
A un año de Al Café Político: café cargado, análisis y tarjetas que dejaron deuda





No queríamos despedirnos de 2025 sin cumplir con la razón de ser de este espacio: una denuncia ciudadana. De esas que no llegan envueltas en discursos ni en boletines oficiales, sino en datos, silencios y consecuencias reales. Esta columna nace de ahí. Y no es menor: es un tema políticamente peligroso para el PRI local, justo cuando el calendario empieza a marcar la ruta hacia las elecciones de 2026.
A finales de 2023, en la antesala de la elección de 2024 que desembocó en la reelección de Román Cepeda, comenzó a operar un esquema que hoy exhibe sus costos. En Torreón hay silencios que no son casuales, son administrativos. Y cuando ese silencio se traduce en miles de personas con deudas bancarias que nunca solicitaron, deja de ser una omisión menor para convertirse en un problema político de fondo. La información no llegó como rumor de café, sino como advertencia desde dentro: existe una deuda bancaria que arrastra a miles de líderes de colonias —presidentes de comités vecinales vinculados al PRI municipal— por tarjetas entregadas bajo el amparo del municipio. No es chisme. Es un expediente que empieza a tomar forma.
El mecanismo, según testimonios coincidentes, fue simple y peligrosamente opaco. A finales del año antepasado, desde Desarrollo Social se promovió la apertura de cuentas bancarias en Santander a nombre de presidentes de comités vecinales en prácticamente todo Torreón. En ese momento, el área operaba bajo la conducción política y administrativa del entonces director municipal Héctor Estrada, un nombre que hoy aparece con insistencia cuando se pregunta quién coordinó, autorizó o, al menos, conoció el alcance real del programa. La narrativa oficial fue la de un “apoyo”. El resultado concreto: un solo depósito, cercano a los 500 pesos, y después nada.
Ni continuidad, ni información clara, ni seguimiento institucional. Solo el paso del tiempo… y los cargos. A finales de este año, algunos de estos líderes —ya alertados por terceros— lograron revisar su situación financiera y se toparon con la sorpresa: adeudos de entre 15 y 20 mil pesos, generados por comisiones, cargos por inactividad e incumplimiento de términos que jamás se explicaron con claridad. Peor aún, muchos ya aparecen en el Buró de Crédito. No por haber solicitado un préstamo, sino por no usar una cuenta que nunca pidieron abrir bajo esas condiciones.
Aquí se derrumba la versión cómoda del “malentendido bancario”. Una cuenta de débito básica, regulada por el marco del Banco de México, no genera adeudos por inactividad, no cobra comisiones y no manda a nadie al Buró. Si hoy existen deudas acumuladas, la conclusión técnica es inevitable: no se trató de cuentas básicas. Todo apunta a productos con membresía, cuentas asimiladas a nómina o esquemas por convenio institucional. Todos con obligaciones mensuales. Todos incompatibles con un programa social improvisado. Todos autorizados, directa o indirectamente, desde una estructura municipal que alguien encabezaba.
El problema deja de ser financiero y se vuelve político cuando entra en escena el Ayuntamiento de Torreón. Si una dependencia municipal —más aún una tan sensible como Desarrollo Social— facilitó la apertura de estas cuentas, llevó personal del banco a puntos específicos, convocó únicamente a presidentes de comité y nunca transparentó el programa, entonces no estamos ante un asunto entre particulares. Estamos frente a una acción gubernamental con consecuencias patrimoniales privadas. Y ahí es donde nombres como el de Héctor Estrada dejan de ser administrativos para convertirse en políticamente relevantes, sobre todo cuando en los corrillos ya se menciona su aspiración a una candidatura a diputado local.
Lo más delicado no es solo la deuda, sino el silencio posterior. No hubo aviso público, no hubo estrategia para cancelar las cuentas, no hubo acompañamiento legal ni financiero cuando comenzaron las quejas. Muchos de los afectados acudieron incluso a áreas municipales sin obtener respuestas claras. Otros apenas ahora entienden qué deben y por qué. Algunos, orientados tarde, cancelaron la cuenta para frenar el crecimiento del adeudo. Pero el daño ya está hecho: historial crediticio manchado por un “apoyo” que terminó siendo una carga. Y es justo ahí donde el descontento ya se siente… y donde la oposición empieza a olfatear.
Remate estratégico: el dato que incomoda al PRI rumbo a 2026
En Torreón existen alrededor de 430 a 450 secciones electorales, y en la lógica territorial del PRI, cada sección suele operar con un comité seccional o, al menos, con una figura de representación. No estamos hablando de números abstractos: hablamos de cientos de liderazgos de base, muchos de ellos presidentes de comité vecinal, que son la columna vertebral de la movilización electoral.
Si una parte significativa de esos liderazgos:
Arrastra deudas,
Fue enviada al Buró de Crédito,
Se siente usada, ignorada o traicionada,
entonces el problema no es financiero: es electoral.
Porque no hay peor escenario para un partido rumbo a una elección intermedia que tener a su estructura territorial molesta, endeudada y con resentimiento silencioso. Y menos cuando ese partido es el PRI, cuya fortaleza histórica no está en redes sociales, sino en tierra.
La hipótesis de investigación es clara y verificable: un programa social mal diseñado —o peor aún, mal ejecutado— trasladó el costo financiero al ciudadano, generando recargos, deuda y afectaciones crediticias sin consentimiento plenamente informado. Dicho sin rodeos: un apoyo de 500 pesos que terminó costando hasta 20 mil. Y en esa cadena de decisiones, alguien firmó, alguien autorizó y alguien guardó silencio.
Esto no se resuelve con comunicados tibios ni con culpas repartidas al aire. Si se documenta —y todo indica que así será—, el caso abre la puerta a responsabilidades administrativas, reclamos ante instancias financieras e incluso acciones colectivas. Pero, sobre todo, deja una pregunta política imposible de esquivar, incómoda para el PRI local rumbo a 2026:
¿van a corregir el daño… o van a cargarlo electoralmente?
En Torreón se habla mucho de cercanía social, pero la letra chiquita también gobierna. Y cuando esa letra chiquita manda a la estructura al Buró de Crédito, no estamos ante un error técnico aislado, sino ante un error estratégico que puede cobrarse en las urnas.
El expediente apenas se abre.
Y esta vez, el costo no será silencioso.
A un año de café cargado, haciendo comunidad

Al Café Político nació desde la resiliencia de quien escribe, impulsado por el respaldo de las nuevas tecnologías y por la convicción de que la información también puede —y debe— leerse con humor negro, ironía y criterio, para sobrevivir a lo pesado de la política sin perder el rigor.
En 2025, los números hablan por sí solos: 1.9 millones de visualizaciones, 113 mil interacciones, 1,234 nuevos seguidores al mes y un crecimiento orgánico sostenido en Facebook, YouTube y otras plataformas. Nos hemos concentrado en Torreón porque así lo dictan los datos, pero este espacio reflexiona también sobre La Comarca Lagunera y el ámbito nacional.
Este proyecto lo realiza una sola persona, pero lo respalda una comunidad que crece gracias a la confianza. Aquí no hay boletines maquillados ni discursos de utilería: hay café cargado, datos duros y política sin azúcar. También hay chismes y rumores, sí, pero tratados como lo que son: pistas, no verdades absolutas.
Me presento

Y para quienes no me conocen —sobre todo esos políticos que se toman la taza de café y, al levantarse de la mesa, fingen no reconocerme—, me presento: Iván Pablo Corpus Lozoya, su interlocutor. Veinte años en el periodismo me respaldan. Desde 2005, en revistas empresariales como Construvida; después, tras estudios de periodismo investigativo, en 2007, como el primer videorreportero de Coahuila en El Siglo de Torreón, un género que hoy muchos emplean con naturalidad.
Más tarde, en 2011, participé en la creación de SigloTV; en 2018, asumí la Jefatura de Información de El Siglo de Torreón. Tras una pausa obligada por un infarto cerebral con secuelas, regresé momentáneamente con antiguos jefes —hoy funcionarios—, pero fue la resiliencia y la confianza en el oficio lo que me llevó a iniciar este nuevo espacio digital propio.
Al Café Político es para quienes disfrutan la conversación incómoda, para quienes saben que al ir al café —y más si hay políticos— siempre surge información. De ahí nacen columnas como El Bastón del Mando, con investigación y fondo, y El Espresso del Día, una lectura diaria construida, en su mayoría, a partir de información y denuncias ciudadanas, incluso de los mismos políticos que se ofenden cuando la verdad les pega en la cara.
Aquí seguimos.Con café. Con datos. Y sin pedir permiso.
