
Zopilotes y buitres: la narrativa compartida entre Sheinbaum y Cepeda

El uso del término “zopilote” o “buitre” no es casual. Cuando un político se siente fuerte, habla de logros; cuando se siente rodeado, habla de zopilotes. Y en la política mexicana —tan saturada de rumores, redes y trascendidos— la carroña se volvió moneda corriente.
La presidenta Claudia Sheinbaum lo dijo hace unos días: acusó a sus críticos de ser “buitres de la derecha”, que —según ella— lucran con la tragedia para golpear a su gobierno tras el asesinato del alcalde michoacano Carlos Manzo.
Meses antes, en abril, el alcalde de Torreón Román Alberto Cepeda vivía su propia tormenta: una crisis por la muerte de un ciudadano a manos de la Policía Municipal en Nuevo Mieleras. Entonces respondió con un mensaje directo, en referencia a las críticas por sus ausencias ante una posible enfermedad:
“A los zopilotes carroñeros que andan rondando, aquí estamos trabajando.”
Dos figuras, dos contextos, un mismo vuelo. En Sheinbaum, el término fue un proyectil político: una forma de blindarse ante los ataques mediáticos y reafirmar autoridad moral.
En Cepeda, fue un escudo local: un mensaje interno para su círculo político y los medios laguneros. Una advertencia disfrazada de declaración pública.
Ambos coincidieron en algo esencial:
“El zopilote no tiene ideología, tiene hambre.”
Y en la política mexicana, ese apetito siempre aparece cuando el poder tambalea o cuando huele a sucesión.
El zopilote moderno ya no es el opositor: es el aliado que sonríe en la foto, el funcionario que filtra información, el excolaborador que huele debilidad. En La Laguna, todos lo saben: cuando esos pájaros empiezan a volar bajo, se avecina reacomodo. El aire político en Torreón trae señales: se cuestionan obras, hay tensiones internas y una estructura municipal que ya se mueve al ritmo de los tiempos electorales.
Mientras tanto, Sheinbaum también percibe el vuelo de sus propios carroñeros: la vieja guardia obradorista, los críticos disfrazados de aliados y los que ya preparan su mesa para las elecciones intermedias de 2027.
Pero hay otros buitres más visibles: los oficialistas, esos que corren a condenar tragedias y culpar a gobiernos pasados aun cuando el cuerpo de Carlos Manzo aún estaba caliente.
Y claro, los opositores, que aprovecharon el asesinato para sacar raja política, vestirse de víctimas y emerger del olvido con discursos de ocasión.
El crimen de Manzo, perpetrado frente a su esposa y sus dos hijos, reventó las redes y encendió la indignación nacional.
El país entero vio los videos de su ejecución —irónicamente, en Día de Muertos— y volvió a sentir la herida abierta de una violencia que no distingue ideologías ni partidos.
Manzo era incómodo: criticaba al PAN y a Felipe Calderón por heredar la violencia al país, pero fue asesinado en tiempos de la 4T. Por eso su asesinato duele doble: por la injusticia… y por la hipocresía que lo rodeó. Porque en esta tragedia, los verdaderos zopilotes no fueron los criminales, sino los políticos que volaron sobre su cuerpo para lucirse ante cámaras.
El hecho de que Sheinbaum y Cepeda —una presidenta de izquierda y un alcalde priista— usen el mismo término no es coincidencia: es un reflejo del estado emocional del poder.
Cuando se comparte el miedo, se comparte el lenguaje. Y “zopilote” es, hoy, la palabra perfecta para un país donde la política huele más a cadáver que a cambio.
Los zopilotes locales no vuelan: posan. El equipo de redes sociales del alcalde sigue quemando cartuchos políticos, subiendo fotos —como las de hace meses— para justificar su ausencia.
La mañana de este martes publicaron imágenes de Cepeda “supervisando” obras en el bulevar Diagonal Reforma, mientras su secretario del Ayuntamiento, Eduardo Olmos, presumía en redes haber asistido —“por instrucciones del alcalde”— a la reunión del Mando Especial de La Laguna. La duda surgió de inmediato entre los malquerientes: ¿esas fotos son recientes o de archivo? No sería la primera vez que se reciclan imágenes para justificar ausencias. ¿O será que el alcalde prefiere estar en las fotos de las obras que en las reuniones de seguridad?
Para colmo, horas después, en un evento efectivamente realizado el mismo día, el edil publicó nuevas imágenes recibiendo al gobernador Manolo Jiménez Salinas y en un evento del IMCO, en el Centro de Convenciones.
Todo muy correcto,, pero el fondo sigue siendo el mismo: Torreón parece gobernarse más desde la cámara que desde el mando.
La coincidencia entre Sheinbaum y Cepeda no es una simple curiosidad semántica: es una radiografía del poder mexicano.
Ambos usan el mismo lenguaje porque ambos sienten la misma presión: el miedo a caer y el deseo de sobrevivir.
