Al Café Político: dos años, 834 columnas y un café que no se apaga

En La Laguna las noticias vuelan, los secretos tienen fecha de caducidad y los políticos todavía creen que lo que se dice a puerta cerrada se queda entre cuatro paredes o entre los residuos de una taza de café. ¡Qué ingenuidad! Aquí basta un “¿ya supiste?” para destapar pleitos, traiciones, romances políticos y hasta candidaturas que todavía no existen. Y no es que seamos chismosos… bueno, sí, y hasta las encuestas nos echan de cabeza.

Lo dice el Ranking del Carácter Mexicano 2026, de TResearch y Consulta Mitofsky, esa encuestadora que tanto les encanta contratar a los políticos: el 17% de los coahuilenses se reconoce como chismoso y en Durango el 15%, frente al promedio nacional del 16%. La encuesta no ofrece cifras específicas de La Laguna, pero por estos rumbos basta una confidencia para que comience la conversación. Y si se trata de política, mejor todavía.

En estos dos años de Al Café Político hemos acumulado un estimado de 834 columnas: unas 730 de El Espresso del Día y 104 de El Bastón del Mando. Más de 830 oportunidades para contar historias, incomodar al poder y ponerles nombre y apellido a los acontecimientos. Algunas columnas sobre asuntos muy locales han superado las 100 mil vistas. No será una prueba científica de lo intrigantes que somos, pero vaya que alimenta la sospecha. También hemos abordado noticias nacionales, reflexiones y temas sociales, aunque los pleitos municipales, los cambios de funcionarios y las historias detrás de los políticos tienen su público. Y cuando aparecen nombres, apellidos y algún expediente incómodo, el café se vende solo.

El gusto por enterarse de la vida ajena, conocer las redes de corrupción, descubrir acuerdos bajo la mesa y saber quién mueve los hilos del poder tiene una explicación más profunda. Desde las bancas de las plazas, las mesas de los cafés y las barras de los bares hasta los grupos de WhatsApp, compartimos historias para entender nuestro entorno, identificar alianzas, conocer traiciones y descubrir quién juega con quién. En política interesa tanto lo que se anuncia frente al micrófono como lo que se negocia cuando se apagan las cámaras, especialmente cuando hay dinero público, favores y compromisos de por medio. Porque una cosa es contar lo que se escucha y otra demostrar lo que se denuncia.

Ahora existe otro participante que nunca duerme ni necesita café, pero que se ha convertido en mi gran aliado: la inteligencia artificial. Puede revisar documentos, relacionar nombres, detectar contradicciones, automatizar tareas, ahorrar recursos y recuperar antecedentes que algunos funcionarios preferirían borrar. Sin embargo, tampoco es una fábrica de verdades: puede equivocarse y defender sus errores con una seguridad que ya quisieran ciertos políticos durante sus informes de gobierno. ¿De qué sirve tener tanta información si perdemos la capacidad de dudar? La tecnología puede procesar miles de declaraciones en segundos, pero no sustituye el criterio, la ética ni la responsabilidad de comprobar los hechos. La inteligencia artificial puede ayudar a investigar, pero la conciencia y la responsabilidad de lo que se publica siguen siendo humanas.

Por estas páginas han pasado gobernadores, alcaldes, diputados, regidores, funcionarios, empresarios y aspirantes a cuanto cargo aparece. Hasta lideresas del PRI y Morena; del PAN, ya ni con moscas aparecen. Algunos por sus aciertos, otros por sus metidas de pata y varios tantas veces que ya merecen tarjeta de cliente frecuente. Lo curioso es que muchas historias llegan de los mismos círculos políticos donde todos se saludan de “hermanito” y “compadrito”, pero no todos se quieren tanto como aparentan. En la política lagunera abundan los abrazos frente a las cámaras y las confidencias a espaldas del compañero. Hay amistades que parecen eternas, hasta que aparece una candidatura.

Y aquí surge otro dilema: ¿de quién es realmente una historia cuando todos participan en contarla? Las versiones se construyen entre funcionarios, colaboradores, adversarios y ciudadanos. Unos aportan documentos, otros comparten recuerdos y algunos solamente quieren ajustar cuentas. La labor periodística consiste precisamente en separar esos intereses de los hechos. Ni la inteligencia artificial ni el más experimentado reportero deberían confundir una confidencia con una prueba.

Dos años después, la conclusión es sencilla: las herramientas cambian, las redes evolucionan y la inteligencia artificial seguirá transformando la manera de investigar y comunicar. Pero la curiosidad, las ambiciones, las contradicciones y las traiciones políticas son bastante más antiguas que cualquier algoritmo.

Y en lo personal, estos dos años también tienen un significado especial. Me habrá dado un infarto cerebral y ahora utilizaré un bastón para caminar, pero mi cerebro sigue recuperándose, trabajando y haciendo preguntas incómodas, aunque a muchos no les guste. La vida me obligó a bajar el paso, no a guardar silencio. Perdí velocidad en las piernas, pero no las ganas de investigar, escribir y ejercer el periodismo. Algunos quizá pensaron que con el infarto también se apagaría esta cafetera. Se equivocaron: sigue funcionando, aunque ahora tenga inteligencia artificial como asistente y un bastón para mantener el equilibrio.

Porque una cosa es necesitar apoyo para caminar y otra muy distinta necesitar que alguien me diga qué pensar o qué publicar.

Las máquinas podrán aprender a contar historias, pero todavía son los políticos quienes se empeñan en protagonizar las más increíbles. Y mientras haya algo que investigar, preguntar o explicar, en Al Café Político seguirá sirviéndose café cargado, con humor negro, memoria y preguntas incómodas.

Al final, el bastón me ayuda a mantenerme de pie; las convicciones, a no ponerme de rodillas. Y eso, para ciertos políticos, puede resultar bastante más incómodo que las 834 columnas juntas.

Notaría 45: van por exfuncionarios de Urbanismo de Torreón

En Torreón ya cambiaron al director de Urbanismo y al contralor, pero la denuncia relacionada con el fraude inmobiliario de la Notaría 45 se resiste a recibir cristiana sepultura. Los funcionarios pueden entregar el gafete, aunque las posibles responsabilidades no necesariamente desaparecen con la caja de mudanza.

Al Café Político obtuvo una copia de siete páginas de un escrito dirigido a la Contraloría Municipal, elaborado por el grupo de 27 afectados, representado por Alfonso Serrano Faccuseh, en el que solicitan investigar presuntas irregularidades relacionadas con el fraude inmobiliario.

El documento señala a Gustavo Muñoz López y María Gabriela Ávila Saucedo, exfuncionarios de Ordenamiento Territorial y Urbanismo, así como a una persona identificada como Cristian García, quien presuntamente trabajaba en Catastro Municipal.

El escrito relata que el 7 de noviembre de 2025 los afectados acudieron a Contraloría porque no avanzaban las gestiones relacionadas con unos terrenos municipales que supuestamente serían utilizados para contribuir a reparar el daño sufrido por las familias.

Según su versión, ahí les informaron que no existía ninguna solicitud relacionada con su caso, por lo que presentaron “un oficio de reclamo” contra Gustavo Muñoz y Gabriela Ávila. Aseguran que nunca recibieron respuesta.

En aquel momento, el contralor municipal era Óscar Gerardo Luján Fernández, quien había llegado al cargo después de desempeñarse como tesorero durante la anterior administración de Román Alberto Cepeda.

En entrevista con Al Café Político, uno de los afectados declaró: “Metimos una denuncia […] y el contralor(Luján) la dio, ocultó, la escondió, no sé qué”.

Además, el escrito menciona un oficio de reclamo, mientras el representante lo identifica como una denuncia administrativa.

El afectado también aseguró que la síndica Natalia Fernández los reunió con Luján y que, cuando este habría manifestado desconocer el documento, los denunciantes exhibieron una copia.

El pasado 4 de septiembre, El Siglo de Torreón ya había informado sobre la intervención de Natalia

Porque una cosa es cambiar de contralor y otra muy distinta que los expedientes también aprovechen para darse a la fuga.

La denuncia atribuye a Gustavo Muñoz una propuesta para gestionar 15 predios presuntamente municipales, ubicados en la colonia María Mercado de López Sánchez, sobre Paseo del Tecnológico, entre Sierra Central y Sierra de Zamora.

Los afectados aseguran que levantaron información de campo con recursos propios y que posteriormente Gabriela Ávila quedó encargada del seguimiento, sin obtener los resultados esperados. El documento sostiene que Muñoz realizaba gestiones “para que dichos predios se desincorporen del Municipio”.

Pero la acusación más delicada aparece en otro apartado de la denuncia, donde se menciona una conversación telefónica atribuida al presunto defraudador Víctor Enrique Díaz Flores.

Según los denunciantes, este habría afirmado que Muñoz y Ávila “le pasaban información de que predios eran propiedad del Municipio para que él los pudiera ofrecer en venta”, además de facilitar documentación y trámites administrativos.

El escrito menciona supuestas compensaciones económicas y diez grabaciones de audio que, de acuerdo con los promoventes, respaldarían sus afirmaciones.
También se hace referencia a videos de una persona identificada como Cristian García, quien presuntamente se presentó como trabajador de Catastro durante reuniones relacionadas con trámites inmobiliarios. Su identidad, adscripción y participación deberán comprobarse.

Pero Gustavo Muñoz podría tener más asuntos pendientes de aclaración que los relacionados con la Notaría 45.

Una fuente afirma conocer el funcionamiento de Urbanismo señaló a Al Café Político posibles irregularidades en fraccionamientos autorizados durante su gesti+on.

Según su versión, se habrían modificado planos previamente aprobados e incluso falsificado una firma atribuida a un exfuncionario. También mencionó construcciones que no respetarían los alineamientos oficiales, autorizaciones otorgadas sin cumplir todos los requisitos y obras realizadas sin licencia.

A ello agregó un señalamiento todavía más delicado: presuntos cobros para autorizar usos de suelo no permitidos.

Lo interesante es que, un día antes de recibir esos comentarios el nuevo director de Urbanismo, José Ignacio Máynez Varela, mantenía una revisión de expedientes de fraccionamientos, permisos y autorizaciones.

La dependencia reconoció haber encontrado aproximadamente 700 trámites pendientes, de los cuales reportó alrededor de 600 concluidos.

La coincidencia temática merece atención, pero las versiones periodísticas y los testimonios anónimos no sustituyen una auditoría.
Así que la pregunta para Máynez no es solamente cuántos trámites ha logrado sacar del congelador administrativo, sino qué irregularidades documentadas, si las hubiera, aparecen al revisar los expedientes heredados.

Porque resolver un rezago es una cosa; determinar si hubo autorizaciones contrarias a la ley es otra. Y ambas requieren respuestas distintas.

MANUEL VALDÉS: LOS EXPEDIENTES NO SE JUBILAN

El pasado 26 de octubre, Manuel Valdés Ruiz asumió la Contraloría Municipal, en sustitución de Óscar Luján, quien había dejado el cargo el 19 de septiembre. Apenas estrenaba escritorio cuando, según uno de los afectados por la Notaría 45, al día siguiente le llevaron una denuncia ampliada, acompañada de audios, recibos de predial y documentos inmobiliarios. Ni tiempo de acomodar la cafetera. Aunque todavía estaba pendiente la firma del promovente, el nuevo contralor ya tenía un asunto que revisar.

Y aquí viene lo interesante: salir del Ayuntamiento no significa recibir la absolución junto con el finiquito. La ley permite investigar a exfuncionarios por posibles irregularidades cometidas durante su gestión. Si se comprueban faltas graves, podrían enfrentar multas e inhabilitaciones que, dependiendo del caso, pueden alcanzar hasta 20 años sin ocupar cargos públicos. Y si aparecen indicios de delitos, el asunto podría terminar en la Fiscalía. Dicho de otra manera: entregar las llaves del despacho no necesariamente cierra las puertas de la justicia. Eso sí, primero deben comprobarse las acusaciones.

A Manuel Valdés le corresponde procurar que se investigue lo denunciado y aclarar qué ocurrió con el escrito presentado durante la gestión de Óscar Luján. La síndica Natalia Fernández puede explicar qué sucedió en aquella reunión con los afectados, mientras José Ignacio Máynez deberá revisar los expedientes heredados en Urbanismo. Porque una cosa es encontrar trámites empolvados y otra descubrir irregularidades. Para lo segundo hacen falta pruebas, no incienso. Y si aparecen responsabilidades, que se investiguen, aunque sus posibles responsables ya hayan cambiado de oficina o abandonado la nómina.

En Torreón, los funcionarios llegan, cambian de escritorio o se marchan, las placas de las puertas se renuevan y los pendientes parecen heredarse junto con el mobiliario. Pero un archivo público no es un panteón privado. Ya cambiaron los nombres en Urbanismo y Contraloría; ahora falta abrir los cajones. Porque la Contraloría no es una funeraria, las denuncias no necesitan sepulturero y las posibles responsabilidades no desaparecen cuando alguien entrega el gafete. Y si alguien pretende darle cristiana sepultura a una denuncia, que primero muestre el acuse de recibido o explique quién firmó el acta de defunción. Porque hasta para enterrar un expediente hace falta un papel… y aquí lo que nadie encuentra es precisamente el papel.

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