Fuego amigo en Morena: Luis Fernando Salazar estorba al grupo de Mejía

La tregua “hipócritamente navideña” duró menos que un café tibio. Apenas este 26 de diciembre, el fuego amigo volvió a encenderse, esta vez desde redes sociales vinculadas a grupos cercanos a Ricardo Mejía Berdeja. En política no hay silencios gratuitos: cuando se acercan definiciones, los temas incómodos no se archivan… se reactivan.

El fondo del ruido no es casual. Desde la 4T, el PT y el propio Luis Fernando Salazar Fernández se mueven en una campaña anticipada rumbo a la alcaldía de Torreón, disfrazada de “difusión” para evitar sanciones.
El cálculo es claro: primero la alcaldía, donde su principal contrincante no es el PRI, sino el PT de Shamir Fernández. Después —si la reforma electoral lo permite— la gubernatura. En ese tablero, no solo Cecilia Guadiana aparece como obstáculo: también el propio Mejía Berdeja.

Ahí está la clave. Desde grupos de difusión afines a Mejía no dejan morir el tema de la CATEM, sus anexos y las relaciones políticas que giran alrededor de La Laguna.
El mensaje es directo: el tema estorba. Estorba para los proyectos rumbo a la gubernatura y estorba para la pelea municipal. Aquí nadie dispara al aire: se apunta a quienes son vistos como obstáculos.

En ese tablero reaparece el nombre del senador Luis Fernando Salazar Fernández, político de largo colmillo y chapulineo conocido: PAN ayer, Morena hoy. Nada nuevo.
Lo que vuelve a incomodar son los vínculos personales y políticos que desde hace años se le señalan en el debate público y que ahora regresan con más ruido.

En redes se retomó su presunta cercanía con Edgar Rodríguez Ortiz, alias “El Limones”, hoy detenido y señalado como jefe de plaza de Los Cabrera en La Laguna y Durango. Se habla de seguimientos, mensajes en Instagram y contactos borrados con prisa tras la detención.
No es sentencia; es contexto. Y el contexto alimenta sospechas.

El círculo no termina ahí. También se menciona su cercanía con Jesús Andrés García Sotomayor, conocido como “Chuy Sotomayor Jr.”, funcionario de bajo perfil en Mejora Coahuila (Torreón), cuyo ascenso político veloz e inexplicable incomoda a cuadros tradicionales. En el mismo relato aparecen lazos familiares y relaciones con operadores cuestionables, según versiones periodísticas y de redes.

La escena roza la caricatura política cuando ambos coinciden —y forman parte del llamado “club de las 5 a.m.”— en espacios privados como el gym fifi Burst: fotos, cercanías y camaradería sin colores partidistas.
Para la militancia, el mensaje es brutalmente honesto: los partidos son utilería cuando los intereses son compartidos.

Así reaparece en La Laguna el ya conocido “Partido Chocomilk”: chapulines de todos los colores, ideologías licuadas y un pragmatismo sin siglas. Hoy Morena, ayer PRI, antier PAN.
Lo constante no es el partido: es la red.

Y la CATEM termina siendo moneda de cambio. Este grupo sindical de la 4T estorba en el pasado y en el presente de varios políticos, incluido Shamir, quien busca borrar esa huella incluso —se dice— presionando a columnistas para retirar referencias que ya circulan ampliamente en redes.

Conviene decirlo sin rodeos: en política y delincuencia organizada, las coincidencias rara vez son casuales. Por eso el fondo del asunto no es el chisme, sino la exigencia institucional:
si hay investigaciones, que se transparenten; si no las hay, que se explique.
Lo que ya no funciona es el silencio selectivo ni la indignación a conveniencia.

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