
Lapsus, consignas y caos: así arrancó la campaña en Coahuila

La campaña en Coahuila arrancó con el pie en la boca. Consignas prestadas, nombres mal dichos y mensajes cruzados: el menú perfecto para que el adversario haga fiesta. En política, el lenguaje no es adorno; es frontera. Y hoy, esas fronteras se están borrando peligrosamente.
La política también se gana —y se pierde— en el lenguaje. En Coahuila ya se calientan motores rumbo a la elección del Congreso local, y dos episodios recientes dejaron ver cómo el discurso puede cruzar fronteras partidistas y generar lecturas incómodas. Pero no sólo eso: esos errores se cobran caro cuando el rival está listo para convertir cualquier tropiezo en munición política.
Durante el registro de la coalición Morena–PT en Saltillo, la dirigente nacional de Morena, Luisa María Alcalde, buscó proyectar ánimo y cohesión con una frase que conectó con el clima de campaña: “mucha gente valiente, echada pa’ delante”. El problema no fue el tono, sino el eco: la consigna remite casi palabra por palabra a la narrativa institucional del gobierno estatal con su ya conocido “Coahuila pa’ delante”.
Cuando el liderazgo nacional adopta el eslogan del oficialismo local, la diferenciación política se adelgaza. En campaña, el lenguaje también marca frontera.
Y este lunes en Torreón, el desliz vino del PRI. El coordinador municipal de Mejora Coahuila, Hugo Dávila, intentó reivindicar el trabajo de las coordinadoras territoriales, pero cerró su intervención con una frase que lo traicionó: “no vamos a dejar que nadie hable mal de nuestras coordinadoras, que son el alma de Morena”.
¿Morena? Sí, Morena. El lapsus fue tan evidente como elocuente. En política, estos errores no se quedan en anécdota: se viralizan, se editan en clips y se convierten en narrativa del rival. Y luego vienen las bromas de pasillo: “¿y sus pastillas?”. Humor negro aparte, el daño comunicacional ya estaba hecho.
El problema se agrava porque el desliz ocurrió en un distrito donde la contienda ya se está calentando. En el Distrito 11 de Torreón, el discurso se da en medio de una confrontación abierta con el equipo de Cintia Cuevas. Días antes, cuentas afines a Morena difundieron un video con inteligencia artificial que simulaba la entrega de despensas, buscando golpear al adversario con una narrativa de uso electoral de apoyos sociales. El detalle incómodo: este tipo de prácticas no son ajenas a los mismos eventos que históricamente han realizado actores de la 4T. El doble rasero también comunica.
Como Fernando Hernández, operador territorial de Morena en Coahuila, esposo de la diputada federal Cintia Cuevas y virtual candidato a diputado local por el Distrito 11 de Torreón. Hernández, quien busca hacerse presente, fue sorprendido en su militancia repartiendo propaganda con su nombre y fotografía, en lo que luce como acto anticipado de campaña, una conducta que contraviene la normativa electoral vigente.
El mensaje hacia afuera es contradictorio: se denuncia “guerra sucia” con IA, pero se normaliza la autopromoción adelantada. En política, la congruencia no es moralina: es credibilidad.
Dos citas, varios episodios, una misma señal: cuando el relato se confunde o se contradice, el electorado percibe que las fronteras entre proyectos se vuelven porosas. Y en un contexto de competencia cerrada, el control del lenguaje —y de los símbolos— no es un adorno retórico: es parte de la disputa por el territorio político.
Aquí está el fondo del asunto: la alianza Morena–PT tendría que operar estrategias y tácticas distintas a las que en el pasado le costaron derrotas locales. Sin embargo, todo indica que se están reeditando viejos vicios: consignas prestadas, narrativas contradictorias y adelantamientos de campaña que abren flancos legales. Proceder así su misma militancia no augura buenos resultados, y eso mismo ya lo están capitalizando los adversarios.
El PRI, por su parte, puede darse el lujo de repetirse en Coahuila: detenta el poder y ha convertido su narrativa institucional en política pública comunicable. Le ha funcionado. A la oposición, no.
Los partidos que buscan disputarle el Congreso al oficialismo están obligados a innovar, proponer y diferenciarse. Y eso empieza por algo básico que hoy no termina de cuajar en el debate público: presentar una Agenda Legislativa clara y verificable. Sin propuestas concretas, la campaña se queda en consigna, meme y clip viral.
La marca partidista no basta en elecciones locales. Ni la cercanía con el gobierno federal ni la simpatía por los programas sociales garantizan votos automáticos. En Coahuila, la elección se juega en territorio, en narrativa, en legalidad y en coherencia.
El reloj corre y el margen de corrección se estrecha.
