Falta dinero, dice el alcalde… o falta explicar el gasto en Torreón?

En Torreón, hay frases que intentan cerrar el debate… y terminan abriéndolo. La del alcalde Román  Cepeda“lo que falta es dinero”— es una de ellas como el principal freno para el proyecto de drenaje pluvial en la ciudad. Porque en política, decir que no hay recursos puede ser una explicación válida… hasta que los números empiezan a contar otra historia.
La declaración no ocurre en el vacío. Llega en medio de una denuncia penal que sacudió desde el año pasado: el señalamiento por un presunto desfalco en SIMAS que ronda los 66 millones de pesos. No es una cifra menor, ni un tema técnico. Es un cuestionamiento directo al uso de recursos públicos, vinculado a contratos de mantenimiento hidráulico y a empresas operando dentro del sistema. Es decir, mientras desde el gobierno se plantea que falta dinero, desde la denuncia se plantea otra cosa: el dinero sí ha existido… pero su destino está bajo sospecha.
Ahí es donde la frase del alcalde se vuelve más que un posicionamiento: se convierte en una narrativa política. Porque “falta dinero” no es lo mismo que “el dinero no alcanza” ni que “el dinero no se ha usado bien”. Y en Torreón, la duda no está solo en la cantidad… sino en la ruta del dinero.
Los ejemplos recientes alimentan esa percepción. Una inversión proyectada de hasta 12 mil millones de pesos en el modelo de recolección de basura, donde el municipio forma parte del esquema. La compra de lentes para el eclipse solar por cerca de 5 millones de pesos. Y la adquisición de bolsas de basura por más de 5.7 millones de pesos, adjudicada a un proveedor incorporado en fechas cercanas al proceso. Cada gasto puede explicarse. Pero juntos construyen una pregunta inevitable: ¿realmente falta dinero… o faltan prioridades?
En paralelo, el sistema hidráulico sigue fallando. Colonias con baja presión, interrupciones constantes y un problema que ya no distingue entre sectores populares y zonas de alta plusvalía. La falla es generalizada. Y cuando la falla es generalizada, la explicación deja de ser técnica.Las empresas contratadas por SIMAS —Grupo Integrador de Servicios de Edificación, Constructora y Servicios Millennials, Bombas Aguanaval, La Victoria Lagunera— han operado bajo contratos millonarios para mantenimiento. En teoría, ese gasto debería traducirse en estabilidad operativa. En la práctica, el servicio sigue mostrando debilidades. Y ahí es donde la denuncia de los 66 millones toma peso: no solo cuestiona cuánto se pagó… sino si lo pagado realmente resolvió el problema.
En el otro extremo del sistema aparece el saneamiento, donde entra COBEI como parte del engranaje técnico. Un actor clave para cerrar el ciclo del agua, pero que también forma parte de una cadena que hoy no entrega resultados proporcionales a la inversión. Porque si el mantenimiento no garantiza abasto y el saneamiento no optimiza el sistema, entonces el problema no es una pieza… es todo el modelo.
Las auditorías estatales y federales deberían ser el punto de claridad. Ahí tendría que definirse si hubo daño patrimonial, si los contratos corresponden a trabajos reales y si las cifras tienen sustento técnico. Pero mientras esos resultados no sean contundentes, la frase del alcalde seguirá chocando con la percepción ciudadana.
Porque al final, la gente no analiza presupuestos. Abre la llave. Y cuando no sale agua, cualquier explicación pierde fuerza.
Decir “falta dinero” puede ser políticamente correcto.
Pero en Torreón, la pregunta ya cambió:
¿falta dinero… o falta explicar qué pasó con los 66 millones en SIMAS?
Porque cuando el dinero aparece en contratos, compras y proyectos… pero no en resultados, el problema no es cuánto falta.Es cómo se usa lo que ya hubo.


PREGUNTAS OFICIOSAS


¿Evento institucional… o filtro selectivo? Durante la entrega de escrituras encabezada por , una mujer intentó manifestarse con una pancarta, pero fue retirada antes de que su mensaje pudiera verse. La intervención habría sido realizada por el secretario  particular del alcalde Jorge Saucedo “El Vidente” y Cristian López ( director  de Atención Ciudadana), en funciones más cercanas a cadenero de antro.. La pregunta es directa: ¿orden… o contención del mensaje?


¿Control administrativo… o simulación digital?  El tesorero Javier Lechuga impulsó hace meses checadores biométricos para combatir el ausentismo. Pero la duda persiste: ¿control real o adorno institucional? ¿Se registra entrada y salida? Se menciona a #LadyFayuca en Comunicación Social  quien desde su regreso  de vacaciones suele checar temprano papa poder seguir conrdndo en lo logrsn reubicarla. Más allá del dato, la pregunta es estructural: ¿el control aplica igual para todos? Sin reportes ni sanciones visibles, todo queda en percepción. Porque al final… ¿se mide presencia o resultados?

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