
«Mano firme» en el discurso, temblorosa en los retenes de La Laguna de Durango

“Mano firme” en el discurso, “temblorosa” en los retenes
El gobernador de Durango, Esteban Villegas Villarreal vuelve al ruedo político con discursos que suenan más a spot de campaña que a estrategia de seguridad. Frente a las cámaras, lanza advertencias con tono enérgico, pero detrás de los reflectores , la realidad es más cruda: la extorsión sigue siendo la moneda de cambio en Durango y La Laguna.
Villegas prometió “mano firme”, incluso evocó con orgullo el gesto con el que un día sujetó a Claudia Sheinbaum, pero los ganaderos, agricultores y empresarios laguneros respondieron sin rodeos: menos show, más Estado. Pidieron auditorías a la Vicefiscalía de Lerdo, cifras reales de casos judicializados y acciones verificables contra los cobros en retenes. En su comunicado conjunto, exigieron lo que el gobierno no ha sabido ofrecer: seguridad sin maquillaje, justicia que no solo hable frente al micrófono, sino que actúe frente al delito.
Los testimonios son unánimes. Transportistas y productores relatan cómo los “retenes de seguridad” se convirtieron en peajes del crimen:
“A nuestros trabajadores los paran a cualquier hora. Les quitan lo que ganaron o los amenazan. Ya no es un rumor, es rutina”, denunció un ganadero.
Mientras el gobernador pide que “le avisen” de las extorsiones, la pregunta cala:
¿Desde cuándo los ciudadanos deben pedirle permiso al miedo para ser escuchados?
La realidad se impone
El caso más reciente expuso la contradicción. Horas después de su discurso junto a la alcaldesa Betzabé Martínez, se detuvo a tres personas por cobro de derecho de piso en Lerdo. Un logro tardío que apenas confirma que el problema existe, aunque el gobierno insista en minimizarlo.
Y para colmo, el robo de una camioneta Tahoe frente al Alsuper del Campesino en Torreón reveló la otra cara del sistema: la impunidad sobre ruedas. El vehículo cruzó filtros sin ser detenido. Fue recuperado gracias al chip satelital, no por los operativos.
“La policía solo llegó para la foto”, dijeron los testigos.
Conclusión: la sombra del Estado
El balance es incómodo:
El mérito fue del software, no del uniforme.
La seguridad depende más de la tecnoloMientras el gobernador de Durango, Esteban Villegas Villarreal, lanza advertencias frente a las cámaras, los ciudadanos enfrentan una realidad más dura que cualquier discurso: la extorsión no cede, la confianza ciudadana se desvanece y el gobierno estatal parece más preocupado por el tono de voz que por los resultados.
La semana pasada, el todavía mandamás priista Villegas lanzó un mensaje “firme” —así lo llamó— dirigido a los malandros y a los que se creen malandros:
“Si hay empresarios del campo o del ganado a los que extorsionen, nomás que me digan y yo lo arreglo. Que no se metan con Durango ni con Gómez Palacio. Tengo la mano firme —como con la que una vez sujeté a la presidenta Sheinbaum— y no me voy a detener.”
El discurso fue sonoro, pero no convincente.
A los pocos días, ganaderos, avicultores, agricultores y empresarios laguneros respondieron con un comunicado conjunto. Exigieron algo más que frases de campaña: acciones concretas, resultados verificables y justicia visible.
Pidieron cifras reales de casos judicializados, auditorías a la Vicefiscalía de Lerdo, y sobre todo, atención directa a los productores extorsionados. En resumen: menos show, más Estado.
Las denuncias no son nuevas. Desde hace meses se habla de extorsiones en filtros y retenes entre Gómez Palacio y Lerdo. Transportistas y ganaderos aseguran que el cobro de “cuotas” se ha vuelto parte del camino.
“Nuestros trabajadores salen a las dos o tres de la mañana y los detienen por cualquier motivo. Les piden dinero, incluso les quitan lo que ganaron en toda la noche. Es indignante”, relató uno de ellos.
La iniciativa privada lagunera ya no está dispuesta a seguir callando.
Llevan nueve meses de espera, lo que dura la gestación de un bebé, entre solicitudes sin respuesta y una burbuja institucional que no huele a campo ni a miedo.
Mientras el gobernador promete resolver las extorsiones “si le avisan”, queda la pregunta:
¿Desde cuándo los ciudadanos deben pedirle permiso al miedo para ser escuchados?
Porque el problema no es la voz del gobernador, sino el silencio de su gobierno.
El poder no se mide por el aplauso, sino por la capacidad de proteger a quienes pagan los impuestos que financian ese aplauso.
Para colmo, un día después de que Villegas pronunciara su discurso frente a la alcaldesa morenista Betzabé Martínez, se reportó la captura de tres personas que cobraban derecho de piso en Lerdo.
Un reflejo de que el problema no está resuelto… apenas empieza a reconocerse.
Y como si el guion repitiera escenas del 2010, el sábado se registró el robo de una camioneta Tahoe, a plena luz del día, frente al Alsuper Plus del Campesino, en Torreón.
El vehículo fue localizado horas después en Lerdo, pero no gracias a ningún operativo ni coordinación Coahuila–Durango. Pasó por varios filtros sin ser detenido —esos mismos donde, según testigos, solo paran a los pobres, nunca a los que traen camionetas nuevas.
Aunque el departamento de Comunicación Social de la Policía de Torreón presumió el “éxito” en un boletín, ninguna Fiscalía se pronunció. Fueron los propios ciudadanos quienes contaron lo que realmente ocurrió:
“El sistema antirrobo del vehículo lo apagó a distancia. Los ladrones huyeron y la policía solo llegó a posar para la foto”, narraron los testigos.
La unidad se recuperó, sí, pero gracias al chip satelital, no a la mano firme.
El mérito fue del software, no del uniforme.
Y así, mientras el gobernador Villegas insiste en que todo está bajo control, la calle repite una verdad incómoda: en Durango, el miedo tiene más presencia que el Estado.gía privada que del aparato público.
Y mientras Esteban Villegas sigue ensayando discursos de “mano firme”, el miedo —ese que no da conferencias ni usa micrófono— gobierna las calles de Durango.
