Víctor Navarro: la estela con olor a pintura Pixel

El Municipio de Torreón parece haber encontrado la fórmula mágica para reciclar funcionarios cuestionados: los lavas con pintura Pixel, los barnizas con presupuesto público y los colocas en otro escritorio.

Uno de esos experimentos de laboratorio político responde al nombre de Víctor Manuel Navarro Arratia, personaje de larga data en los pasillos del poder lagunero. Herencia directa del Grupo Torreón, Navarro fue funcionario del INFONAVIT en la región y, con el aval de Miguel Riquelme como alcalde, saltó al SIMAS como consejero. Pero su verdadera obra maestra comenzó con Román Alberto Cepeda, quien lo rescató del archivo muerto para entregarle también el pincel del presupuesto.

Desde la Dirección de Servicios Administrativos, Navarro dejó un inconfundible aroma a solvente y sospecha. Prometía gestionar apoyos desde el gobierno priista de la gomezpalatina Leticia Herrera para páginas de “noticias digitales” o medios improvisados en Facebook, creados —según fuentes— para golpear a sus compañeros y hasta al propio alcalde. Para ello, habría contado con la colaboración de Natalia Fernández, entonces secretaria del Ayuntamiento, y el apoyo entusiasta de #LadyFayuca. Al final, como suele ocurrir en Torreón, los aliados se quedaron sin tiempo… y sin resultado.

Versiones internas apuntan que Navarro también mantenía en nómina a una mujer que laboraba en el Gobierno del Estado, a cambio de información proveniente de Saltillo durante las gestiones de Riquelme y Manolo Jiménez.

Su equipo era , estratégico: Luis Alberto Quezada Ibarra en adquisiciones; Gerardo Varela en licitaciones; y Gabriel de Jesús González en contratos. Juntos, habrían tejido una red de comisiones y favoritismos que incomodó a varios. Fue entonces cuando el hoy director de Comunicación Social, Yohan Uribe, al enterarse de esos manejos, intentó imponer a sus propios proveedores. La jugada encendió los ánimos y derivó en un despido masivo de diecisiete empleados de las áreas de contratos, adquisiciones y licitaciones —muchos con más de veinte años de servicio—, por órdenes directas de la Tesorería.

A Navarro también se le acusó de mantener en nómina a una secretaria sindicalizada con salario inflado en 230%, lo que provocó un nuevo pleito con el entonces tesorero Óscar Luján, quien terminó retirándole a la empleada. Otra brocha menos en su cuadro administrativo.

Luján creyó ciegamente todo lo dicho por Uribe. Ante la negativa del grupo de Navarro de abrir paso a nuevos proveedores, el tesorero cobró venganza, sin importarle el caos interno ni el impacto en la administración. Las licitaciones quedaron en el limbo, los proveedores siguieron esperando sus pagos y las promesas de “pronto pago” se deslavaron con la primera lluvia.

Las tensiones escalaron hasta el punto de un enfrentamiento verbal entre Navarro y Uribe en la propia Presidencia. El episodio fue consignado en esta misma columna el 24 de marzo de 2025, bajo el título “De brochazos y traiciones”.


Pese a los escándalos y enfrentamientos, Navarro fue premiado con un nuevo cargo: en 2025 se fue de “tapabaches” como titular del Sistema Integral de Mantenimiento Vial (SIMV). Este nombramiento se dio porque Román Cepeda planeaba enviarlo al SIMAS, pero una semana antes Óscar Luján le entregó un informe detallado sobre sus anomalías.
Resultado: cambio de destino. Del agua… al chapopote.

El verdadero negocio de Navarro no estaba en las nóminas, sino en los muros del gasto público, donde pocos colores brillan tanto como Pinturas Pixel S.A. de C.V.
Según registros municipales, Pixel fue favorecida con contratos por más de 71 millones de pesos en apenas tres años.

“Cuando la brocha se llena de poder, el lienzo termina manchado de impunidad.”

La factura número 1590, con folio fiscal 200807471084564, emitida el 13 de julio de 2025, detalla un pago de $14,929,200.00 por “pintura e impermeabilizantes para programas de mantenimiento urbano”.
El dinero salió ese mismo día de la Tesorería Municipal, mediante transferencia SPEI Banorte 14700251257, respaldada por el recibo oficial 31781, ambos con sello de “Operado”.


Demasiada precisión para ser coincidencia: tres documentos distintos, pero pintados con la misma brocha.

Durante el trienio 2022–2024, uno de los grandes negocios para el Municipio de Torreón fue la compra de pintura.
Todos los huevos en la misma cubeta: Pinturas Pixel S.A. de C.V., quien facturó en ese lapso 71.6 millones de pesos al Ayuntamiento de La Perla de La Laguna.
El Gobierno Municipal, sin embargo, reportó públicamente sólo 34.9 millones en adquisiciones por ese concepto.
El resto —36.7 millones de pesos— es un enigma.
O dicho de otro modo: las cubetas sirvieron de coartada para el desvío.

Creada el 9 de septiembre de 2020 en Torreón, aunque con domicilio legal en Gómez Palacio, la razón social beneficiada tiene por dueños a Jorge Gerardo Chibli Garza, Miguel Ángel Quiroz Barragán y Julio Alberto Martínez Ríos.
Pixel fue inscrita en el padrón municipal el 18 de julio de 2022, durante la primera administración de Román Cepeda, y —curiosamente— 15 días después ya tenía su primer contrato millonario: el expediente LPN/DSA/027/2022.
Antes del fallo amplió su capital social; antes del depósito, ya tenía factura.

Mientras una cubeta de pintura promedio cuesta entre $800 y $1,200 pesos, las adquiridas por el municipio se facturaron a más de $12,000 cada una.

Y cuando las brigadas municipales salieron a trabajar, no usaban Pixel. Usaban Sayer. Color oficial: simulación institucional.


Según su propia descripción en pixelpinturas.com, Pinturas Pixel S.A. de C.V. se presenta como una empresa “100% mexicana, comprometida con la innovación y la sostenibilidad”.
Sin embargo, su página de Facebook muestra actividad mínima y ningún registro público de obras municipales.

El registro oficial en el SIPPC de la Secretaría de Economía de Coahuila confirma su giro en la “fabricación, venta y distribución de pinturas e impermeabilizantes”, pero sin antecedentes de contratos públicos relevantes previos a 2022.


El comensal del presupuesto
En 2024, tras el tercer informe del alcalde, Navarro «organizó» una comilona en un restaurante de cortes finos para celebrar “el éxito del evento”.
Primero pidió cooperación a los invitados… y luego mandó la cuenta al Municipio.
Factura pagada. Estómagos contentos. Tesorería indigesta.

Quienes lo conocen lo describen como un “operador eficaz”: eficaz para moverse entre proveedores, comisiones y presupuestos.


Entre facturas, transferencias y pleitos internos, lo cierto es que Pixel dejó su huella: no en los muros de la ciudad, sino en los expedientes de los auditores.
Las pruebas —factura 1590, recibo 31781 y transferencia Banorte— ya fueron remitidas a la Fiscalía Anticorrupción del Estado.

Mientras tanto, las calles siguen esperando mantenimiento… y los ciudadanos, transparencia.

En Torreón, cuando alguien pinta de más, no se le sanciona: se le da otro bote.
Porque aquí, la única pintura indeleble es la del presupuesto municipal.




Y hablando de dramas, corren rumores en el primer piso: se preparan “enroques” para enero, movimientos que prometen más ruido político que resultados reales.

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