
Rituales de supervivencia política para llegar vivo al 2026

Si creías que el Año Nuevo se arregla con uvas y buenos deseos, espera a ver cómo lo hace la política: aquí la abundancia se pide con incienso… y se cobra con presupuesto. En temporada electoral la fe sube, regresan los consultores como brujos de poder que leen encuestas como si fueran tarot— y los rituales se renombran con una palabra elegante: estrategia. Hay una verdad incómoda que nadie pone en la mesa: en el poder, la suerte dura exactamente lo que aguanta el expediente.
Los rituales de fin de año de los políticos no son tan distintos a los del resto de la población (no, no todos sacrifican gallinas): buscan buena suerte, éxito y, sobre todo, abundancia, aunque haya que hacer costales de lentejas y barrer hacia adentro. La diferencia es que, en política, la prosperidad no se mide en amor o salud, sino en gobernabilidad, votos y control de daños, el verdadero santo patrono del oficio.
No existen rituales exclusivos del poder, pero sí prácticas que se repiten cada fin de año cuando el calendario empieza a parpadear rumbo a 2026. Antes fueron augurios; hoy son agendas, discursos y decisiones que se repiten como mantras. En año electoral, la superstición se llama estrategia y la magia se disfraza de gobernabilidad.
Para Román Cepeda, alcalde de Torreón, sobrevivir —políticamente— al 2025 no fue poca cosa. Reelecto, con oficio acumulado y un desgaste natural encima, cerró el año obligado a elegir entre estabilidad o nerviosismo. Parte de su gabinete fue movido como cubo Rubik en año complicado y la tentación de “mandar señales” sigue rondando el escritorio. El mensaje es claro, aunque no siempre se diga en voz alta: mover por presión desgasta más que sostener por método, pero el impulso ahí está, como café cargado a las tres de la mañana.
Por ello se le sugiere el ritual “San Expedito del Control de Daños” para sobrevivir al 2026: a las 23:59 se apaga el micrófono, se guarda el discurso reciclado y se abre el expediente que nadie quiere leer, sin asesores ni pretextos. Se revisa una encuesta sin maquillaje, se come una uva por cada error no corregido y se guarda silencio 24 horas para ver quién se desespera sin ti. Moraleja: la fe ayuda, pero para llegar vivo —políticamente— al 2026, el verdadero amuleto sigue siendo método, memoria y nervios fríos.
Para Betzabé Martínez, alcaldesa de Gómez Palacio, el contexto de seguridad no da tregua ni concede silencios. Policías baleados, ajustes y señalamientos alrededor del jefe de la corporación heredado, un asesinato de alto impacto de un exfuncionario y la presencia constante de la CATEM, con el nombre ligado de Edgar N., “El Limones”, colocan a su gobierno bajo lupa permanente. Las redes sociales avanzan más rápido que cualquier patrulla y el margen de error se mide en minutos: aquí, cada silencio se interpreta como omisión y cada retraso como incapacidad.
Por ello se sugiere el Ritual de Seguridad “San Algoritmo de la Respuesta Inmediata”. Consiste en hablar antes de que hablen por ella: datos verificados al momento, vocería inmediata, claridad sobre mandos, coordinación interinstitucional visible y postura firme frente a hechos violentos, especialmente cuando hay policías heridos, reacomodos en la jefatura y liderazgos sindicales observando. Publicar primero desactiva rumores; llegar tarde los multiplica. En seguridad, la fe ayuda, pero para sobrevivir políticamente al 2026 el amuleto real es información a tiempo, control del relato y acciones frías.
Para Susy Torrecillas, alcaldesa de Lerdo, el juicio más básico y más implacable no pasa por el Cabildo ni por redes: pasa por la calle. Basura, drenaje y alumbrado pesan más que cualquier discurso emotivo o gira protocolaria. Aquí no hay margen para la épica; si el servicio falla, la ciudadanía sentencia en automático. Su realidad es simple: cuando los servicios funcionan, no hay crisis; cuando fallan, no hay comunicado que alcance. Se le sugiere el Ritual de Servicios Públicos “San Camión Puntual del Amanecer”. Consiste en una regla inflexible: que el camión pase antes de que despierte Facebook, que el drenaje funcione antes de que huela y que el alumbrado prenda antes de que oscurezca el ánimo ciudadano. Sin veladoras, sin discursos: solo rutas claras, horarios visibles y mantenimiento preventivo. En servicios públicos la fe no sirve; el verdadero amuleto es puntualidad, constancia y trabajo silencioso.
Para el gobernador de Coahuila, Manolo Jiménez, el verdadero Año Nuevo político no se celebra el 31 de diciembre, sino hasta junio, con la renovación del Congreso 2026. Ahí se define si hay gobernabilidad… o bloqueo con moño opositor. No hay veladoras ni promesas místicas: su lógica es aritmética. El contexto exige sumar distritos realmente competitivos, restar candidaturas recicladas (las que pesan más de lo que aportan) y multiplicar disciplina territorial antes de que arranque el ruido. Para ello se sugiere el ritual “La Calculadora del Territorio”. En política legislativa, la fe estorba; el amuleto real es número, orden y control del territorio.
Para el gobernador de Durango, Esteban Villegas, el verdadero Año Nuevo político es quedar bien con la 4T nacional, para ser tomado en cuenta, luego de que este año surgieron supuestos vínculos con grupos delictivos en redes sociales y hasta en folletos. No hay veladoras ni juramentos ideológicos: su lógica es técnica. El contexto exige coordinar con la 4T de la presidenta sin diluir autoridad local, respaldar proyectos y anticiparse a los reclamos antes de que se vuelvan agenda nacional.
Para ello se sugiere el ritual “El Espejo de la Lealtad Técnica”: revisar cada proyecto frente a cifras, evaluaciones y tiempos reales; si el reflejo muestra resultados, se avanza; si solo devuelve aplausos, se corrige. En política federalizada, la fe confunde; el amuleto real es evidencia, equilibrio y control del propio territorio.
Y p ara la presidenta Claudia Sheinbaum, el 2026 no es una fecha: es una vitrina internacional . Con el Mundial a la vuelta de la esquina y una confianza pública golpeada por accidentes ferroviarios, otra herencia de López Obrador que exhibe fallas de la 4T, el margen para el error simbólico es cero. Aquí no hay espacio para discursos adelantados: cada falla viaja más rápido que cualquier tren.
Sugerencia de ritual — “El Listón que No se Corta”. Consiste en una regla simple y brutal: no inaugurar nada antes de que funcione. Peritajes independientes, pruebas reales, atención integral a víctimas antes de cualquier discurso. Si la obra resiste la realidad, se corta el listón; si no, se corrige sin micrófono. Moraleja: en infraestructura y ante el mundo, la fe no convence; el verdadero amuleto es seguridad comprobada, responsabilidad y tiempo bien usado. Porque los trenes no creen en promesas… y el mundo tampoco.
Algunos rituales serán más ordinarios: correr con maletas, usar calzones rojos o amarillos, aventar lentejas o esconderse debajo de una mesa. En política, en cambio, el ritual es otro: sobrevivir sin dejar huella en el expediente. La política presume racionalidad, pero siempre cree en rituales. La diferencia entre superstición y poder es sencilla: planeación, datos y rendición de cuentas. Todo lo demás es humo… y el humo no gana elecciones, aunque maree un rato.
Mañana seguimos con otros rituales locales —y con lo que algunos estarían dispuestos a sacrificar para convertirse en candidatos. Porque en el poder, la fe ayuda… pero el interés manda.
