
El Informe que desnudó a Coahuila: alianzas por conveniencia, no por convicción
El Segundo Informe de Manolo Jiménez dejó una escena que habló sola: aplausos medidos, invitados escogidos con bisturí y alianzas que se muestran más por necesidad que por afinidad. Entre los presentes destacó la senadora morenista Cecilia Guadiana, quien sigue haciendo malabares para posicionarse rumbo al 2030. Hace apenas unas semanas le aplaudió a Luis Fernando Salazar en Torreón, y ahora apareció sonriente como invitada especial del gobernador priista, acompañada de su esposo Américo Villarreal. Más de uno pensó que ambos venían enviados porque Claudia Sheinbaum no mandó representante. La que salió molesta fue Verónica Martínez, omitida olímpicamente en los agradecimientos del Congreso. La diputada federal carga dos enojos: el desdén público y el rumor de que querían lanzarla a competir contra Antonio Attolini en el Distrito 9, ella desea el 10, el residencial. Pero si PAN y PRI van juntos, ese espacio sería para Gerardo Aguado.
Mientras en Saltillo movían sillas Morena celebra haberse adelantado en el proceso electoral rumbo al 2026. Pero lo suyo no fue avance, fue un salto al vacío: padrón inflado por las mismas lideresas de siempre, ahora disfrazadas de COTs; candidaturas pactadas en lo oscurito; y grupos confrontados por lo que califican como imposiciones en cadena. l. El reparto de los llamados coordinadores territoriales —candidaturas disfrazadas al Congreso local— terminó en más reclamos que abrazos. Morena se quedó once distritos y entregó cinco al PT de Ricardo Mejía Berdeja, quien hace apenas unos meses estuvo a punto de ser cepillado de la alianza por Luisa María Alcalde, pero terminó colándose. Incluso dentro de la 4T reconocen que los únicos nombramientos que no provocaron pleito fueron los de Delia Hernández en el Distrito 4, Antonio Attolini en el Distrito 9 y Alberto Hurtado en el Distrito 15; todo lo demás fue incendio puro.
En este caos, Morena Coahuila tiene su propio núcleo duro: el poder con apellido. El triángulo Hernández–Cuevas controla padrón, estructura y finanzas. Lo integran Fernando Hernández, aspirante del Distrito 11 y operador estatal; su esposa, la diputada federal Cintia Cuevas; y su cuñada Nancy Cuevas, responsable de Finanzas del partido. En los discursos se habla de unidad; en la práctica, la unidad es familiar.
El golpe más fuerte al relato oficial vino del PT en Torreón. Su coordinador, Gerardo Calvillo, dijo en público lo que muchos murmuraban: las encuestas internas de Morena fueron escenografía. Según su versión, Shamir Fernández rondaba el 75 %, él mismo cerca del 15 % y Fernando Hernández apenas alcanzaba un dígito. A pesar de eso, la constancia fue para él. Calvillo lo resumió: “Es una burla; no es candidato del pueblo”. Y añadió el dato que incomoda en La Laguna: Fernando no es lagunero ni coahuilense, sino chilango. Para la militancia local, eso no es representación, es incrustación. A Calvillo no lo acompañó nadie porque el PT de Mejía sí logró meter a los suyos: su compadre Tony Flores en el Distrito 6, su ahijado Luis Ortiz en el Distrito 8 y nuevamente Diana Hernández en el 13.
Mientras todo esto ocurre, Luis Fernando Salazar feliz por meter a varios candidatos , pero j uega su partida aparte en Torreón, se promueve como “soldado de la presidenta”, recorre colonias, ocupa cualquier micrófono disponible y se multiplica en entrevistas. Su estrategia es clara: hablar mucho, gastar poco y mantenerse visible gracias al respaldo discreto de empresarios laguneros simpatizantes de la 4T. Después del tropiezo del 2021 —cuando lo bajaron de la candidatura y su papá tuvo que entrar de emergente— aprendió la regla: no adelantarse, pero tampoco desaparecer. En el after de su informe, realizado en una casa de Las Villas, varios asistentes lo vieron pasar la charola.
En la militancia, el enojo ya no se esconde. En redes abundan mensajes como “Que nos escuche la doctora Claudia, no queremos imposiciones”, “El pueblo vota por el obradorismo, no por ustedes” y “No repitan la historia del PRI”.. Se dice en corto y también en abierto: Morena se está pareciendo demasiado al PRI… pero con filtros de Instagram.
En la pasarela política del Segundo Informe de Manolo también quedó claro algo que atraviesa a todos los partidos: la clase política no se acomoda por color, sino por conveniencia.Pocos laguneros asistieron , Hugo Dávila, Xavier Herrera, los diputados federales Verónica Martínez y Memo Anaya mas los diputados locales presentes por obligación, alcaldes que sí fueron y ausentes estratégicos —como , Román Cepeda, quien prefirió autoasignarse una “brigada” para evitar el viaje a Saltillo— queda evidente que cada quien defiende la silla que quiere, no la sigla que presume. Morena presume afiliación histórica, pero en Coahuila la casa guinda gotea, truena y rechina. Morena sigue aceptando cascajo reciclado, imposiciones internas y padrón inflado, sus peores enemigos no están enfrente… están adentro.
