
Cuando el poder apunta a la prensa: Durango en modo advertencia

Durango amaneció el martes con un déjà vu que ya conocemos: un gobernsntr tomando el atril para “aclarar” críticas, responder señalamientos y acomodar la narrativa, victimizándose… pero en un evento que no estaba diseñado para eso. Cuando un mandatario mezcla un acto institucional con una réplica personal, la línea entre la comunicación pública y el condicionamiento político se vuelve peligrosamente delgada. Y eso fue exactamente lo que se vio con Esteban Villegas.
El todavía priista en los hechos —aunque en el discurso grite ser “claudista”— se paró frente al micrófono con un tono sobrio, pero con un lenguaje corporal que decía otra cosa: ceño fruncido, la mano marcando ritmo sobre el atril, el torso inclinado hacia adelante. No hablaba como un gobernador anunciando futuro, sino como un político molesto respondiendo críticas. La escena recordó inevitablemente los tiempos del exgobernador Rubén Moreira, cuando aprovechaba cualquier evento en Torreón para lanzarse contra la prensa, especialmente contra El Siglo de Torreón, acusando sus portadas de ocho columnas de “espantar la inversión asiática, su continente favorito”… mientras la violencia en La Laguna estaba en su punto más álgido. La lógica era exactamente la misma:
“Si me criticas, eres parte del problema; si me aplaudes, ayudas a traer progreso”.
En el caso de Villegas, las frases con las que arrancó y su gestualidad política dicen suficiente: “Algunos…”, “Voy a…”, “La…”. Son los arranques clásicos de un funcionario a la defensiva. Fue un mensaje reactivo. ¿A qué reaccionaba? A algo que incomoda más que cualquier titular: que se consignaran los retenes, las extorsiones y las denuncias de ganaderos y empresarios laguneros, que desde hace meses señalan cobros, hostigamiento y miedo en los caminos que cruzan La Laguna de Durango.
A Esteban le informaron mal y terminó acusando a El Siglo de Torreón de usar una lona vieja, llamándola “refrito”. Pequeño detalle: esa lona nunca salió en la edición impresa. Se utilizó en un desplegado digital para ilustrar una problemática real, sostenida y documentada. Manual básico del poder molesto:
“La prensa exagera”,
cuando la prensa está reportando exactamente lo que la gente vive todos los días.
Aquí vale recordar lo elemental: el derecho de réplica es un derecho humano protegido por el artículo 6º de la Constitución. Sirve para corregir hechos falsos o inexactos, no para desacreditar medios ni para usar tribunas oficiales como púlpitos personales. Lo que vimos en Durango no fue derecho de réplica. Fue un derecho de regaño. Y, peor aún, un mensaje de advertencia para el resto de los medios.
El problema no es solo el manotazo en el atril. Es lo que ese gesto insinúa. La confusión entre comunicación social y control de narrativa es un viejo vicio político: convertir eventos institucionales en espacios para ajustar cuentas. Esto se agrava cuando entra en juego la presión a través de la pauta oficial. En México, los gobiernos reparten publicidad como si fuera agua en temporada de estiaje: para premiar obediencias y castigar disidencias. Todos lo saben, pero pocos lo dicen en voz alta.
Villegas prácticamente admitió que en La Laguna ha recibido “ataques” porque retiró el convenio publicitario con El Siglo de Torreón, el medio impreso más importante de la región. Traducido: mientras hay convenio, los textos “no molestan”. Cuando se acaba, las críticas “aparecen”. Entonces, ¿el gobierno paga para que hablen bien de él? ¿O está diciendo que con otros medios sí hay acomodos y que el que no se alinea se queda sin pesos ni acceso? La duda no la sembró la prensa; la sembró el propio gobernador.
Ese efecto inhibidor es conocido: es el mismo estilo de las mañaneras, primero con López Obrador y ahora con Claudia Sheinbaum. Resulta paradójico que Esteban Villegas, quien alzó la voz para declararse “claudista” cuando recibió a la presidenta, replique el mismo modelo de señalar periodistas desde una tribuna de Estado. Porque una cosa es coordinar gobiernos; otra muy distinta es heredar los tics autoritarios del poder federal.
Mientras todo esto ocurre desde el reflector, la realidad no se detiene ni espera a ver qué discurso gana. En la región lagunera de Durango, los recorridos y testimonios revelan algo que confronta de frente el relato del “blindaje total”: las zonas rurales siguen expuestas, con puntos de acceso prácticamente libres entre Durango y Coahuila. Los filtros son escasos, intermitentes o de plano inexistentes. Y mientras el micrófono se usa para discutir con la prensa, los caminos siguen abiertos para quienes sí representan una amenaza real.
El derecho de réplica es válido, necesario y está protegido por la Constitución. Pero lo que vimos en Durango no fue réplica: fue un gesto de poder que busca disciplinar a la prensa y mandar un mensaje claro a quien no se acomode a la versión oficial. Cuando un mandatario se siente obligado a usar un evento económico para desahogar molestias, queda claro que la presión social en La Laguna va en aumento, que los discursos de seguridad ya no alcanzan para tapar las experiencias de quienes viven en ejidos, brechas y carreteras, y que el tema de retenes y extorsiones está rebasando la narrativa institucional.
Durango no necesita un gobernador que se sienta víctima de las notas. Necesita uno que escuche lo que las notas están recogiendo en la calle. Y necesita un gobierno que entienda que la prensa no estorba: informa.
Y este deterioro de la relación prensa–gobierno no es exclusivo de Durango: basta recordar que, en Gómez Palacio, la recién estrenada administración morenista de Betzabé Martínez expulsó a todo el equipo de El Siglo de Torreón “por cuestiones de seguridad”, un argumento tan viejo como transparente. Cuando el poder teme al periodista, el problema no es el periodista…
Y para terminar, un llamado atento al señor de nombre de detergente, Ariel Martínez, todavía jefe de Gabinete y quien hace no mucho presumía casi de una “transparencia perfecta” en el Ayuntamiento. Porque mientras arriba se reparten sellos de eficiencia, abajo sigue lloviendo.
Hasta nuestra redacción siguen cayendo quejas contra Urbanismo como lluvia en temporada alta: trámites detenidos, firmas atoradas y su director, Gustavo Muñoz, que —según los propios empleados— simplemente no está. Y claro, todo estalla justo antes del fin de año y del informe del alcalde, cuando la ciudad más necesita que alguien firme.
Dentro de la oficina, el desorden es parte del paisaje. En las denuncias destaca el nombre del famoso “Chema el Gordo Ávila”, señalado por ciudadanos por “agilizar” trámites —dicen— hasta por 10 mil pesos por trámite, expedientes que luego “desaparecen”. Se trata de José María Ávila, coordinador de inspectores, con acceso total en un departamento donde la Ventanilla Universal recibe… pero nadie resuelve.
Y por si hiciera falta prueba del caos, el propio personal anda preguntándose en los chats dónde demonios está el jefe:
“Según viene hasta el jueves… dicen que se va a la madre patria por dos semanas. Y luego vienen las vacaciones de los sindicalizados y valiendo madre los trámites”.
Nadie autoriza más que el director. Todos los trámites traen su firma:
usos de suelo, licencias, números oficiales, licencias de construcción, ingeniería de tránsito… todo.
Urbanismo detenido. Torreón esperando.
Urbanismo en modo flamenco: mucho “olé”, poca firma

Y para terminar, un llamado atento al señor de nombre de detergente, Ariel Martínez, todavía jefe de Gabinete y quien hace no mucho presumía casi de una “transparencia perfecta” en el Ayuntamiento. Porque mientras arriba se reparten sellos de eficiencia, abajo sigue lloviendo.
Hasta nuestra redacción siguen cayendo quejas contra Urbanismo como lluvia en temporada alta: trámites detenidos, firmas atoradas y su director, Gustavo Muñoz, que —según los propios empleados— simplemente no está. Y claro, todo estalla justo antes del fin de año y del informe del alcalde, cuando la ciudad más necesita que alguien firme.
Dentro de la oficina, el desorden es parte del paisaje. En las denuncias destaca el nombre del famoso “Chema el Gordo Ávila”, señalado por ciudadanos por “agilizar” trámites —dicen— hasta por 10 mil pesos por trámite, expedientes que luego “desaparecen”. Se trata de José María Ávila, coordinador de inspectores, con acceso total en un departamento donde la Ventanilla Universal recibe… pero nadie resuelve.
Y por si hiciera falta prueba del caos, el propio personal anda preguntándose en los chats dónde demonios está el jefe:
“Según viene hasta el jueves… dicen que se va a la madre patria por dos semanas. Y luego vienen las vacaciones de los sindicalizados y valiendo madre los trámites”.
Nadie autoriza más que el director. Todos los trámites traen su firma:
usos de suelo, licencias, números oficiales, licencias de construcción, ingeniería de tránsito… todo.
Urbanismo detenido. Torreón esperando.
