
San Judas, brujas y pactos del poder




En Coahuila, esta semana se mezclan la fe, los sustos y la política.
Mientras los fervientes laguneros preparan velas, reliquias y asado rojo para honrar a San Judas Tadeo, este 28 de octubre los políticos de “fe” harán sus propios malabares para que el santo de las causas perdidas los ilumine ante el comité estatal de sus partidos, rogando un milagro rumbo a las diputaciones locales de 2026.
Porque en estas fechas, unos peregrinan al templo… y otros al padrino.
El laboratorio del poder
Para los menos religiosos —y más cínicos—, la política coahuilense se parece cada vez más a un experimento de científico loco.
Perfecta para esta semana de Halloween, donde la resurrección de los mismos muertos políticos ya se volvió tradición.
Ahí, entre cables, encuestas y dedazos disfrazados de democracia, los partidos intentan revivir un cuerpo que ya no responde: el del político carismático, honesto y de palabra.
Pero cada elección llega con el mismo experimento fallido.
Los “científicos del poder” —esos que juran representar al pueblo— vuelven a ensamblar candidaturas con piezas de amiguismo, nepotismo y obediencia.
Y como buenos aprendices de Víctor Frankenstein, creen que pueden crear vida política a partir de pedazos de lealtades muertas.
El reciente cierre del registro de aspirantes a coordinaciones distritales de Morena en Coahuila confirma lo de siempre: el experimento no cambió, solo le cambiaron el nombre al frasco.
Entre los apuntados están Antonio Attolini Murra, quien busca seguir cobrando en el Congreso —ahora por elección popular y no plurinominal— en el Distrito 9; el regidor Gabriel Francisco, por el Distrito 10, aprendiz de Shamir Fernández; y Pily de Anguiano, esposa de éste último.
Los mismos nombres, las mismas máscaras, en una fiesta donde los disfraces ya no engañan a nadie.
Y aunque las bases siguen esperando participación real, las decisiones se cocinan lejos del territorio… y más cerca de Saltillo, donde los pactos huelen más a incienso político que a voluntad ciudadana.
Pactos y herencias
Las candidaturas de Morena y el PT para 2026 se cocinan a contrarreloj.
Ya hay nombres, distritos y padrinos, pero también una lucha sorda entre grupos que se clavan estacas por la espalda en nombre de la “unidad”.
Por un lado, las disputas internas encabezadas por Diego del Bosque; por otro, las maniobras de Ricardo Mejía Berdeja, moviendo sus piezas desde la sombra como si el tablero aún fuera suyo.
En escena también aparecen los grupos de los senadores Cecilia Guadiana de Villarreal y Luis Fernando Salazar, el matrimonio Shamir Fernández–Pily de Anguiano, y la dupla Cintia Cuevas–Fernando Hernández, que hoy controla presupuesto, estructura y favores dentro de Morena.
Todos juegan el mismo juego: acumular poder local para negociar en la elección que realmente importa —la federal de 2027—.
Porque la del 2026, la que definirá al Congreso que acompañará a Manolo Jiménez en el cierre de su sexenio, ya tiene destino escrito: será, según los murmullos entre Saltillo y Palacio Nacional, una elección pactada y huérfana.
La elección huérfana
La del 2026 será una elección sin madre ni milagro, una elección huérfana.
Sin padrinazgo ciudadano ni emoción real, solo con la vieja estructura maquillada de renovación.
Voces del más allá susurran que a Manolo Jiménez le interesa más consolidar su grupo político de cara al cierre del sexenio; mientras que a Claudia Sheinbaum le ocupa la contienda federal de 2027, donde se renovará el Congreso y, quizá, se conquiste alguna que otra alcaldía norteña.
Se dice —como todo buen rumor de ultratumba política— que los acuerdos ya están escritos:
2026 para Coahuila, 2027 para la Federación. ¿Será?
Y mientras unos rezan a San Judas y otros confían en los pactos —no de sangre, pero sí de poder—, la elección avanza entre promesas recicladas, encuestas fantasma y una ciudadanía que ya no distingue entre un mitin y una misa de difuntos.
Entre milagros, brujas y miedos
En política, no hay milagro: hay método.
Nada es gratis —ni el agua en pipas ni las transmisiones en streaming—.
Hasta la fe tiene patrocinador.
