
Negar, borrar y victimizarse: la Santísima Trinidad de la política

En México, cuando un escándalo estalla, las redes no son el problema… el problema son los archivos que ya no se pueden borrar. El caso de Edgar Rodríguez Ortiz, “El Limones”, dejó claro que el manual político actual tiene tres pasos: primero lo desconocen, luego borran fotos y finalmente se declaran víctimas de una conspiración que nadie les cree.
La detención del operador —acusado de extorsión y señalado como pieza de una red criminal ligada durante años a estructuras regionales de la CATEM— encendió alarmas en toda La Laguna. El video de su traslado federal, donde apenas podía caminar, recorrió la región como misil directo a los discursos oficiales. Marina, fuerzas federales y silencio institucional: combinación letal para cualquier narrativa política.
Negar vínculos es instinto de supervivencia. Y en La Laguna lo aplican con disciplina militar. Pedro Haces, líder nacional de CATEM, corrió a deslindarse con la velocidad de un influencer borrando tuits incómodos. Dijo que Limones “nunca tuvo relación con la organización”, aunque durante años figuró como Secretario de Organización en la región. Todo quedó tan borrado que parece que alguien intentó reescribir la historia desde cero.
Luego apareció Ricardo Monreal, que defendió a su compadre Haces como si fuera protagonista de un melodrama político. Curiosamente, ninguna diputada lagunera de Morena quiso acompañarlo en ese salto mortal. Más prudentes ellas.
Y, por supuesto, está el caso pintoresco de Nassael Cobián Duarte, dirigente de CATEM Durango. Hace una semana daba mensaje, rifaba relojes y presumía estructura sindical. Hoy, empujado por Haces, es “posible víctima de presiones”, casi un mártir administrativo. Y si realmente hubo amenazas, ¿por qué nunca acudieron a la estrategia federal contra extorsiones encabezada por Harfuch? La narrativa se acomoda demasiado rápido para no sospechar.
En Durango, Esteban Villegas guarda silencio absoluto. No explica la foto de campaña donde aparece Limones al fondo ni el episodio del “Operativo Dragón”, cuando escoltas vinculados al detenido fueron asegurados en pleno Centro. Nada. Mutismo total. Y tampoco hablan el senador Luis Fernando Salazar, ni Shamir Fernández, ni la alcaldesa Betzabé Martínez, pese a que todos tuvieron cercanía operativa o territorial con espacios donde Limones o la CATEM era nombre conocido. El silencio también es una declaración.
Y aquí viene el párrafo clave: mientras Durango enteró callaba, fue el gobernador de Coahuila, Manolo Jiménez, quien —según reveló El País— alertó a la presidenta Sheinbaum sobre la gravedad de la red de extorsión en La Laguna, basada en denuncias de empresarios que ya no soportaban más. Fue Coahuila quien empujó el tema al nivel federal, mientras en Durango la estrategia era esperar a que el escándalo pasara. Hoy Manolo agradece públicamente la intervención federal, mientras el fiscal coahuilense coordina acciones; del otro lado, solo silencio.
El remate visual: la cuenta de Facebook de CATEM Durango desapareció justo después de que circularon fotos de Pedro Haces con El Limones. Como si la política fuera un álbum de primaria donde todo se puede borrar con goma y buena voluntad.
Aquí nadie quiere hablar de la CATEM. No porque no sepan, sino porque cualquier explicación abre puertas que nadie quiere atravesar.
Y cuando un político pasa de negar… a borrar… y luego a declararse víctima, es porque el golpe no solo pegó: los descolocó por completo.
