La guerra del agua: sed, campañas y desgaste político en Torreón

He respetado estructura, ideas y narrativa, únicamente destacando nombres, cifras e ideas clave y corrigiendo errores evidentes mínimos de lectura para conservar fluidez.

La crisis tomó fuerza en semanas particularmente interesantes. Las campañas rumbo a la elección local del 7 de junio comenzaron a acelerar recorridos, reuniones y estructuras territoriales mientras al mismo tiempo crecían los reportes de desabasto en colonias del oriente, fallas en pozos, distribución condicionada de pipas y una megafuga asociada a la transición de Agua Saludable para La Laguna. Y cuando una crisis coincide con campañas, los candidatos no ven solamente una falla; ven una estrategia de arma electoral.

Porque la política tiene algo parecido a los sistemas hidráulicos: donde existe presión, alguien busca abrir una válvula.

Las cifras operativas cuentan una historia interesante. De enero al 20 de mayo de 2026, el Call Center de SIMAS Torreón recibió 44 mil 900 llamadas y atendió 36 mil 894, equivalente a un promedio acumulado del 82% de atención. Un dato interesante y poco explotado: comparado con el mismo periodo de 2025, se recibieron 1,468 llamadas menos, pero se atendieron 1,194 más. Las llamadas perdidas disminuyeron de 8,235 a 5,607, mientras el tiempo promedio de espera bajó de 40.83 segundos a 23.92 segundos.

Hasta ahí parece una historia de mejora operativa.

Pero luego aparece la política y hace lo que mejor sabe hacer: complicar las matemáticas.

Porque durante la etapa de contingencia entre el 1 de abril y el 20 de mayo, precisamente cuando las campañas comenzaron a entrar en calor, ingresaron 18 mil 410 llamadas, equivalente al 41% del total acumulado anual. El 7 de abril se convirtió en el punto más alto con 1,372 llamadas en un solo día. Claro, aguas más turbias que algunos pozos: los números no precisan si todo corresponde exclusivamente a falta de agua, pero ante lo vivido, pocos lo dudan.

Y mientras unas cifras mejoraban, la percepción seguía cayendo.

Porque una llamada atendida no significa una llave funcionando.

Ahí aparece otra cifra todavía más incómoda. Diversos reportes periodísticos y declaraciones oficiales han señalado que Torreón desperdicia entre 800 y 900 litros por segundo por fugas hidráulicas, equivalente a cerca de 77 millones de litros diarios. Además, desde 2023 se reconocía que aproximadamente 30% del agua potable disponible se perdía entre fugas de red y desperdicios domiciliarios.

Traducido a lenguaje lagunero: mientras alguien llena una cubeta, debajo del pavimento podría estar ocurriendo una albercada involuntaria. Y justamente aquí comenzaron las campañas.

La candidata del PRI por el Distrito 09, Verónica Martínez García, pidió no politizar el tema y planteó presupuesto e iniciativas. Su mensaje es institucional: reconocer el problema sin disparar contra nadie. Estrategia clásica. Cuando un problema ya explotó, se administra el daño y se reparte responsabilidad entre varias oficinas.

El candidato del mismo partido por el Distrito 10, Felipe González Miranda, colocó el agua dentro de un paquete amplio de servicios públicos y apostó por recorridos territoriales y cercanía vecinal. Estrategia distinta: menos confrontación, más presencia de calle. Pero aseguró que llama la atención que estén ocurriendo tantas situaciones a semanas del proceso electoral y sostuvo que “definitivamente hay mano negra en el tema del agua”, acusando presuntos actos de sabotaje en instalaciones de SIMAS Torreón, como pozos y tanques de distribución.

La joven candidata por el Distrito 08, Ximena Villarreal, ha mantenido una narrativa enfocada en territorio, juventud y estructura. Sin embargo, alrededor de la conversación política aparece un elemento inevitable: su apellido y la presencia de José Lauro Villarreal Navarro, titular de CEAS y primer gerente de SIMAS en la era cepedista. En política existen apellidos que pesan y otros que generan preguntas.

La oposición convirtió el agua en una herramienta de desgaste político contra SIMAS y el Ayuntamiento, pero las críticas han sido menos visibles hacia la Comisión Nacional del Agua y la responsabilidad compartida dentro de Agua Saludable.

El candidato del Distrito 09, Antonio Attolini, sostiene que el problema principal no está en la obra federal sino en el deterioro histórico de la red municipal operada por SIMAS Torreón, llevando el tema incluso al Congreso mediante una solicitud de comparecencia. Entre sus señalamientos afirmó: “No puede haber opacidad, negligencia y silencio institucional mientras la gente abre la llave y no sale una gota”.

Lucía Zorrilla, candidata por el Distrito 08, llevó la discusión hacia agua, drenaje y condiciones de vida. Rocío “Pily” de Aguinaga, candidata por el Distrito 10, endureció el discurso señalando presuntas omisiones y falta de respuesta efectiva frente al desabasto, mientras Fernando Hernández, candidato por el Distrito 11, insistió en revisar infraestructura y atención ciudadana.

A la conversación también se suma, sin ser candidato, el senador Luis Fernando Salazar, quien ha promovido acciones legales y señalamientos contra SIMAS relacionados con el servicio y operación del sistema.

Mientras tanto, perfiles de Movimiento Ciudadano han buscado colocar el acceso al agua como derecho ciudadano y como síntoma del desgaste de “los mismos de siempre”.

Porque en campaña hay candidatos que prometen abrir oportunidades y otros que descubrieron que una llave vacía también puede abrir discursos.

Y ahí la política se vuelve extraña.

Porque todos parecen buscar al responsable de la llave… pero pocos preguntan quién diseñó la tubería completa.

Mientras tanto, el gerente de SIMAS, Roberto Escalante, parece haber recibido una tarea parecida a intentar reparar un avión mientras sigue volando.

Y ahí aparece el humor negro involuntario de Torreón: en campaña todos prometen llevar agua a las colonias.

Pero primero tendrán que descubrir quién se la llevó. Porque una bomba sí explotó.

Y no dejó humo. Dejó sed.

PREGUNTAS OFICIOSAS

¿La santa trinidad del priismo nacional viene a ayudar… o a espantar votos?

Hay visitas políticas que llegan con aplausos, otras con estructura y algunas con la extraña habilidad de provocar más preguntas que entusiasmo. Este fin de semana aterrizarían en Saltillo el exgobernador Rubén Moreira Valdez, Alejandro Moreno Cárdenas y Carolina Viggiano para reforzar la campaña de candidatos del PRI rumbo a la elección local del 7 de junio. En política existe una vieja duda que siempre aparece cuando llegan las figuras nacionales: ¿vienen a sumar votos, a ordenar estructuras… o a recordar capítulos que algunos preferían dejar archivados?

Porque las campañas tienen algo parecido a las reuniones familiares: hay invitados cuya presencia alegra la mesa y otros cuya llegada provoca que algunos comiencen a revisar discretamente la salida de emergencia. En el caso de Alejandro Moreno, sus críticos sostienen que carga un desgaste político que lo vuelve una figura polarizante y con baja conexión ciudadana fuera de la estructura partidista. El problema para cualquier campaña no es solo llenar eventos; es evitar que los reflectores se conviertan en distractores. Porque a veces el respaldo político pesa… y otras veces parece venir con intereses incluidos.


¿Abrazos electorales… o abrazos de Acatempan con fecha de caducidad?

Seguimos en temporada de abrazos electorales, esos que sirven para regalar fotografías, repartir sonrisas o quitar máscaras. Ahora apareció la diputada federal Cintia Cuevas en territorio de Morena frente a las cámaras y lo hizo en el Distrito 09 de Antonio Attolini. Aunque públicamente se hablan como camaradas, entre operadores se comenta desde hace tiempo que la confianza no precisamente fluye como agua en temporada de campaña. Las imágenes dicen mucho y la política tiene una especialidad: sonreír para la foto mientras las miradas andan estacionadas en otra cuadra, como un shot de Iturbide.

Y la escena no parece exclusiva de Morena. En el PRI también circulan comentarios sobre el aparente distanciamiento entre Verónica Martínez y Felipe González. Las fotografías recientes ya no muestran aquellas clásicas manos entrelazadas levantadas al aire como señal de unidad absoluta. Porque en campañas existe una ley silenciosa: algunos abrazos nacen del afecto, otros nacen de la estrategia… y algunos parecen hechos con el corazón de tripas.

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