
Santa Claus no vino solo: trajo distritos, alianzas y desayunos mal servidos

Este es un cuento de Navidad, pero no uno para niños. Aquí no hay renos, villancicos ni buenos deseos: hay mesas largas, sonrisas ensayadas y cámaras convenientemente apagadas. En Coahuila, diciembre no cierra ciclos: los acelera. Mientras los tamales se enfrían y los desayunos salen en mal estado, se reparten distritos, se miden candidaturas y se prueban futuros. El espíritu navideño, en política, suele oler más a cálculo que a pino.
La historia comienza en reuniones navideñas donde no se pide posada, se pide posición. Políticos con estructura, medios, comidas y rifas; otros exhiben músculo rumbo a las elecciones del Congreso local. Algunas reuniones fueron tan cuidadas que hasta se presumió haber “revisado todo” y contratado buen bufete. No fue vanidad: fue advertencia. En política, como en Navidad, la calidad habla… y cuando no, exhibe.
En este cuento, los soldaditos de la 4T se reagrupan por conveniencia mutua: Morena con el PT. Incluso la dirigencia nacional tuvo que recular y aceptar la alianza con el partido de Ricardo Mejía Berdeja rumbo a 2026. El movimiento permitió colocar sobre la mesa a su discípulo político, Luis Ortiz Zorrilla, pese a que los números no lo acompañan. Ortiz, regidor de Torreón, es conocido NO por trayectoria ni arraigo, sino por un dato incómodo: apenas 1 por ciento de reconocimiento en el Distrito 8. Un “nepobaby” político impulsado desde arriba.
Al menos es de Torreón —no como otros que buscan distrito sin conocer territorio— como el “esposo de…” Fernando Hernández, originario de la Ciudad de México y casado con la diputada federal Cintia Cuevas, quien disputará el Distrito 11. Un territorio que no construyó, pero estructura sí heredó. Llegó a tierra fértil gracias al trabajo político previo de su esposa, no precisamente por mérito propio.
En el Distrito 9, Antonio Attolini Murra lleva meses caminando territorio. “Se lo deben”, dicen. En el Distrito 10, el matrimonio Fernández–De Aguinaga intenta abrirse paso. Shamir empuja a su esposa, Pily, como candidata, aunque este matrimonio neomorenista quedó casi excluido de las bases. Aun así, Shamir todavía huele a PRI y conoce bien la estructura priista. En ese intento, hasta su perro terminó siendo estandarte de campaña: más fiel —dicen— que su propio hermano, David, aún funcionario estatal priista, quien públicamente les dio la espalda en plena celebración guadalupana.
Como si fuera Santa Claus en versión política, esta semana llegó sin ruido la presidenta nacional de Morena a Coahuila. Hizo reuniones en Torreón y Saltillo y, contra todo pronóstico, logró sentar en la misma mesa a casi todas las tribus morenistas que ya andaban dándose hasta con las esferas. Todos saben que 2026 es “el momento” para un partido que poco ha ganado en el estado y que carga con la etiqueta del “patito feo” a nivel nacional, en un territorio con claro dominio del PRI.
Pero quienes saben leer entre líneas aseguran que la visita tuvo un mensaje puntual: no se tolerarán actos de corrupción. Si hay denuncias por extorsión, malversación de recursos o conductas cuestionables de líderes sindicales, se tendrán que investigar. Y se dijo sin rodeos: aunque haya alianza con el PT, el voto se pedirá para Morena.
Ese partido, por cierto, poco abona a la paz navideña. Su exlíder local, Gerardo Calvillo, evidenció el verdadero interés de Mejía y prefirió brincar al Partido Verde. Además, el Verde se alejó públicamente de Morena en Coahuila y decidió ir solo en la boleta, aunque con cobijo del priismo estatal, sin decirlo abiertamente. La señal fue clara durante el informe del alcalde verde de Sabinas, Chano Díaz, donde el secretario de Gobierno, Óscar Paimentel, acudió como representante del gobernador, mientras que en otros informes de alcaldes de oposición mandaban a cualquier “sacacopias” con nómina estatal.
Al final de cuentas, la izquierda en Coahuila se adelantaba o se acomodaba, mientras el PRI lucha por ver quién organiza la mejor posada para liderazgos y medios. Como en el desayuno de Rodrigo González, director del CCT, del pasado viernes, quien busca ser candidato a diputado —o suplente— por el Distrito 9. Todo iba bien, hasta que un detalle básico terminó por hacer ruido en su mensaje. El platillo servido ante medios fue tan malo que varios prefirieron no comer. No fue falta de apetito; fue falta de respeto. En este espacio frecuentado por industriales y empresarios, servir barato no es ahorro: es mensaje.
Ojo: quien recorta en la mesa suele recortar también en la visión. Y todo dicen que porque un personaje oscuro se le ha acercado a ofrecerle sus servicios como asesor, el villano recurrente de cualquier pastorela política: Yohan Uribe, #LordFragmentado, quien esta semana fue visto ofreciendo sus servicios como asesor al CAHOBBIS, y muy a su estilo soberbio, desentonando con los medios. ¿Habrá sido él quien aconsejó servir el platillo más barato?
En este búnker político de Saltillo l en La Laguna, se repiten estas posadas donde se congregan figuras, operadores y aspirantes. Todos miden gestos, platos servidos y presupuestos en rifas. Nada es casual.
El PRI sigue sin definirse sobre quién prende la estrella de cada árbol distrital. En el CCT se celebraron las grandes posadas de los distritos 9 y 11. En el nueve, con anfitrionía de Felipe González, Hugo Dávila, Héctor Estrada y Rodrigo González. En el once, fue este domingo con un desayuno para lideresas: sin candidatos, pero con rifas de televisiones, salas, lavadoras “chaca chaca” y, en lugar de pavo congelado, paquetes de hamburguesas con todo y tomate; solo faltó el carbón.
Por paridad de género suenan nombres: Olivia Martínez, quien intentaría repetir por tercera vez; la doctora Martha Rodríguez —doctora de verdad, no de farmacia de similares—, jefa del Centro de Justicia Municipal; la diputada federal plurinominal Verónica Martínez, de quien dicen ahora también quiere “hacerse doctora”. ¿Quién dará la mejor receta política? Y de pronto apareció Lorena Safa, coordinadora del DIF Coahuila, con respaldo familiar y el reto de sacudirse el mote de la “Paris Hilton lagunera” para verse cerca del pueblo y salir bien en la foto.
Los distritos 9 y 11 siguen siendo capítulos decisivos. Ahí, el PRI observa y mide, sabiendo que esos territorios no se ganan con discursos suaves ni con desayunos mal servidos. Porque el elector, como Santa Claus, sí tiene memoria.
Así termina —por ahora— este cuento político de Navidad. Sin moraleja dulce, pero con advertencia clara: quien no cuida la mesa en diciembre difícilmente cuidará el distrito en junio. En Coahuila, los platos fríos, los desayunos fallidos y los candidatos del uno por ciento se recuerdan más de lo que muchos quisieran. ☕
