José Elías “Pepe” Ganem Guerrero y Martha Esther Rodríguez Romero ya no están en Torreón. Este 15 de septiembre, reportaron que Ganem y Farid Alí “N” fueron trasladados a un penal federal en Oaxaca, mientras Martha fue enviada al Cefereso 16 de Morelos; las audiencias relacionadas con su situación jurídica continuaban en esas sedes. Pero mientras los detenidos salieron de Coahuila, algo posiblemente más incómodo se quedó hablando sin abrir la boca: nueve teléfonos celulares, además de computadoras, tabletas, documentos, dinero, joyería y una caja fuerte asegurados por autoridades federales. Nueve celulares. En una familia esos teléfonosalcanzan para fotografías, grupos escolares y siete años de “bendecido martes”. En la política lagunera pueden contener funcionarios, exfuncionarios, proveedores, empresarios, periodistas, operadores y políticos que esta semana quizá estén descubriendo que la memoria selectiva todavía no viene incluida en la actualización de WhatsApp.

Eso no significa que aparecer en un contacto, una fotografía o una conversación convierta a nadie en investigado. Ganem fue secretario del Ayuntamiento, empresario y operador político; tenía relaciones de naturaleza pública, privada y partidista. Una agenda demuestra contacto, no delito. La pregunta es otra: qué comunicaciones pueden relacionarse, mediante otras pruebas, con contratos, dinero, empresas, decisiones administrativas o movimientos bajo investigación. Y ahí la historia adquiere dimensión política porque Ganem no observaba al cepedismo desde la banqueta. En la elección municipal de 2024 apareció registrado dentro de la planilla de Román Alberto Cepeda por la coalición PRI-PRD-UDC, como candidato suplente a la primer regiduría. Su cercanía con el proyecto de reelección, por tanto, no es una teoría del café: formó parte formalmente de aquella estructura electoral.

Lo demás entra en un terreno que requiere bisturí. Durante aquella campaña circularon versiones de que Ganem tenía interlocución con actores de varios partidos y capacidad para mover piezas más allá del PRI. La conversación conocida por esta columna vuelve precisamente sobre esa idea: sus interlocutores hablan de relaciones con personajes del PAN, Morena, PT y Partido Verde, además del propio grupo priista que gobernaba Torreón. Eso no demuestra acuerdos ilícitos ni permite asegurar que Ganem “controlara” candidatos de otros partidos. Sí dibuja la percepción que existía entre operadores: que sus relaciones políticas no terminaban donde comenzaba otro logotipo. En La Laguna la disciplina partidista suele ser de acero, salvo cuando aparece una elección; entonces a veces resulta más flexible que una tortilla recién salida del comal.

La misma conversación pone nombres sobre la mesa. Menciona alos candidstos del PAN y por el Partido Verde a la alcaldía de Torreón en 2024; también con el verde de Cuco Sandoval se operó para el proceso local de 2026. Los interlocutores hablan de supuestos contactos, convenios, operaciones electorales y entendimientos cruzados. Sus nombres están en una conversación política, no en una imputación federal conocida.

Y entonces aparece Yohan Uribe Jiménez. Su posterior llegada a Comunicación Social no surgió por generación espontánea. Según versiones recogidas previamente por este medio, su cercanía con Ganem venía desde la reelección de Román Cepeda en 2024, cuando Uribe habría presumido participación en la llamada “guerra sucia”, con manejo de información, seguimiento político y operaciones que se realizaban más entre sombras que frente a los reflectores. Fuentes incluso señalan que ambos coincidieron en operativos políticos. Son testimonios periodísticos, no hechos acreditados por una autoridad. Después llegaron los cargos: Ganem a la Secretaría del Ayuntamiento y Uribe a Comunicación Social. La relación dejó entonces de pertenecer sólo al terreno electoral y pasó a la estructura formal del gobierno. Hasta ahora tampoco existe información oficial de la FGR que ubique a Uribe como imputado en la causa.

Algo semejante ocurre con Roberto “Bobe” Escalante, exgerente de SIMAS, cuyo nombre circula porque el organismo ya estaba bajo cuestionamientos financieros y denuncias antes de estas detenciones. Que sea mencionado no prueba participación en la causa. Pero aquí aparece una lección que varios exfuncionarios suelen aprender cuando ya entregaron las llaves de la oficina: salir de la nómina no borra firmas, contratos ni decisiones anteriores. Y nunca haber cobrado del Municipio tampoco vuelve invisible a un proveedor, empresario, operador o intermediario si eventualmente aparece relacionado con hechos concretos.

Ése es el verdadero problema de los nueve teléfonos: no cuántos nombres tengan guardados, sino qué relaciones puedan demostrar. Seguramente aparecerán políticos de PRI, PAN, Morena, PT, Verde y otros partidos; periodistas, empresarios, familiares, proveedores y adversarios. La mayoría de esos contactos puede no tener ninguna relevancia penal. Pero si alguna conversación coincide con dinero, contratos o instrucciones investigadas, entonces deja de ser simplemente “tener el número de Pepe”. Y hay un detalle que inquieta: algunos de esos teléfonos siguen mostrando actividad; si usted manda un mensaje, pueden aparecer las dos palomas azules. Eso acredita que el mensaje fue leído, no quién lo leyó ni que exista una intervención oficial.

La memoria política ya comenzó su tradicional temporada de milagros: “yo casi no lo trataba”, “sólo coincidíamos”, “era institucional”, “ni sé por qué tenía mi número”. Los teléfonos son menos diplomáticos. Guardan fechas. Los documentos tienen firmas. Las cuentas tienen movimientos. Y los metadatos todavía no han aprendido a cambiarse de partido. Ahora, más de uno quizá esté descubriendo que borrar una conversación no necesariamente borra su existencia en otros dispositivos, respaldos o registros.

Por eso preguntar quién será el siguiente detenido sería convertir una investigación federal en quiniela de cantina. La pregunta seria es otra: qué podrán probar las autoridades con lo que aseguraron.

Ganem está en Oaxaca. Martha, en Morelos. y no vacaciones.

Pero varios en Torreón quizá ya no están preguntando dónde está Pepé

Están tratando de recordar qué le escribieron a Pepe.

Porque nueve celulares no son nueve culpables. Pero tampoco son nueve pisapapeles.

PREGUNTA OFICIOSA

¿“Quién sigue” es el nuevo Grito de Dolores en Torreón?

Este martes 15 de septiembre Torreón tuvo un Grito de Dolores adelantado. No fue por la Independencia ni exactamente por los 119 años de la ciudad. El grito que flotaba en el Centro de Convenciones era más lagunero, más político y bastante menos solemne: ¿quién sigue? A las diez comenzó la Quinta Sesión Solemne de Cabildo, encabezada por el alcalde Miguel Ángel Riquelme Solís para entregar las Preseas a la Ciudadanía Distinguida 2026. Todo muy institucional, hasta que uno empezaba a mirar las sillas, porque en política las ausencias también se sientan.

Dos personajes, sin estar ahí, parecían ocupar media sala: José Elías “Pepe” Ganem Guerrero y Martha Rodríguez Romero. La situación jurídica deberá resolverse ante los tribunales y prevalece la presunción de inocencia. Pero afuera del expediente comenzó otra película: saludos, ausencias y fotografías adquirieron lectura política. Hace meses salir juntos presumía cercanía; después del operativo federal más de uno parece haber descubierto una nueva regla del álbum político: “ya no conviene foto”.

Hasta la distribución de lugares dio material para el café. Unos funcionarios quedaron cerca del frente, otros arriba y algunos prácticamente junto a la puerta de salida. Cuando alguien preguntó cuál había sido el criterio, surgió una explicación imposible de encontrar en protocolo alguno: “depende del código postal”. Tercera fila para unos, gayola para otros. Entre los asistentes apareció Ramón Chuffani, todavía acomodándose la corbata. ¿Llegó tarde o llegó nervioso? Sólo Chuffani lo sabe; el resto lo puso la malicia del respetable. Con el ambiente actual, hasta un nudo mal hecho puede terminar convertido en editorial.

También estaban Ariel Martínez Mendoza y Angelina García Ruenes, una postal perfecta del reacomodo municipal. Ariel encabezó la Jefatura de Gabinete que el nuevo gobierno decidió desaparecer y Angelina quedó al frente de la Secretaría Técnica que vino a sustituirla. Cargos que se extinguen, estructuras que nacen y funcionarios buscando dónde acomodarse mientras todavía se mueven los muebles. Incluso han circulado versionesde que Ariel llegó con sy propia silla, esa que ni quiere soltsr desde hace 2 mese. Por ahí apareció también Elba de Alba, casi especie en peligro de extinción de aquella vieja órbita de la Jefatura de Gabinete.

Las ausencias también alimentaron comentarios. Entre quienes recorrían la ceremonia se hizo notar que no estaba Selina Bremer de Cepeda ni se veía a integrantes de la familia del fallecido alcalde Román Alberto Cepeda González. No existen elementos públicos para relacionar esa ausencia con las detenciones federales, pero políticamente el silencio terminó pesando más que varios discursos.

Y apareció entonces el verdadero Grito de Dolores lagunero: “yo casi no lo trataba”, “esa área no dependía de mí”, “yo llegué después”. Falta que alguno diga que conocía a Ganem porque una vez coincidieron en el elevador. El radio pasillo hizo horas extra: que si “ya están fritos”, que si todavía podía existir algún arreglo, que si alguien dejó correr el operativo o que si detrás viene una lista. Hasta hoy son versiones. Lo comprobable es la actuación de autoridades federales; no existe información pública suficiente para afirmar que el Gobierno de Coahuila ordenó esas detenciones ni que los funcionarios presentes estén vinculados al expediente.

A diferencia de aquellas tradicionales fotografías del recuerdo donde cabía medio gabinete, esta vez la postal institucional salió bastante más reducida. Tal vez muchos vuelvan a aparecer este 16 de septiembre en el desfile… o tal vez algunos descubran, de pronto, que el bajo perfil también combina con traje oscuro. En el humor negro de pasillo hasta circuló la broma de que la FGR podía llegar en una redada estilo ICE: unos saludando a la bandera y otros buscando discretamente por dónde queda la salida de emergencia.

Así llegó Torreón a sus 119 años: unos contando preseas, otros contando ausencias y más de uno repasando fotografías viejas para calcular cuántas convendría desarchivar… o desaparecer del Facebook. Porque cuando el poder sonríe, todos quieren salir en la foto; cuando aparece un expediente, hasta el fotógrafo estorba.

Y entre aplausos, corbatas mal acomodadas, sillas vacías y funcionarios practicando el arte ancestral de no conocer a nadie, una pregunta siguió recorriendo el Centro de Convenciones con más fuerza que cualquier campanazo patrio:

¿Quién sigue… y quién ya está buscando abogado?

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