
Detrás del escenario: Hugo Dávila encendió la mecha en el Segundo Informe

El corte de caja del Segundo Informe Ciudadano de Manolo Jiménez no salió de Torreón ni del Coliseo Centenario. Llegó desde Saltillo, donde la clase política repasó el evento con lupa, sin maquillaje y sin la música de fondo que intentó disimular los tropiezos.
Allá, lo que más llamó la atención no fue la producción, ni los invitados, ni los discursos. Fue lo que ocurrió detrás del escenario, donde la Secretaría de Mejora terminó ofreciendo el peor ejemplo de… mejorar.
Entre secretarios estatales y los extras con chaleco verde, se registró el arranque inesperado —al menos para quienes insisten en “no conocerlo”— de Hugo Dávila, líder de Mejora en La Laguna y encsrgado el edificio Coahuila.
Esa tarde, según varios testigos, la passiflora no alcanzó. O simplemente decidió no hacer efecto.
Antes de que el gobernador subiera al escenario surgieron críticas por la logística. Entre ellas, la frase lanzada por José Alcalá Narro, asistente de Gabriel Elizondo:
“El evento vale madres.”
Y ahí, Hugo Dávila reventó.
No solo se molestó: tomó al asistente como mensajero involuntario para enviar una indirecta–directa a Gabriel Elizondo, secretario de Mejora y delfín de Manolo Jiménez. Lo que dijo quedó grabado en la bitácora política del informe:
“Diles a tus jefes —pero se le olvidó que son los mismos que él—, pero diles: «que me la pelan. Me valen madre.”
Y remató:
“Hasta donde tope.”
Lo repitió cinco veces. Cinco. Con un volumen tan alto —cuentan los presentes— Narro terminó llorando y el mensaje quedó más que claro.
Todo esto con secretarios estatales a unos metros, chalecos verdes acomodados como escenografía humana y un ambiente donde todos fingían revisar el celular para no presenciar la escena de frente.
Para muchos preocupa las fracturas internas, desgaste operativo, operadores fuera de control y un equipo que necesita mucho más orden del que presume.Para Saltillo, el episodio no fue un chisme: fue un síntoma.
Mientras Manolo Jiménez hablaba de resultados, estructura y gobernabilidad, entre bambalinas se vivía una realidad muy distinta: tensión, gritos, enojo y un operador regional totalmente desbordado. Y ese fue solo el detonante visible.
Días antes —relatan en el edificio Coahuila— el carácter de Hugo Dávila ya venía tronando como alarma sísmica. Cada vez que le marcaban desde Saltillo para revisar acomodos, avances o logística, explotaba “echando madres”, al grado de que el viejo edificio retumbaba.
Tan desbordado estaba que, esa misma noche del informe, presumió que se iba a “echar unas cheves para el desastre”. y se vale.
Y para seguir desestresándose, este fin de semana organizó un desayuno campirano con Felipe González, quien fue su suplente en la diputación y quien podría convertirse en su rival en la candidatura a la alcaldía de Torreón por el PRI.
Lo que se vio en el escenario fue espectáculo.Lo que se vio atrás fue diagnóstico. Y en política, el diagnóstico pesa más.
