Prepago: la nueva caja externa de Torreón | Primero movilidad, luego tarifa

El 16 de enero de 2025, en el bulevar Revolución de Torreón, el ciudadano César de la Torre tuvo que bajarse de un camión en marcha de la ruta Valle Oriente–Cereso (económico 4, concesión C-3328) porque el operador no hizo alto total. No es anécdota: es el mínimo de seguridad que sigue fallando. Y si el servicio no cumple lo elemental, la discusión del pasaje no puede arrancar por la tarifa: cuando lo mínimo falla, cualquier aumento nace cojo… y sin muletas.

Así llega 2026: promesas de “modernización” y quejas marcando el compás. El Metrobús Laguna quedó como elefante urbano de la inutilidad y la “bolita” terminó en el Municipio, que concentró el tema en Movilidad y Autotransporte tras perder Vialidad, justo cuando crece la presión para subir la tarifa. En esa cancha, el alcalde Román Alberto Cepeda insiste en que la modernización “avanzará con firmeza y respeto a la ley” y que la tarifa “no se negociará bajo presión”; el Cabildo acompaña con acuerdos de “ordenamiento”, pero sin transparentar estudio tarifario, contratos ni cronogramas por ruta. Sin papeles públicos, la modernización vive mejor en el discurso que en la parada del camión.

Para los usuarios l a ruta Revolución condensa el problema: sobre un mismo corredor se amontonan rutas y conflictos de ingeniería vial. Usuarios piden pavimento de calidad por baches y bordos (Edna Solorio); otros reclaman desahogar Revolución con rutas alternas Torreón–Matamoros por el Periférico o la carretera Santa Fe (Luis Augusto Cruz); hay quien advierte que del bulevar Libertad al centro ya circulan más de 14 rutas, generando cuellos de botella (Rafa Preciado); y se critica el urbanismo de macetones y jardineras que crean embudos viales en lugar de liberar carriles (Jesús Martínez). No es ruido: es saturación del corredor y diseño vial deficiente.

El plan se vende en cuatro promesas: 50 unidades nuevas con aire e internet, reorganización para 150–180 mil usuarios diarios, un prepago “nuevo” y tarifas diferenciadas con alivios por transbordo. A la par, se anuncia el retiro de unidades obsoletas. Pero el diablo vive en los números: con una flota que rebasa las 300 unidades, 50 camiones y algunos retiros son mejora parcial, no sistema nuevo; pintar carriles no arregla puertas que no cierran y, sin rediseño troncales–alimentadoras, frecuencia real y cobertura, la promesa se diluye.

Anomalías del Ecobús/prepago:siguirendo con la voz de los ciudadanos, los choferes que piden efectivo y desconectan lectores (Ulises Saucedo de la Cruz; Alex Flores Meraz); trámite de tarjeta costoso para el ahorro real del usuario promedio (Eunice Rosales); falta de puntos de recarga y barreras en tiendas (Josué Daniel Salas). Resultado: menos prepago, más efectivo en cabina y menos trazabilidad.

Y luego está el corazón del negocio: el prepago. Desde 2010 opera un fideicomiso con empresa operadora; hoy el Municipio reconoce auditoría extraordinaria por ingresos y devoluciones del fideicomiso. En septiembre de 2025, la Contraloría Municipal seguía pidiendo informes financieros. Dato duro: en marzo de 2025, de 258 unidades, solo 30 tenían prepago activo; desde enero de 2025, la geolocalización dejó de operar. Traducción: caja negra (menos trazabilidad, más discrecionalidad, menos confianza).

Las cuentas no cuadran y los nombres importan: durante la gestión de Óscar Luján como tesorero, la ASEC dejó observaciones no solventadas por más de 531 mdp, además de casi 150 mdp; la ASF reportó ~159 mdp en recursos federales observados. Hoy Luján encabeza la Contraloría Municipal y audita el prepago. La pregunta es obligada: ¿por qué no una auditoría externa e independiente? El conflicto de interés institucional no se disipa con discursos.

Conclusión técnica: subir la tarifa sin rediseñar la red empeora el acceso al empleo y pega al ingreso familiar. Prioridades reales: ordenar rutas (troncales–alimentadoras), frecuencia y seguridad verificables, prepago auditado con transparencia total e infraestructura básica (pavimento digno en Revolución, carriles funcionales y gestión vial). Menos transbordos y más frecuencia valen más que cualquier alza. Primero movilidad; luego tarifa. Subir el pasaje sin eso es cobrar la ineficiencia.

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