
Calaveras, purga y poder: los vivos que cobran y los muertos que trabajan
La flaca anda ocupada: visitó Palacio Nacional, cabalgó con Manolo Jiménez en Saltillo, y persiguió a Román Cepeda por los pasillos de la Presidencia de Torreón.
Entre versos y verdades, las calaveritas políticas revelan más de lo que callan:






“Huella, ausencia y berrinche: la nueva purga del Palacio”

En el Ayuntamiento de Torreón comenzó una purga silenciosa.
No la que limpia la corrupción, sino la que deja expuestos —con huella digital y todo— a quienes durante años cobraron sin trabajar. Bajo los lineamientos de la Auditoría Superior del Estado (ASE), la instrucción fue clara: todo servidor público debe comprobar su presencia laboral.
Ni el DIF, ni Obras Públicas, ni Comunicación Social escaparon de la orden.
El tesorero Javier Lechuga tomó la batuta y activó la regla con celo quirúrgico:
todos los empleados municipales deberán registrar su asistencia con su huella dactilar, desde los que venden sándwiches en el estacionamiento del DIF hasta los directores de área.
La consigna es simple: quien no cheque, no cobra. El objetivo —según el discurso oficial— es “ordenar la nómina y garantizar eficiencia”.
El verdadero fondo, dicen dentro del edificio, es justificar las bajas de los llamados “aviadores”, esos que no vuelan, pero sí facturan.
Y vaya que los hay: en Inspección y Verificación circulan nombres de empleadas que heredaron números de nómina de madre a hija, sin presentarse ni un solo día, pero cobrando puntualmente más de 30 mil pesos mensuales.
Entre tanto control digital, hubo ausencias que ni el reloj ni la huella detectaron.
La “querida síndica de mayoría”, Natalia Fernández, decidió darse un respiro… nada menos que en Europa, por dos semanas, acompañada de la familia de su esposo.
Dicen que la señora aprovechó la “temporada baja” en el Cabildo para cargar con su familia política, mientras otros más mordaces aseguran que fue a “ver si allá la hacen candidata”, porque en Torreón ya pocos la ven en funciones.
Su ausencia pasó casi inadvertida —o más bien, sin consecuencias—, lo que recuerda la vieja máxima del palacio:
“Quien se ausenta y nadie lo nota… indispensable no es.”
Quien sí notó el nuevo régimen de huellas y horarios fue #LadyFayuca, esa figura de Comunicación Social que pasó de intocable a checadora puntual, aunque desaparezca minutos después. Los rumores que bajan del primer piso apuntan a que anda furiosa con el alcalde Román Alberto Cepeda, soltando pestes entre pasillos.Según ella, lleva meses pidiéndole una audiencia personal y el edil la ignora, dándole —cito textualmente— “atole con el dedo”. Su molestia no es menor: acusa que Román le “debe compromisos” y no le cumplió nada de lo pactado.
Aceptó bajar de rango —de directora a coordinadora—, pero perdió privilegios: ya no aparece en las fotos del gabinete, no tiene acceso a la agenda oficial, no la convocan a reuniones y le recortaron personal y poder, por ello este viernes logró detenerlo tras el evento del viernes junto al director de Movilidad.
Dicen que a los pocos que le quedan los trata “con la punta del pie”, y entre grito y grito repite que “trabajo le sobra en otras áreas, públicas o privadas”.
Su enojo también se dirige a su jefe directo, Yohan Uribe #LordFragmentado, a quien tacha de traidor por no cumplirle, y más ahora que sabe que Uribe incorporó a alguien más de su nómina en los pisos altos de Presidencia para que le filtre información.
Porque, como ya se ha dicho en esta columna, acceder al alcalde se ha vuelto un laberinto.
Y eso, aun cuando —según se comenta— a los nuevos los obliga a firmar “contratos de confidencialidad”, advirtiéndoles que si se filtra algo “tendrá consecuencias jurídicas”. La nueva integrante —una vieja conocida de apellido Barker, a quien rescató de su extinta casa editora, con la que trabajó hace más de diez años— llegó con miedo y bajo lupa.
Todo esto mientras el alcalde había advertido públicamente que “no habría más bajas ni altas” en su administración.
Pero mientras los dardos internos vuelan, Torreón avanza entre huellas que controlan, ausencias que no se notan y berrinches que se graban.
