
Libertad fragmentada : así opera la censura invisible desde Torreón

Este miércoles debutó una pluma que pocos esperaban ver en ese espacio. La sección editorial de El Siglo de Torreón, tradicionalmente leída por el círculo rojo —y por más de un pensionado—, abrió lugar a José Elías Ganem, quien estrenó colaboración con el texto “No es nostalgia, es lo que sí funciona”. Pero más allá del contenido, lo que realmente encendió la conversación fue su firma.
En grupos de WhatsApp, la columna comenzó a circular con rapidez, aunque no precisamente por su argumento. Muchos creyeron, en un primer momento, que el nombre del exsecretario del Ayuntamiento aparecía en Seguridad o incluso en Sociales —como si se tratara del regreso del viejo cómic de Trucutrú—. Pocos atinaron a ubicarlo en Opinión. Y ahí empezó el ruido. Porque la reacción no fue qué dijo… sino cómo llegó su nombre al periódico de mayor circulación local.
Como se ha venido señalando, el jefe de Comunicación Social, Yohan Uribe #LordFragmentado, vuelve a aparecer en el trasfondo con su estilo: control, presión, operación e intriga. Pese a ser funcionario público, sigue operando con y para exfuncionarios como Ganem, a quien —según versiones— habría impulsado como nuevo opinador dentro del espacio editorial.
Dentro del gremio circulan versiones sobre intentos de Uribe por incidir en medios estatales como Vanguardia y Grupo Zócalo, particularmente en su brazo radiofónico en Torreón, con el objetivo de desplazar voces críticas hacia la administración de Román Alberto Cepeda… y, sobre todo, hacia su propio papel dentro del gobierno. El método no sorprende, pero sí incomoda: se habla de presuntos favores pendientes con dueños de medios y de una narrativa de intrigas para mover piezas incómodas. Esta vez —dicen— no hubo acuerdos formales, pero sí presión. Y la pregunta obligada: ¿quién cree que ganó?
El episodio generó molestia no solo en el gremio periodístico y entre excolaboradores del propio Uribe, sino también dentro del PRI en Torreón y Saltillo. No faltó la ironía: “mejor hubiera escrito del caso Nuevo Mieleras o del desfalco en SIMAS… porque así, qué quemón”.
La tensión no se queda en los medios. También alcanza la estructura interna del Ayuntamiento. La inconformidad crece por el caso de la excolaboradora de Comunicación Social, #LadyFayuca, a quien se busca reincorporar. Sin embargo, dentro del Ayuntamiento hay resistencia: de las diferentes dependencias por su historial de trato hostil y presuntas filtraciones de información la mantienen como un perfil incómodo, incluso en áreas donde difícilmente sería bienvenida. Todo esto, pese a que habría existido una instrucción directa del alcalde Román Alberto Cepeda para su salida. Se le ha visto acudir a la Presidencia solo a checsr entrada , luego de que los oficios de “vacaciones” se agotaron. Su presencia abre otra duda inevitable: ¿sabe el alcalde que sus órdenes no se están cumpliendo…? Y otra más, igual de incómoda: ¿se trata de regresarla al periódico que vio nacer su unión? Mientras algunos sugieren que podría ser colocada en medios reloacionados a Uribe: como contravia.com, porsiacasomx.com o lagunarecomienda.com.
La publicación también detonó otra reacción: la de Antonio Attolini . No entró al debate… lo reventó desde el origen. Para el legislado morenista r, la columna no fue una postura política, sino un ajuste de cuentas. El mensaje de Ganem —ese “yo lo vi, yo estuve ahí”— buscó sonar a advertencia, pero terminó percibiéndose más como una defensa anticipada que como una revelación, para Attolini.
Aquí no ganó la idea más sólida, sino la narrativa más filosa: credibilidad contra sospecha.
Y en Torreón, cuando alguien escribe desde la trinchera… rara vez es por vocación; casi siempre es por contexto. Porque cuando una columna incomoda antes de leerse, deja de ser texto y se convierte en señal. Y cuando la señal depende de quién la permite —y no de lo que contiene—, entonces ya no estamos hablando de opinión pública… sino de control editorial.
Porque al final, en política y en medios, no siempre pesa más lo que se escribe… sino quién puede darse el lujo de escribirlo.

PREGUNTAS OFICIOSAS
¿Evento institucional… o pasarela política con cargo al erario?
En la inauguración de “La Gran Fuerza de México” en Torreón, la escena dejó más preguntas que respuestas: ¿por qué el director del Instituto Municipal del Deporte, Ramón Chufani, convierte un acto público en sesión personal con fotógrafo incluido?, ¿es agenda institucional o promoción individual? Incluso llamó la atención su asistencia con su hijo —dicen, para ahorrarse las vacaciones de Pascua—, en un gesto más cercano a lo personal que a lo oficial. A esto se sumó la presencia del director de Medio Ambiente, Marcelo Sánchez, quien no hace mucho estaba en la cuerda floja y hoy se deja ver rodeado de nuevos perfiles en su estructura, en un ambiente que ya huele a nepotismo: nombres que no aparecen en nómina… pero rostros que sí salen en la foto.
Y en medio del recorrido, quien se mostró distante fue el propio alcalde, Román Alberto Cepeda: apartado, caminando por su lado, como si la coordinación fuera secundaria o como si cada quien operara su propia narrativa. Porque cuando el evento es de todos, pero cada actor llega con su propio libreto, lo institucional se diluye y se convierte en escaparate. Y entonces la pregunta ya no es quién asistió… sino quién realmente estaba gobernando la escena.
¿Vacaciones espirituales… o turismo electoral con escala en Las Vegas?
En plena Semana Santa —cuando el discurso público suele vestirse de recogimiento—, más de un aspirante a candidato a diputado local decidió cambiar la reflexión por el duty free: viajes exprés a Las Vegas, compras nada discretas y agendas que, curiosamente, coincidieron con días “no laborales”. La pregunta no es si pueden hacerlo —cada quien gasta como quiere—, sino desde dónde lo hacen y con qué congruencia frente al electorado.
Y aquí viene lo incómodo: ¿quiénes son esos casi candidatos?, ¿de qué partidos vienen y qué distritos buscan representar mientras están fuera del país? Porque el problema no es el viaje, es el mensaje: mientras unos piden confianza, otros parecen más enfocados en el escaparate que en el territorio. Y en La Laguna, donde todo se sabe —aunque no todo se diga—, el silencio también termina siendo información.
