La marcha Z desnuda la contradicción de Claudia Sheinbaum

La Generación Z —jóvenes nacidos entre 1997 y 2012— creció conectada, informada y acostumbrada a verificar en tiempo real. Enfrentan salarios bajos, inseguridad, ansiedad, crisis climática, precariedad laboral y un futuro incierto. Por eso marchan. Y por eso no piden permiso. Mientras la Z toma las calles, el poder se inquieta… aunque ese mismo poder también fue joven y marchó alguna vez. Para entender la contradicción, hay que regresar a 1986.

Ese año, Claudia Sheinbaum, entonces estudiante de Física, participó en el movimiento estudiantil del CEU contra el “Plan Carpizo”, que buscaba introducir cuotas en la UNAM.Durante 10 meses hubo protestas, asambleas y un Zócalo lleno. Sheinbaum lo reconoce:

“Participé en el movimiento de 1986/87 (…) Querían elevar cuotas. Nos acusaban de no ser un movimiento legítimo.”

El CEU ganó.El poder tuvo que escuchar. En un video que ella misma publicó en TikTok aparece diciendo:

“No caigamos en provocaciones.”

Son imágenes reales, entrevistas reales. No es IA. Es la hoy presidenta reivindicando su pasado como activista. La ironía es inevitable: si celebraba esa etapa, ¿por qué cuestiona a quienes hoy hacen lo mismo?

Casi cuatro décadas después, el discurso se invirtió. En la mañanera del 13 de noviembre, afirmó:

“Muchos de los promotores no son jóvenes de la Generación Z, sino una operación política financiada desde el extranjero.”

Habla de IA, cuentas falsas y manipulación internacional. El mismo libreto que rechazó en 1986… ahora lo enuncia desde Palacio Nacional.

La Claudia que antes pedía “evitar provocaciones” hoy ve provocación en cada crítica juvenil.


En paralelo llegan los oportunistas como Rubén Moreira, intentando proclamarse cercano al movimiento Z sin que nadie lo invitara.
Muchos dicen que sí es “Z”… pero de “zombi” del viejo régimen: el pasado intentando infiltrarse en el futuro.


La historia tiene versionnes filosas: la Claudia de 1986 marchó por la educación pública y defendió la protesta juvenil. La Claudia de 2025 ve en la Generación Z un posible riesgo y reduce sus movilizaciones a “manipulación digital”.Es el espejo invertido de su propia historia. Y mientras ese contraste se evidencia, los datos son claros: encuestas de 2025 colocan su aprobación entre los jóvenes entre 71% y 86%.
No buscan “funar” a nadie. Son más de 14 millones de jóvenes exigiendo coherencia y respeto. No son bots: es ciudadanía viva.


En este inter, en el 2012, durante #YoSoy132 denunció la manipulación mediática y el desdén del poder. Un año después, un joven Antonio Attolini, entonces exvocero del movimiento, dijo a El País:

“En este país solo se habla de jóvenes cuando hay elecciones y tragedias.”

Años después, la frase sigue siendo exacta… del hoy diputado local de Morena.


La Generación Z marchará este sábado. en distintos puntos del país El poder responde con desconfianza, murallas y sospechas sobre influencias invisibles. Y mientras la exestudiante de 1986 parece olvidar lo que significa ser joven, la juventud de 2025 vuelve a recordarle al país una verdad incómoda: cuando el poder deja de escuchar, la calle vuelve a hablar. Y esta vez lo hace con la misma fuerza que en 1986… solo que ahora incomoda a quien alguna vez marchó por lo mismo.

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