más de 14 años en los que trabajé y formé parte de esa evolución. Llegué a integrarme a un proyecto novedoso: el videoperiodismo. En aquel momento era casi una apuesta arriesgada. Fuimos pioneros en implementarlo a nivel regional, cuando muchos aún dudaban que el video digital pudiera convivir con la tinta y el papel. Me invitó Yohan Uribe, de la mano de la jefa de Internet, Mónica Meléndez, con la confianza del dueño Enrique Irazoqui y el respaldo del director editorial Javier Garza. Éramos un equipo base: JC, Angelito Esparza (QEPD) y varios más que construimos desde cero, sin manual y sin red. Fue noviembre de 2007. Tenía 24 años. Después de haber estudiado cine en Morelia, llegué como externo a un mundo de grandes periodistas y columnas tradicionales, una vieja escuela difícil de penetrar. Pero el periodismo tiene algo: si trabajas, te abre la puerta. Con el tiempo consolidamos compañerismo… y hasta compadrazgos. Pasamos por todo tipo de coberturas: desde recetas de cocina hasta giras presidenciales. Entrevistas y exclusivas con figuras como Ricky Martin y Pelé, e incluso la gira del Papa Francisco en Ciudad Juárez. Un día espectáculo, al siguiente tragedia. En 2010 fui víctima del fuego cruzado de la violencia del narcotráfico. Una bala marcó mi pierna izquierda durante una cobertura infantil. Esa cicatriz no es solo física: es memoria de lo que significaba reportear en tiempos difíciles. Después vino la creación de Siglo TV, de la mano de Luis Guillermo Hernández. Cuando él se fue, me quedé a cargo integrando al equipo de Imagen con los fotógrafos. Todo con el mismo sueldo. Así es el periodismo: muchas veces crece la responsabilidad antes que el reconocimiento. Más tarde pasé de lo digital a lo tradicional y asumí la Jefatura de Información. Sobrevivimos a la pandemia, a la transformación digital acelerada y a la transición de redacciones silenciosas a redacciones multiplicadas en pantallas. Agradezco no haber desarrollado el “síndrome de escritorio”, ese que te quita el amor por reportear cuando te conviertes en jefe. Siempre encontraba la manera de escaparme para seguir haciendo coberturas en vivo. Por salud mental decidí irme en 2021. No fue huida, fue decisión. Agradezco el tiempo, lo aprendido y lo compartido. Porque al final, el periodismo no es el edificio ni la nómina: es la calle, la historia y la gente que te forma. Y 104 años después, la historia sigue escribiéndose. Ahora, desde mi café y en reposo por cuestiones de salud, sigo contando historias. Imagen creada

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