Cultura en Torreón: voces ignoradas y justicia Cultural

En Torreón, la cultura vive un eterno ensayo general: muchas luces, pocos aplausos… y cero reconocimiento a quienes realmente la sostienen.

Mientras el Mitote Lagunero presume elegancia, accesos VIP y fotos institucionales, la comunidad artística local levanta la voz por algo más básico: respeto y justicia cultural.

Harta de promesas y simulaciones, la comunidad cultural de Torreón recordó que el año pasado el Instituto Municipal de Cultura y Educación (IMCE) convocó a artistas en la Biblioteca Municipal José García de Letona para aportar ideas al festival.
Durante aquella reunión —que prometía inclusión— se reveló que a los artistas locales no se les pagaría su participación, mientras que los foráneos sí recibirían honorarios.

Después, por redes sociales, los coordinadores del IMCE siguieron invitando a participar “por amor al arte”, como si en Torreón los creadores vivieran del aire o no tuvieran gastos personales.
A diferencia de otros, ellos no viajan gratis a Cancún… ni aunque sea por VivaAerobus.


Silencio post mortem: el caso de Hugo Ortiz

En junio de este año falleció en Torreón el reconocido artista Hugo Ortiz, arquitecto, escultor, escenógrafo y formador de generaciones.
Fue colaborador constante en talleres culturales y comunitarios, impulsor de la cartonería y creador de la exposición Calaveras del Montón.

Pero al morir, lo que predominó fue la indiferencia institucional: nadie del IMCE se presentó a su funeral.
Ni una llamada, ni apoyo, ni presencia oficial.
Y cuando finalmente publicaron una condolencia, dieron mal hasta la fecha de su fallecimiento.

El coordinador de Centros Culturales ofreció declaraciones erróneas sobre su trayectoria, pese a que Ortiz había trabajado directamente con la administración.
Sus pagos por impartir talleres llegaban tarde, y al final, ni siquiera recibió el homenaje póstumo que merecía dentro del Mitote Lagunero.

Paradójicamente, el reconocimiento no vino del municipio, sino de Multimedios Laguna, que sí le rinde homenaje en sus espacios —y más en esta temporada— al recordar su legado con las emblemáticas Calaveras del Montón.


La ironía es doble: mientras se contrata talento foráneo y se buscaba llenar el Teatro Martínez para sustituir al Teatro Nazas —ocupado por el DIF estatal con su concurso “Vive Libre Sin Drogas”—, los creadores locales siguen esperando su turno… o al menos una botella de agua.

La tensión entre Saltillo y Torreón también alcanzó el ámbito cultural y benéfico.
La presidenta honoraria del DIF Torreón y su directora, Marlene López, declinaron asistir al evento del DIF estatal.
Todo —dicen— porque el DIF Coahuila les ganó la fecha del Teatro Nazas, que coincidía con la función del ballet Giselle, con la que iniciaba el festival.

Por eso, el IMCE terminó presentando dos funciones en el Teatro Martínez, porque —según el propio gremio— una del Nazas equivale a dos del Martínez.
Ni una ni otra funcionaria enviaron representante al Nazas.


Las quejas de los creadores se repiten: el gran proyecto del Centro Cultural del Norte sigue siendo promesa discurso.
Ya lo comparan con el Metrobús lagunero: se anuncia, se maqueta y nunca llega.

Y señalan que el director del IMCE, Antonio Méndez Vigatá, figura más como consejero del DIF que como defensor del arte lagunero.

La comunidad artística lo dice sin rodeos:

“Todo está mal en Cultura en esta administración… y eso que ya va en su segunda temporada.”

Torreón no necesita más festivales de cartón.
Podrían pedirle consejo al secretario del Ayuntamiento, Eduardo Olmos, quien en su momento —como alcalde— impulsó el recordado Festival La Calle es de Todos, aquel que sí llenaba la Plaza Mayor… sobre todo en temporada electoral.

Hoy, la ciudad necesita menos poses y más política cultural con alma.
Una que reconozca, respete y recuerde a quienes han hecho del arte su vida.

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