¿La Laguna es segura? Ciudadanos exhiben la otra realidad

¿Meter las manos al fuego… o apagar el incendio?

“¿Metes las manos al fuego por la policía? —Sí, claro.”

La respuesta de la alcaldesa de Gómez Palacio, Betzabé Martínez Arango, la semana pasada en Telediario Laguna, fue contundente. Políticamente correcta. Institucional. De esas frases que buscan mandar calma hacia adentro de la corporación y firmeza hacia afuera. El problema es que, en seguridad pública, meter las manos al fuego no solo significa respaldar a la policía: significa asumir también el costo de sus omisiones, sus tiempos de reacción y sus zonas ciegas. Porque una cosa es la percepción y otra muy distinta es la libreta ciudadana donde se anotan los robos, los folios, las llamadas sin respuesta, las amenazas, las invasiones de vivienda y esa sensación amarga de que, cuando el ciudadano necesita al Estado, el Estado anda “en otra vuelta”.

LA ENCUESTA… Y LA CALLE

En Torreón, la narrativa oficial presume números favorables. La ENSU del INEGI, con corte a marzo de 2026, ubicó a Torreón con una reducción en la percepción de inseguridad de 29.5 a 20.3 por ciento entre diciembre de 2025 y marzo de 2026; en La Laguna, el indicador pasó de 36.9 a 29.6. Además, el alcalde Román Cepeda sostuvo que Torreón continúa como una de las ciudades mejor evaluadas del país en materia de seguridad entre municipios mayores de 500 mil habitantes. El dato existe. Nadie serio debería negarlo. Pero tampoco debe usarse como cobija para tapar los pies fríos de la realidad.

EL ROBO EN PLENO DÍA DE LAS MADRES

A una semana de las declaraciones de la alcaldesa, en Gómez Palacio, Cristina relata el robo ocurrido durante una carrera dominical en pleno Día de las Madres. “Se llevaron las bolsas… mis lentes, la cartera, la credencial, la licencia”, cuenta. Lo más fuerte no es solo lo material, sino el contexto: había un evento familiar, había avisos constantes sobre “amantes de lo ajeno” y, según testimonios, más de diez personas habrían resultado afectadas. “Se siente feo, se siente culero”, dice. Ahí se cae cualquier discurso oficial.

Cristina incluso describe la impotencia de comenzar el día celebrando y terminar cancelando tarjetas y recuperando documentos: “Imagínate… uno ya está diciendo ‘gracias a Dios no pasó algo peor’, cuando en realidad ya te robaron. Ya estás viendo qué te quitaron, qué tienes que volver a tramitar y qué perdiste”. También recuerda cómo durante la carrera comenzaron los anuncios preventivos: “Estuvieron diciendo ahí mismo que había amantes de lo ajeno, que revisaran los carros. Lo anunciaron varias veces”. Pero, aun así, los robos ocurrieron.

También en Gómez Palacio, Irma resumió el caos con una frase que terminó retratando mejor que cualquier comunicado lo ocurrido aquella mañana: “Nos robaron a varios, abrieron los carros. Ya están las patrullas aquí”. Después acudieron a la Vicefiscalía para denunciar, pero el procedimiento se extendió durante horas y les indicaron que debían regresar hasta el martes para ratificar. La frase parece pequeña… hasta que uno entiende el fondo: las patrullas llegaron cuando el ciudadano ya estaba cancelando tarjetas, buscando credenciales perdidas y tratando de recuperar algo más difícil que una cartera: la tranquilidad.

Hace apenas quince días, Irma también vivió otra situación de inseguridad cuando circulaba por calles de la colonia El Consuelo. Según su relato, al pasar sobre unos bordos colocados por personas del sector, un joven motociclista intentó impactarlos y después huyó del lugar.

LOS FOLIOS DEL HARTAZGO

En Torreón, el caso de “Enrique” —nombre modificado para evitar posibles represalias directas contra su persona— revela otro nivel del problema: el desgaste ciudadano provocado por reportes acumulados y llamados de auxilio que, según denuncia, jamás tuvieron seguimiento efectivo. Los folios existen. Ahí están: 24177909, 24192728, 25077279, 25192413, 26037907, 26038667, 26039405 y 26062190, además de un reporte canalizado sin folio.

Según Enrique, la mayoría de esos reportes tenían relación con motociclistas, escándalos nocturnos, exceso de velocidad y molestias constantes en la madrugada. “Siempre son los mismos”, afirma. Y luego llega la frase más dura: “Jamás vi ninguna unidad venir”. Porque el verdadero problema no es únicamente el delito consumado. El verdadero problema es cuando el ciudadano empieza a sentir que reportar ya no sirve.

LA CASA INVADIDA

A esto se suma el caso reportado por Andrés el pasado 8 de mayo en el Fraccionamiento Horizonte, en Torreón, quien denunció que alrededor de las 3:00 de la mañana un hombre intentó forzar la entrada de una vivienda ubicada en Avenida Torre Latino #5776, rompiendo incluso el mosquitero de la puerta principal.

Horas después, según el propio testimonio, la vivienda habría terminado ocupada ilegalmente por una familia. El reporte incluye fotografías de daños, cristales quebrados y recibos donde presuntamente la propiedad aún aparece a nombre de otro propietario.

Otra vez: el miedo no aparece en la encuesta. Aparece en la puerta rota.

EL INCENDIO REAL: COORDINACIÓN… O PRETEXTO

Aquí está el punto político: la percepción puede mejorar en los indicadores, pero la experiencia ciudadana puede deteriorarse en la calle. Y cuando eso pasa, el gobierno gana en estadística… pero pierde en conversación pública.

Gómez Palacio y Torreón comparten una verdad incómoda: la seguridad ya no puede venderse solamente como coordinación regional. Porque cuando hay buenos números, todos se toman la foto. Cuando hay víctimas, cada municipio acomoda el discurso como puede.

La frase “lo que no ocurre en Gómez, ocurre en Torreón” revela más de lo que parece. La Laguna funciona como una sola zona de movilidad, riesgo y oportunidad criminal. El delincuente no se detiene en el límite municipal para preguntar si ya cambió de jurisdicción. La gente tampoco siente miedo por código postal.

Por eso, defender a la policía “a ciegas” puede servir para cerrar filas políticamente… pero puede resultar peligroso para gobernar. La ciudadanía no exige perfección. Exige respuesta. No pide discursos heroicos. Pide patrullas que lleguen. No quiere rankings mientras cancela tarjetas, repone identificaciones o duerme con miedo a que alguien vuelva a tocar la puerta.

La seguridad real no se mide únicamente por cuántas personas dicen sentirse seguras. También se mide por cuántas dejaron de reportar porque ya no creen que sirva de algo.

Ahí está el incendio verdadero.
Porque en política, meter las manos al fuego por la policía puede sonar valiente. Pero si la ciudadanía sigue mostrando quemaduras, alguien tendrá que explicar quién apagó la patrulla, quién archivó el folio y quién confundió percepción con realidad.

Al final, la pregunta no es si Torreón o Gómez Palacio son más seguros en la encuesta. La pregunta es otra: ¿se siente protegido el ciudadano cuando más necesita ayuda?

Y mientras Cristina, Irma, Enríque, Andrés v y otros vecinos respondan desde el miedo, la frustración o la puerta rota, la narrativa oficial tendrá un problema que no se arregla con boletín. Se arregla con presencia, seguimiento y resultados.

Porque la seguridad no se presume: se demuestra.

Preguntas Oficiosas

¿Campaña electoral… o concurso de quién se borda más grande el nombre ¿Se acuerdan del famoso chaleco verde de la inmunidad política en Coahuila? Ese que durante años terminó convirtiéndose más en símbolo de cercanía con el poder que en simple prenda de campaña. Pues en esta temporada electoral reapareció discretamente en Torreón. Y curiosamente, el único candidato priista en toda la entidad que trae una versión “modo campaña” es Hugo Dávila. Sin logos de gobierno. Sin emblemas institucionales. Solo el de su campaña. Porque dentro del priismo local todos saben algo: al gobernador Manolo Jiménez le gustan más los chalecos que los jerseys deportivos. Y dicen que varios de esos modelos salieron de una imprenta regia con enlaces bastante conocidos en La Laguna. En política nada es casualidad: hasta la tela manda señales.

Pero donde la competencia ya parece desfile de vanidades es en el Distrito 09. Ahí la pelea no solo es electoral… también textil. Cuentan que Lorena Safa ya trae su propia camisa con su nombre, aunque sea suplente. Y eso dentro del PRI lagunero no pasó desapercibido. Porque si algo sobra en campaña son egos bordados en serigrafía. Claro, todavía le gana en volumen la maquinaria de playeras con el nombre de Verónica Martínez , pero en el chisme político ya circula la frase venenosa: “ella no se podía quedar atrás”. Dicen incluso que es la única suplente que quiere lucirse como candidata titular. Y así, mientras unos pelean votos, otros parecen competir por quién sale más estampado en la próxima tanda de algodón electoral. Porque en Coahuila la política ya no solo se opera… también se modela.

¿Gobernar… o generar contenido?

¿En qué se parecen el fiscal de Coahuila, Federico Fernández Montañez, el director de Seguridad Pública de Torreón, Alfredo Flores, y la alcaldesa de Gómez Palacio, Betzabé Martínez Arango? En que los tres entendieron algo muy moderno: hoy la política también se juega en redes sociales. Y no está mal. Mostrar el lado humano, la rutina diaria o intentar conectar con la ciudadanía ya forma parte del manual digital del poder. El problema aparece cuando el algoritmo comienza a chocar contra la realidad. Porque mientras unos ciudadanos denuncian robos, apagones, miedo o tardanza policiaca, las figuras públicas aparecen entre reels, tendencias, estampitas del Mundial Panini y videos del “lonche Payo”. Ahí el riesgo ya no es verse cercanos… sino verse desconectados. Y en política, la percepción termina siendo una bomba de tiempo con filtro de Instagram.

El caso más incómodo fue quizá el reel del famoso lonche Payo protagonizado por mandos de seguridad. Lo que buscaba cercanía terminó convertido en una mezcla extraña de halagos, albures y cuestionamientos sobre quién pagó la comida. Del otro lado, Betzabé Martínez se subió al tren digital mostrando su álbum Panini y terminó recibiendo ofertas para intercambiar estampas mientras en comentarios le recordaban la inseguridad y hasta cuestionaban si realmente vive en Gómez Palacio. “Ni pedo”, escribió alguien. Otro fue más duro: “Esta es la forma en que demuestra que le vale madre su cargo”. Así funcionan hoy las redes: el político sube contenido buscando empatía… y el ciudadano responde con factura emocional pendiente. Porque jugar a ser influencer puede dar likes, sí. El problema es cuando los comentarios empiezan a parecer auditorías públicas con emojis.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *