
«Es culpa de Calderón»: responsabilidad política asesinada en Gómez Palacio

En Gómez Palacio no solo asesinaron al exsecretario del Ayuntamiento José Ángel Mascorro Muñoz, priísta y operador cercano a Leticia Herrera. También asesinaron —otra vez— la responsabilidad política. Porque mientras un ciudadano gomezpalatino caía ejecutado a plena luz de la mañana, afuera de su propia casa, el Cabildo —encabezado por la administración morenista de Betzabé Martínez— se entregaba a un debate que dijo mucho… excepto lo que debía decir. El crimen cimbró al municipio y, como ocurre con demasiados casos, la claridad prometida no llega. La violencia no distingue colores, pero sí exhibe estilos de gobierno… y sobre todo la incapacidad colectiva para asumir responsabilidades en los tres órdenes de gobierno: el municipal que vigila las calles, el estatal que coordina operativos y el federal que define la estrategia general.
El minuto de aplausos en Cabildo fue correcto. Palabras sobrias del regidor morenista Víctor Habib Araluce. Un momento que aparentaba reflexión. Aparentaba. Porque el panista Francisco Bueno habló de lo urgente: seguridad real, videovigilancia, presupuesto, acciones. Movimiento Ciudadano pidió unidad e inversión seria. La mesa parecía, por fin, encaminarse hacia la discusión que Gómez Palacio necesita. Hasta que entró en escena el guion prestado, ese que desde 2018 se usa como si fuera consigna automática: “Es culpa de Calderón.”
El síndico morenista Juan González, sin titubeos y como si viviéramos atrapados hace 15 años, lanzó: “Mucho de esto se arrastra desde la Presidencia de Calderón…”. Y ahí surge la pregunta inevitable: ¿Ese es el análisis de seguridad para Gómez Palacio en pleno 2025? Porque para llegar hasta aquí, México ya pasó por el sexenio de Enrique Peña Nieto, por los seis años de “abrazos, no balazos” de Andrés Manuel López Obrador, y por el primer año dede Claudia Sheinbaum. Aun así, la culpa sigue viajando hacia el pasado, como si el tiempo político se hubiera congelado en 2012.
Mientras tanto, la violencia actual —la que ocurre bajo este gobierno municipal y con este contexto estatal y federal— ya dejó a un priísta ejecutado a plena luz del día en una colonia de Gómez Palacio. La historia se repite… y quienes hoy gobiernan buscan refugio en un pasado que ya no explica nada. La respuesta de Francisco Bueno fue tan directa: “¿Entonces para qué llegaron a ser Gobierno?”. Y remató subrayando que cada vez que ocurre una tragedia aparece el mismo libreto: culpar a Calderón, acusar politización y evadir lo esencial.
El contraste se vuelve más evidente cuando se revisa el discurso oficial. En agosto, la alcaldesa Betzabé Martínez posaba con el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, prometiendo coordinación total y combate frontal contra la inseguridad y la corrupción policial. Tres meses después, un exfuncionario municipal es ejecutado en la puerta de su casa. Las palabras fueron una; los resultados, otra. Y mientras esa brecha crece, el Cabildo sigue mirando hacia atrás… justo cuando lo urgente está ocurriendo aquí y ahora.
Los delitos se disparan. Las extorsiones crecen. La ciudadanía vive con miedo. ¿La respuesta institucional? El Ayuntamiento aprueba un recorte del 15.4% al presupuesto de Seguridad Pública. Como si la violencia se combatiera con discursos, no con inversión.
Y mientras el Cabildo culpa a Calderón… al priísta José Ángel Mascorro Muñoz lo asesinaron bajo una administración morenista, con un director de Seguridad Pública —Luis Alberto Vázquez Duarte— que llegó al cargo en enero pasado, fuerib compañeros bajo el gobierno de Leticia Herrera, fue mantenido por esta nueva administración. El común denominador, una vez más, no es Calderón: es la falta de resultados consistentes del municipio, del estado y de la federación en su ámbito de competencia.
Mientras los regidores desempolvan culpas desgastadas, la ciudadanía lo tiene claro: Gómez Palacio no necesita explicaciones de archivo. Necesita seguridad. Necesita gobiernos que respondan en su tiempo. Necesita que los crímenes no se repitan con apellidos conocidos ni con discursos reciclados. Porque la violencia que mató a Miguel Ángel Mascorro no es de 2012. La que mató a José Ángel Mascorro Muñoz tampoco lo es. La violencia que lastima hoy es del presente. Y exige respuestas del presente.

Huevos batidos con jamón: el escándalo de #LadyFayuca y la prensa
Lo que empezó como un desayuno para “mujeres emprendedoras”, citado a las 8:40 AM en el cuarto piso, terminó convirtiéndose en el show de #LadyFayuca a las 9:40. A los medios los citaron a las 9:00, pero ya ahí les avisaron que “no habría acceso a prensa”… porque, aparentemente, el huevo batido con jamón no alcanzaba para más mesas. Clase y logística: cero.
El momento estelar llegó cuando una reportera adulta mayor —histórica, de esas que han cubierto más gobiernos que toda la nómina de Comunicación Social junta— se sentó discretamente… y #LadyFayuca intentó sacarla. No se atrevió a hacerlo ella misma: mandó a una asistente. La reportera se negó. Y cuando pidió que fuera la propia funcionaria a decírselo de frente… Lady aplicó la clásica: volteó la cara y fingió no escuchar. Poder sin carácter, manual básico.
Y ahí no acabó la actuación. Enojada por el “desplante”, la funcionaria se fue contra una joven reportera de Radio Torreón, que simplementе conversaba con el diputado Felipe González. Según testigos, le “prohibió” acercarse a funcionarios y la amenazó con “acusarla con su nuevo jefe”… como si Felipe siguiera siendo parte del Ayuntamiento y no un diputado local. Ni en secundaria se ven escenas así. Control sin control.
El giro final: la reportera resultó ser familiar política de la esposa de Felipe González. El diputado, visiblemente molesto, habría advertido que reportaría el comportamiento de la funcionaria por intentar sobajarlo frente a la joven reportera. Porque una cosa es el protocolo… y otra, el abuso de escenario.
Así cerró un desayuno que empezó emprendedor… y terminó en pleito barato, órdenes evaporadas y egos batidos con jamón. Mucho pastel de empowerment, poca educación institucional. Y sí: el plato fuerte fue el show.
