Torreón: cuando la historia no se repite… se recicla (1995–2026)

Hay historias que no se repiten… se reciclan. Y en Torreón, el pasado no pide permiso: regresa cuando encuentra condiciones.

En 1995, el movimiento Mujeres por Torreón, encabezado por María del Carmen “Carmiña” Fernández Ugarte, irrumpió en la escena pública con una exigencia que hoy suena básica, pero en su momento fue casi un acto de rebeldía: transparencia, cuentas claras y juntas de transición. El destinatario fue el entonces alcalde priista Mariano López Mercado. La respuesta no fue apertura… fue descalificación. Y el desenlace marcó un punto de quiebre: por primera vez, el PRI dejó de gobernar Torreón y dio paso al PAN con Jorge Zermeño en 1996. Nada nuevo bajo el sol lagunero.

El desgaste que ya no se oculta

Tres décadas después, el eco vuelve. Cambian los nombres, no las tensiones. El actual alcalde, también priista, Román Alberto Cepeda, enfrenta un desgaste que ya no puede explicarse solo como “golpeteo político”. Hay un factor más incómodo: la percepción ciudadana. Y esa no se opera… se padece.

En los noventa, el reclamo giraba en torno a la deuda municipal y la opacidad. Hoy, el debate se centra en cifras más sofisticadas… y más pesadas. Ahí está la concesión del servicio de recolección de basura: un contrato proyectado hasta por 25 años, con estimaciones públicas que rondan los 12 mil millones de pesos, comprometiendo recursos de al menos ocho administraciones municipales futuras. A eso se suman señalamientos sobre el SIMAS Torreón, donde se ha hablado de presuntas irregularidades por alrededor de 66 millones de pesos, según denuncias públicas presentadas ante instancias federales como la FGR y la UIF. Si la denuncia prospera, el escenario deja de ser político y entra de lleno al terreno judicial: órdenes de aprehensión, auditorías profundas y congelamiento de cuentas marcarían un punto de quiebre, con impacto directo en figuras del poder municipal. El efecto no sería solo legal, sino también político y operativo: presión, reacomodos internos y un sistema de agua bajo tensión. En pocas palabras, ya no sería desgaste… sería crisis con expediente.

El problema no es solo el monto. Mientras se habla de inversión, la calle cuenta otra historia. Porque cuando el ciudadano esquiva baches, espera el agua o acumula basura, los millones dejan de impresionar y empiezan a indignar.

El movimiento de 1995 no cayó por sí solo. Creció porque conectó con un malestar real. Diez meses después, López Mercado dejó el cargo, oficialmente por “razones personales” y tras un fuerte enfrentamiento político con el entonces gobernador de Coahuila, Rogelio Montemayor Seguy. ¿Le suena familiar en este 2026? En política, esa frase suele significar todo… menos eso. El error entonces fue subestimar la inconformidad. El error hoy parece el mismo: reducir la crítica a bots, adversarios o “mano negra”.

La política puede sobrevivir a declaraciones, incluso a ocurrencias. Pero no a la vida diaria. El municipio ha anunciado inversiones superiores a los 550 millones de pesos en equipamiento y servicios bajo esquemas como “Hoy Toca”, y presume a su “ola naranja”. Sin embargo, la percepción en colonias sigue marcada por rezagos, intermitencias y contrastes. Y en política, la percepción no es un accesorio… es el termómetro.

En este escenario aparece un actor que entiende bien los tiempos: el senador Luis Fernando Salazar, hijo de Carmiña Fernández. Hoy, desde Morena y con aspiraciones hacia la alcaldía de Torreón, ha capitalizado la crisis hídrica llevando pipas a colonias y presentando denuncias por presuntos actos de corrupción en SIMAS. En sus señalamientos aparecen nombres como el del propio Román Cepeda, el exsecretario del Ayuntamiento José Elías Ganem y otros perfiles. ¿Acción social… o posicionamiento político? La línea es delgada… y rentable.

Si en 1995 la presión venía de la plaza pública —como ocurrió en 2013 con Participación Ciudadana 29 (PC29)—, hoy también nace en redes sociales. Perfiles como Denys All han visibilizado fallas en servicios públicos mediante contenido viral: basura, deficiencias operativas y rezagos. En paralelo, el municipio comunica avances. Resultado: dos narrativas, una ciudad.

Nuevo Mileras, Seguridad: el punto de quiebre

La seguridad dejó de ser discurso y se convirtió en termómetro político para la administración de Román Alberto Cepeda. El asesinato de Rolando Medina, joven de Nuevo Mieleras, marcó un punto de inflexión. A un año, el caso sigue sin resolución, con audiencias diferidas y una familia que exige justicia. El desgaste se profundizó con la destitución del comisario César Antonio Perales Esparza tras un paro policial por presuntos abusos, evidenciando un reacomodo en seguridad. En política local, la seguridad no se mide en operativos… se mide en justicia.

¿Está el gobierno de Román Cepeda leyendo el momento… o repitiendo el guion de López Mercado? Porque en política, el problema no es que aparezcan fantasmas, sino no reconocer cuándo ya están tocando la puerta. La historia no condena, pero sí advierte. Ignorar ese antecedente no es estrategia: es soberbia con fecha de caducidad. Aquí el desgaste no llega de golpe; llega como la humedad: silencioso, constante… y cuando se nota, ya está en los cimientos.

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