Ya no solo Saltillo: Gómez Palacio también manda en Torreón desde SIMAS

En el Ayuntamiento de Torreón ya nadie puede fingir sorpresa: cuando el agua se enturbia, el poder empieza a mover válvulas. La intervención en SIMAS dejó de ser rumor para convertirse en un movimiento político visible, pero el verdadero dato no está solo en Torreón. El tablero se amplió. Ya no es únicamente Saltillo el que proyecta vínculos y control; ahora Gómez Palacio entra de lleno e como invitado que no pidió pase… pero ya está sentado a la mesa.

La reconfiguración ocurre en el corazón de la administración municipal, en esa vicealcaldía hidráulica que es SIMAS: paramunicipal sensible por el volumen de recursos, contratos y decisiones técnicas, donde el agua corre todos los días y el poder también.

El alcalde Román Alberto Cepeda mantiene como gerente general de SIMAS a su hombre de confianza, Roberto Escalante, “Bobe”. Sin embargo, los ajustes recientes no apuntan a fortalecer su margen de maniobra. Todo indica lo contrario: acotarlo, no empoderarlo. Dejarlo con la llave del sistema, pero sin el manual completo. En política hidráulica, eso también es control… y, a veces, advertencia.

Dos nombramientos explican el giro. Ana Lucía Ramírez Cuesta asume la Contraloría de SIMAS en relevo de Julián Ceniceros Rodríguez, mientras Axel Hernández llega como gerente administrativo, desplazando a Manuel Calderón Cortés. Cambios hay muchos en cualquier administración, pero estos no son de rutina. Son reactivos, no preventivos, y cuando se reacciona es porque algo ya empezó a crujir, aunque oficialmente nadie oiga el goteo.

Los movimientos llegan en medio de una investigación por un presunto desvío superior a 60 millones de pesos, cuyo origen se ubica en la primera administración de Cepeda, cuando Eduardo Terrazas encabezaba la paramunicipal. Hoy, Terrazas despacha «escondido» desde el IMPLAN. El contexto no es accesorio: es el telón de fondo que explica la prisa.

Aquí aparece el dato que incomoda a más de uno: Ana Lucía Ramírez fue contralora del gobierno de Gómez Palacio hasta septiembre, bajo la administración de Leticia Herrera.. Durante su gestión hubo señalamientos recurrentes por observaciones no solventadas, procesos de fiscalización selectiva y una contraloría más reactiva que preventiva, críticas que circularon en medios locales y entre actores políticos, aunque sin consecuencias administrativas de fondo. Ese antecedente no es menor: define el tipo de control que ejerció y el tipo de control que ahora se espera.

Hoy, su nombre aparece con funciones de contraloría de facto dentro de SIMAS Torreón, justo en medio de una intervención cargada de sospechas, revisiones financieras pendientes y disputas políticas abiertas. Ahí está el punto y el más delicado—: ¿qué haría como contralora en SIMAS? Revisar contratos, auditorías internas, pagos, obras hidráulicas y flujos de recursos… pero también decidir qué se investiga, qué se congela y qué se deja correr. Con la injerencia de Gómez Palacio y la venia del grupo de Leticia Herrera, el mensaje es claro: no llega a romper inercias, llega a administrarlas. Los grupos no se rompen, se reacomodan, como tuberías viejas que solo cambian de tramo visible mientras el flujo sigue intacto. En política hidráulica, ya se sabe: el problema rara vez es la fuga… es quién maneja la válvula.

En La Laguna, el agua cruza municipios y las lealtades también. Por eso, en los cafés políticos se repite una lectura insistente: no son nombramientos aislados, es un equipo, con origen en Gómez Palacio, cuyos vínculos ya se reconocen incluso dentro del Ayuntamiento de Torreón. En ese contexto, Axel Hernández no llega como improvisado, sino como continuidad técnica, parte de un entramado administrativo que ha orbitado durante años alrededor del control y la validación financiera.

Hernández es identificado políticamente como amigo del tesorero Javier Lechuga y cercano al contador Vicente Mireles Sepúlveda, quien también fue contralor de Leticia Herrera, y con una trayectoria como auditor y asesor externo en municipios como Torreón y Parras. Su nombre figura en el Padrón de Proveedores del Ayuntamiento de Torreón desde al menos 2015, bajo el giro de servicios de contabilidad, auditoría y asesoría administrativa. No ejecuta obra pública, pero acompaña, revisa o valida procesos financieros, una posición estratégica en cualquier gobierno. No es acusación: es información documental.

Todo esto ocurre mientras avanza una denuncia presentada por el senador de Morena,Luis Fernando Salazar,ante la Fiscalía General de la República y la Unidad de Inteligencia Financiera, relacionada con una presunta malversación de 66 millones de pesos. En ese contexto ha aparecido en el debate público el nombre de José Elías Ganem Guerrero, exsecretario del Ayuntamiento, mencionado como parte del entorno político–administrativo señalado y con antecedentes de relación política con el grupo Herrera en distintos momentos. Conviene precisarlo con claridad: no existe resolución judicial, no hay expediente UIF público consultable, y cualquier señalamiento se mantiene en el terreno político y mediático. Presunción de inocencia siempre.

Aquí el factor que no puede ignorarse es Manolo Jiménez, gobernador de Coahuila. La pregunta ya no es solo municipal: ¿Manolo sabe exactamente de dónde viene este equipo que hoy opera en SIMAS Torreón? Si no lo sabe, el golpe será de agua helada cuando los efectos suban de nivel.

Porque cuando Gómez Palacio empieza a decidir en SIMAS Torreón, cuando nombres que vienen de otras administraciones se acomodan justo en áreas de control y cuando una denuncia federal marca el ritmo, el problema deja de ser local y se vuelve regional. Y en La Laguna, cuando el agua se mueve, nunca es solo por la presión: también es por lo que alguien intenta tapar, desviar… o simplemente dejar correr, mientras todos miran al otro lado.


Reacomodo… con fecha de caducidad

Y hablando de reacomodos, uno de los más discretos ocurre en el séptimo piso: a partir de este lunes regresa el jefe de Gabinete, Ariel Martínez, quien asumirá funciones de secretario, pero no estatal, sino en su formato original cimo asistente del alcalde.

Lo curioso es que en su jefatura hay tres directores en nómina, así que uno de ellos, la exregidora Elba de Alba, dejará de “sentar gente” en el informe para ocupar, al menos, un encargo de mayor nivel.

El movimiento tiene causa y calendario. Jorge Saucedo, el “vidente” su asistente del despacho, salió desde el sábado rumbo a Europa, luna de miel incluida, aprovechando vacaciones y empalmando diciembre. Para que el alcalde no se quede sin oído ni libreta, el jefe de Gabinete vuelve al rol de secretario particular: pluma en mano, apuntes finos y recados urgentes.

Nada extraordinario. Administración básica. Lo bueno es que el encargo dura hasta este viernes, justo cuando la burocracia se va de vacaciones y el silencio administrativo vuelve a mandar.

Reacomodos, sí. Pero con fecha de salida. En política, a veces el poder también es interino… y a lápiz.

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