
Navegan contracorriente: quejas internas sacuden Seguridad y Tránsito en Torreón

Esta columna se convirtió, sin proponérselo, en un buzón de quejas internas. Un espacio donde confluyen filtraciones, señalamientos y presunciones que alcanzan a buena parte de la administración municipal de Torreón, pero que en esta ocasión apuntan con claridad a dos direcciones estratégicas que, según voces internas, operan con holgura dentro de la administración cepedista.
No es un ajuste de cuentas. Es un llamado público a quienes llegaron con encargo desde Saltillo y hoy cargan responsabilidades que no admiten simulación ni distracción.
Desde mayo de 2025, con el arribo de Alfredo Flores a la titularidad de Seguridad Pública, y desde septiembre, con la llegada de la maestra Martha Faz a Tránsito y Vialidad, las quejas internas no disminuyeron. Cambiaron de forma, pero no de fondo.
Seguridad Pública: Alfredo Flores, municiones y silencios
Al interior de la corporación, el señalamiento es directo al comisario Alfredo Flores, a quien acusan de relajar el control interno mientras prioriza la exposición pública. Versiones internas apuntan a que una mujer cercana a su dirección presumiría tener línea directa, y lo haría saber a gritos, facilitando que la información fluya del periférico hasta la Presidencia Municipal. Hay cosas que no se pueden ocultar, dicen: el amor y el dinero, y menos cuando se presumen.
En ese contexto, conviene recordar —aunque algunos finjan no saberlo— que la DSPM no opera de manera autónoma en materia de armamento y municiones. La autorización, el registro y el control corresponden a instancias federales; la entrega se coordina desde el ámbito estatal y se formaliza bajo esquemas institucionales, generalmente en actos públicos donde confluyen el gobernador y el alcalde. Nada de esto es improvisado. Todo debería quedar documentado.
Sin embargo, versiones internas sostienen —con cautela— que esta persona manejaría sin las credenciales necesarias la distribución de municiones, como si se tratara de mercancía de mostrador. Cartuchos que habrían quedado como remanente del paquete anterior de armamento, herencia directa de la gestión del excomisario César Perales: material almacenado, no utilizado, pero que presuntamente se estaría moviendo fuera del protocolo correspondiente.
Con el nuevo embarque, el esquema habría continuado. Municiones entregadas en “cajitas”, con un costo aproximado de 3 mil pesos, integradas en paquetes solicitados por los propios elementos. Versiones internas aseguran que se proporcionan directamente, sin recibos ni bitácoras oficiales. Contabilidad de bolsillo, dicen.
El punto más delicado es el alcance: se habla de compras realizadas por personas de otros municipios, como Gómez Palacio. Munición asignada a Torreón circulando fuera de su jurisdicción no es un descuido menor; es un riesgo operativo y legal.
El entramado no termina ahí. Para el jefe distraído, el llamado es a voltear a ver lo que ocurre en la Academia de Policía, donde pesan señalamientos por presuntas conductas inapropiadas hacia cadetes. Grave, tratándose de quien debería formar en disciplina y ética.
A ello se suma otro señalamiento recurrente: la reventa de uniformes, botas y equipo destinados a nuevos ingresos. Una práctica que, según versiones internas, ya había generado fricciones con su anterior jefe por el lucro con insumos oficiales.
Otro dato que incomoda: presunta doble nómina, cobrando al Estado y al Municipio. Dos cheques, un mismo cargo y demasiadas sombras.
Mientras el discurso oficial insiste en que “antes estaba peor”, el método parecería intacto: municiones, uniformes y recursos públicos convertidos en mercancía privada. Cambian los nombres, no las prácticas.
Tránsito y Vialidad: Martha Faz y el control administrativo
El buzón también apunta a Tránsito y Vialidad. Desde la llegada de la maestra Martha Faz, el reacomodo habría ido más allá del relevo en la titularidad. Versiones internas señalan que se le asignó un elemento proveniente de la DSPM: Lemuel Fernando quien presuntamente comenzó a concentrar funciones administrativas clave.
De acuerdo con los señalamientos, Lemuel ya había desempeñado tareas administrativas en la Policía Municipal, con conocimiento del manejo de recursos, flujos y relación con proveedores. Tras su reubicación, ese conocimiento habría sido aprovechado durante la curva de aprendizaje del nuevo equipo encabezado por la funcionaria saltillense.
Se habla de influencia sostenida sobre trámites, pedidos y decisiones operativas. En lenguaje interno, se dice que “madruga” decisiones, concentra el manejo de recursos y presuntamente se queda con parte del dinero. Son dichos, no sentencias, pero su reiteración enciende alertas.
Documentos oficiales del Ayuntamiento de Torreón confirman que Lemuel Fernando figura como representante en procesos administrativos —licitaciones, juntas de aclaraciones y fallos— tanto en la DSPM (2022–2023) como en Tránsito y Vialidad En al menos un expediente aparece también vinculado a actos donde participa la Contraloría Municipal.
Estos registros no prueban irregularidades, pero sí confirman su presencia formal en áreas donde se administran recursos y contratos.
Quienes lo conocen mencionan su trayectoria laboral previa en el sector comercial, con empleos en Starbucks y H&M. El dato no califica ni descalifica; se aporta como contexto frente a un ascenso acelerado que hoy genera cuestionamientos internos.
No existe acusación formal ni resolución judicial contra las personas mencionadas. Lo que existe es un cúmulo de presunciones, documentos administrativos y un buzón de quejas que ya desbordó esta redacción. Aquí no llegan solo chismes: llegan guerras internas, silencios comprados y materiales que incomodan.
Robos y capturas: cuando el poder se exhibe solo
Y hablando del exceso de flujo de información, desde el primer piso de Presidencia ya hay quienes temen entrar. A esta redacción llegó material que exhibe mañas cuestionables, conductas pequeñas pero constantes donde todo se pierde: desde sobres amarillos, anillos y tabletas, hasta lentes de marca y celulares de alta gama. Pero, sobre todo, credibilidad.
Ante ese escenario, la pregunta es inevitable:
¿por qué no conectar las cámaras internas de Presidencia al C2?
Cuando hay tanto que se extravía, mirar mejor no debería ser opcional.
