
El telón de la cultura: opacidad y reclamos por trato a mujeres en el IMCE

El Instituto Municipal de Cultura y Educación de Torreón (IMCE) aparece hoy en medio de una conversación incómoda dentro del sector cultural lagunero. Y no se trata únicamente de presupuestos o eventos: la discusión gira alrededor de algo más elemental. El respeto.
Hay principios que no deberían discutirse. Uno de ellos es simple y antiguo: a la mujer se le respeta. No solo el día de una conmemoración ni en discursos institucionales llenos de buenas intenciones. El respeto no puede ser una campaña de temporada; debe ser una práctica diaria, especialmente dentro de instituciones públicas que hablan de cultura, arte y formación social.
Sin embargo, en el ambiente cultural de Torreón comienza a escucharse cada vez con más frecuencia una palabra incómoda: inconformidad. Cuando el murmullo empieza a repetirse entre artistas, promotores y trabajadores culturales, normalmente significa que algo no está funcionando detrás del telón institucional. Diversas versiones que han llegado a este medio —a través de conversaciones, mensajes y testimonios breves— apuntan a molestia por el trato que algunos colaboradores aseguran recibir dentro del IMCE Los señalamientos hablan de actitudes consideradas prepotentes, presión administrativa y presuntos condicionamientos en el manejo de apoyos públicos destinados a actividades culturales. Pero entre todos los reclamos hay uno que incomoda más que los demás: el trato hacia algunas mujeres dentro del entorno institucional.
Dentro de las conversaciones que circulan entre promotores y artistas aparecen críticas directas al estilo de trato que algunos perciben dentro del instituto. En uno de esos mensajes compartidos entre integrantes del sector cultural, el malestar se resume de forma cruda: “ve para abajo a las mujeres; nomás a sus patronas las señoras de alta sociedad ‘respeta’ de frente,”. La frase —dirigida al estilo de conducción del actual titular del instituto, Antonio Méndez Vigatta «Tintin«— refleja el nivel de irritación que existe en una parte de la comunidad cultural, aunque hasta ahora estas versiones permanecen en el terreno de testimonios y conversaciones privadas.
El episodio más reciente que habría incrementado el malestar se relaciona con el evento “Torreón en los ojos del mundo”, realizado en la Ciudad de México en instalaciones de la Asociación del Servicio Exterior Mexicano. El objetivo del encuentro era promover la identidad cultural, gastronómica e industrial de Torreón ante embajadores y representantes diplomáticos. Sin embargo, algunos participantes aseguran que, tras el evento, se presentaron presiones para justificar o incluso devolver parte de los recursos destinados a viáticos y hospedaje, presuntamente por solicitud de la dirección del IMCE. Quienes relatan el episodio coinciden en algo: el problema no fue el trámite administrativo —normal cuando se manejan recursos públicos— sino la forma en que se habría exigido la comprobación de gastos. En otras palabras: no fue el trámite… fue el tono.
Entre los casos que también se mencionan dentro del sector cultural aparece el de una colaboradora que habría recibido advertencias relacionadas con su salario después de que circularan en redes sociales fotografías del evento sin autorización institucional. Quienes estuvieron presentes sostienen que el funcionario habría tomado medidas administrativas interpretadas por algunos como represalias, lo que incrementó la incomodidad dentro del equipo organizador. Incluso, según relatan asistentes al viaje, la tensión continuó durante el regreso cuando algunas funcionarias coincidieron en el vuelo con la alcaldesa de Gómez Palacio, Betzabé Martínez, situación que generó comentarios adicionales y un ambiente incómodo dentro del propio instituto.
A ese clima de inconformidad se suman comentarios sobre la orientación de la política cultural municipal. Algunas voces dentro del sector artístico señalan que parte de la programación en centros culturales incluye actividades comunitarias —como talleres de piñatas, sesiones de salud integral o clases de yoga— que han abierto debate entre promotores culturales sobre si realmente corresponden a una política cultural sólida. En ese mismo contexto aparece el nombre de Ángel Reyna, a quien integrantes del gremio identifican como responsable de la coordinación de los centros culturales municipales y cercano al actual titular del instituto.
También se mencionan críticas sobre la operación de espacios como La Jabonera, proyecto concebido originalmente para fortalecer el tejido social en el poniente de Torreón. Algunas versiones sostienen que el lugar enfrenta problemas de organización y presencia administrativa. Incluso se comenta que el encargado del espacio frecuenta oficinas vinculadas con actores políticos del Ayuntamiento, entre ellos el regidor priista Diego Ontiveros, hijo de la funcionaria estatalFlor Rentería, lo que ha alimentado cuestionamientos sobre perfiles, nombramientos y experiencia en la gestión cultural.
Otro tema que también aparece en las conversaciones del sector cultural es el Centro Cultural del Norte,el Metrobús de Román» proyecto que contempla una inversión cercana a 100 millones de pesos provenientes del Gobierno del Estado para rehabilitar el antiguo edificio conocido como La Borrego, frente al Bosque Venustiano Carranza. El plan fue anunciado en 2022, con la intención de crear un nuevo recinto cultural para exposiciones y formación artística. En 2023 se confirmó el presupuesto estatal y se realizaron estudios técnicos del inmueble; en 2024 comenzaron los trabajos de reforzamiento estructural. Para 2025 se reportaban avances parciales y ajustes técnicos sobre el equipamiento del proyecto. Sin embargo, en 2026 el Centro Cultural del Norte continúa como una obra en proceso, manteniendo expectativas dentro del sector cultural, pero también preguntas sobre cuándo abrirá, cómo operará y qué espacio tendrán los artistas independientes dentro del nuevo recinto.
Todas estas versiones forman parte de una conversación cada vez más visible dentro del sector artístico de Torreón. Pero hay algo que va más allá de presupuestos, obras o agendas culturales: el respeto hacia las personas que hacen posible la cultura, y en particular el respeto hacia las mujeres que participan en la vida cultural de la ciudad. Porque una institución que habla de cultura también debería entender algo elemental: la cultura no se mide solo en eventos o edificios; también se mide en la forma en que se trata a quienes sostienen la vida cultural de la comunidad.
Si existen casos de maltrato, presión indebida o conductas que vulneren la dignidad de las personas —especialmente de las mujeres—, también existen instancias institucionales donde estas situaciones pueden documentarse, como la Contraloría Municipal, el Órgano Interno de Control del Ayuntamiento, el Instituto Municipal de la Mujer o la Comisión de Derechos Humanos del Estado. Denunciar no debería implicar miedo ni represalias; al contrario, es un paso necesario para que las instituciones públicas corrijan prácticas que no corresponden con los valores que dicen representar. Porque cuando el respeto se exige y se defiende, la cultura deja de ser solo un discurso… y se convierte en una práctica real dentro de la vida pública.

❓ Pregunta oficiosa:
❓ Si el Ayuntamiento de Torreón presume un chatbot para modernizar la atención ciudadana, la pregunta inevitable es si también servirá para explicar cuánto costó, bajo qué contrato se adquirió y cómo se transparentarán esos gastos. Porque la tecnología puede responder mucho… siempre que alguien decida programarla para decir la verdad. Y surge otra duda: ¿mejorará realmente la atención ciudadana o terminará evidenciando la abultada nómina de asesores y aplaudidores que suelen ocupar las primeras filas en los eventos oficiales? Más aún cuando áreas como Relaciones Públicas muestran fallas evidentes, como ocurrió en el evento de este viernes, donde la desorganización terminó por imponerse.
❓ ¿Qué pasó con la estrategia de comunicación de Hugo Dávila, virtual candidato del PRI al Distrito 11? ¿La cambió por un becario con lógica de influencers, dejando de lado la narrativa política? Este viernes tardó más en lanzar un video que en generar dudas sobre su propio mensaje, donde incluso parecía verse más cansado que entusiasmado con una campaña que aún ni siquiera inicia. Sus detractores no tardaron en usar el clip como material de burla. Porque, a estas alturas, ya quedó claro que ser tiktoker no garantiza votos… y quizá ese papel debería dejárselo a quien eventualmente podría ser su suplente.
¿En política los abrazos duran lo que dura la conveniencia? La pregunta surge tras las recientes señales de cercanía entre Diego del Bosque y Ricardo Mejía Berdeja, este último señalado por sus constantes tensiones con la llamada Cuarta Transformación: primero al dejar la Subsecretaría de Seguridad en tiempos de Andrés Manuel López Obrador, después al dividir el voto en la elección por la gubernatura de Coahuila y ahora al votar contra una reforma impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum. Aun así, en Morena Coahuila volvieron a levantarle la mano al autodenominado “Tigre del Pueblo”, alineado con la postura del líder del Partido del Trabajo, Alberto Anaya. ¿Reconciliación estratégica o simple cálculo electoral? En política, los votos suelen pesar más que los discursos.
