
El secretario vidente que no leyó su propio destino en Torreón

A finales de noviembre, el alcalde de Torreón, Román Alberto Cepeda González, dijo —con tono firme y ceja levantada— que no estaba considerando cambios en su equipo. Eso sí, dejó una advertencia clara: habría consecuencias para quienes “se pusieran de pechito”.
Y alguien se puso.
Este fin de semana comenzaron a circular los enroques discretos, esos que no salen en boletín pero sí en los pasillos del séptimo piso. El dato que más ruido hizo fue la ausencia del secretario particular, Jorge Alejandro Saucedo Alvarado. La versión oficial —o la más amable— hablaba de vacaciones decembrinas y luna de miel. La versión realista, la que se comenta en voz baja y con café cargado, es otra: su regreso ya no sería inmediato… o de plano ya no sería.
Saucedo llegó al equipo de Cepeda con licenciatura en Administración Pública, incorporándose formalmente desde el área de comunicación durante la campaña de reelección. No llegó solo. En ese mismo bloque estaban Toñito Hernández, quien fuera asistente de Román, y Mayker, quienes inicialmente fueron perfilados para ocupar la Dirección de Comunicación. Al final no ocurrió así: únicamente Mayker brincó a esa área como encargado de redes sociales del alcalde; Hernández fue enviado como director de Fomento Económico y Saucedo terminó como secretario particular, pese a no contar con el perfil para estar tan cerca del alcalde, mucho menos para subirse a su camioneta. Hoy los tres comparten algo más que recuerdos de campaña: ya no están en la nómina municipal.
A Toñito, por cierto, le notificaron su salida por WhatsApp. A ellos se les atribuye filtración de información, particularmente a Saucedo y a Hernández, señalados de pasar datos a Saltillo. En la política cepedista eso no es un desliz: es pecado capital. Incluso, para el despido de Mayker, Saucedo habría intervenido sin saber que él mismo seguiría exactamente el mismo camino.
En esta trama aparece otro nombre conocido: Ariel Martínez, todavía jefe de Gabinete —al menos en el organigrama— y uno de los hombres cercanos a Román Cepeda desde su primera administración. Ariel, con otras aspiraciones personales y profesionales, optó por salir del primer círculo, no sin antes tener a Saucedo cerca durante algunos meses. El dato no es menor: Saucedo llegó con salvoconducto de Toñito Hernández, su excompañero de estudios.
El currículum político de Saucedo tiene un giro interesante: antes formó parte del equipo perdedor del panista Marcelo Torres, excontrincante de Cepeda. Ya dentro del Ayuntamiento, según los corrillos, se vendía como experto en tarot y experiencias de médium, lo que le valió el mote de “el vidente”. No queda claro si vio venir su salida… o si prefirió no leer esa carta.
Queda la duda: ¿Saucedo aprovechó la luna de miel para irse a Suiza sabiendo que su silla ya no estaría disponible?
¿O el verdadero movimiento fue el regreso de Ariel Martínez a la Secretaría Particular —otra vez—, porque al final cualquier puesto es digno cuando trae quincena segura?
Se dice, se comenta, que Ariel estaría solo una semana en su viejo puesto, pero todo indica que ya no bajará al cuarto piso como jefe de Gabinete. Tal vez se quede en nombre y nómina, pero no en funciones, despachando ahora desde el séptimo piso y regresando a un ambiente hostil. En política eso tiene un nombre muy claro: estar… pero no mandar. Dicen que ya carga pluma Montblanc y libreta de doble raya, pero con el margen cada vez más reducido.
En Torreón no hubo cambios, dijeron.Solo salidas, regresos, filtraciones, tarot fallido y una luna de miel administrativa.
Y como cereza del espresso: más de uno se irá de vacaciones decembrinas con el Jesús en la boca, preguntándose si para 2026 podrá regresar… o si su gafete ya también quedó en el pasado.
