Plazas sindicales, paga hoy, quizá trabajes mañana

En Torreón hay prácticas tan viejas que ya parecen parte del mobiliario municipal: los cambios de logo, las inauguraciones duplicadas… y la venta de plazas sindicales. Cambian alcaldes, cambian colores, cambian discursos, pero hay algo que jamás cambia: el poder de los sindicatos y la economía interna —al menos la de sus líderes— que han construido durante décadas; una economía que existe porque, en el fondo, el gobierno la tolera, la necesita y la mantiene.

El verano de 2022 lo dejó claro. Al menos cinco trabajadores municipales entregaron 60 mil pesos cada uno como anticipo para ser sindicalizados, según quejas directas recibidas por este medio. En todos los testimonios apareció el mismo nombre: Jaime Rodríguez, entonces secretario del Sindicato de Trabajadores Manuales del Ayuntamiento de Torreón, el llamado sindicato minoritario, integrado principalmente por empleados de Parques y Jardines.

En el Ayuntamiento conviven dos estructuras históricas: el Sindicato Único de Trabajadores al Servicio de los Municipios de Coahuila (SUTSMC) y el Sindicato de Trabajadores y Empleados del H. Ayuntamiento de Torreón, más pequeño pero igualmente decisivo. Ambos tienen funciones legítimas, sí, pero también han sido beneficiarios, cómplices o testigos silenciosos de un sistema donde las plazas se mueven con dinero, no con méritos.

El mecanismo funcionaba como una ventanilla paralela: pagas y entras; no pagas y no existes. Y aun pagando, nada era seguro. Varios de los “sindicalizados” fueron despedidos meses después. Hoy exigen volver, no porque tengan derecho, sino porque “ya pagaron”. Absurdo desde afuera, pero totalmente coherente dentro de un sistema donde la plaza se convirtió en producto y el trabajador en cliente.

La figura central de esta historia es Jaime Rodríguez Olivares, quien no solo operaba la estructura del sindicato minoritario, sino que además mantenía un ingreso muy por encima del de cualquier jardinero o empleado común. Según el Portal de Transparencia del Ayuntamiento de Torreón:
👉https://es.scribd.com/document/801561587/Nomina-Desglose-Inter-Octubre-2024-Netos#:~:text=010155%20RODRIGUEZ%20OLIVARES%20JAIME%20DIR,75%20Z%20ISSSTE

Rodríguez Olivares, como Director Técnico Electromecánico adscrito a Espacios Públicos, tenía un sueldo base mensual de $10,929, más una compensación garantizada de $49,851 pesos, lo que elevaba su remuneración bruta a aproximadamente $60,780 pesos mensuales.

El dato más revelador proviene de la nómina municipal de octubre 2024, donde su percepción neta quincenal aparece como $61,301 pesos, más compensaciones por antigüedad desde 1992 y prestaciones adicionales. Como dirigente sindical, según trabajadores, aspiraba a tres cosas puntuales: no trabajar, sentarse en la oficina del sindicato y no recibir órdenes de nadie.

Y aquí encaja una expresión que retrata todo el sistema: “vivir de gobierno”. No es un modismo local ni un mexicanismo aislado; es una frase coloquial que describe a quienes dependen económicamente del sector público no por productividad, sino por estar incrustados en estructuras que garantizan sueldos, compensaciones, antigüedades y privilegios… aunque el trabajo real sea mínimo o inexistente. En el sindicalismo municipal, “vivir de gobierno” no es una frase: es un método, un esquema y, para algunos, un estilo de vida.

Cuando estalló el escándalo por la venta de plazas, Jaime hizo lo que mejor sabía hacer: desaparecer. No tomó llamadas, no respondió mensajes y no devolvió un solo peso. Cuando lo llegan a topar en Presidencia, repite frases aprendidas del viejo estilo político —muy al estilo del secretario del Ayuntamiento, Eduardo Olmos—:
“Yo te aviso”, “Ya lo ando viendo.”

En 2025 llegó el relevo con Gerardo Barraza, nuevo secretario del Sindicato de Trabajadores Manuales. Pero nada cambió. Barraza repitió el libreto, lavándose las manos con la misma frase: “Eso no ocurrió en mi gestión.”
Y bajo esa excusa evita responder a los afectados y atiende únicamente sus propios compromisos internos.

El mercado negro de plazas continúa activo. Cuando un sindicalizado ya no usa su plaza, la vende. Y no la vende barata. Testimonios confirman tarifas entre $300 mil y $450 mil pesos, con casos de venta en $100 mil pesos como “precio de amigo”. Así operaba Jaime Rodríguez, quien, tras dejar la secretaría sindical, dejó un movimiento interno imposible de ocultar: su plaza —la misma que durante años le permitió operar, cobrar y desaparecer— lo mandaron a la plaza de la Santiago Ramírez.
La plaza laboral se ha vuelto una subasta silenciosa; el trabajo digno, una simple oferta y demanda.

Pero el negocio no es nuevo. Los sindicatos municipales no solo defienden derechos; también funcionan como aparatos políticos sostenidos, tolerados y utilizados por cada administración. Porque en Torreón, los sindicatos se quedan por una razón simple: los mantiene el gobierno… y el gobierno los necesita cuando conviene.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *